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Un pueblo madrileño de 1300 habitantes es el único lugar de España especializado en cultivar una calabaza japonesa con forma de bombilla y sabor a castaña

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Titulcia, un pequeño municipio del sureste de la Comunidad de Madrid, alberga una huerta especializada en un cultivo poco frecuente en España. Este pueblo ronda los 1.300 habitantes, según City Population, y su particular huerta se ha hecho un hueco gracias a la calabaza potimarrón, una variedad de origen japonés con forma de bombilla y un sabor que recuerda a la castaña.

Esta hortaliza es mucho más pequeña que las calabazas que suelen encontrarse en los comercios y destaca por su piel fina y su color rojizo anaranjado. Su carne conserva un regusto dulce y suave que la ha convertido en una de las variedades más apreciadas por quienes la descubren.

¿Cómo es la calabaza potimarrón que se cultiva en Titulcia?

La calabaza potimarrón pertenece a la especie Cucurbita maxima y se conoce también como calabaza Hokkaido o Red Kuri. Su tamaño reducido y su forma abombada, parecida a la de una bombilla, la distinguen a simple vista de las calabazas anaranjadas más comunes.

El rasgo que más llama la atención es su sabor. La pulpa de esta calabaza tiene un regusto que recuerda al de la castaña, un matiz poco frecuente en este tipo de hortalizas. Ese punto dulce explica buena parte de su prestigio en la cocina y su presencia en recetas de otoño.

A diferencia de las grandes calabazas de temporada, el potimarrón presenta una piel fina, una cáscara delicada y un tallo tierno. Su tamaño contenido facilita el manejo de cada pieza en la cocina doméstica y explica en parte su buena acogida entre los aficionados a la huerta.

El origen japonés y el nombre francés del potimarrón

Aunque para los agricultores de España es una rareza, la calabaza potimarrón está muy arraigada en otras tradiciones culinarias. La variedad procede del Extremo Oriente y se vincula sobre todo a Japón, de donde toma el nombre alternativo de «calabaza Hokkaido», en referencia a la gran isla situada en el norte del país.

El término con el que se conoce en Europa procede del francés. Según Telemadrid, la palabra potimarrón nace de la unión de potiron (un tipo de calabaza) y marron (castaña), una fórmula que describe su exótico sabor. En Francia, esta variedad goza de una popularidad que en España todavía no ha alcanzado.

¿Cómo se cultiva el potimarrón en la huerta de Titulcia?

El potimarrón es una hortaliza de cultivo cuidadoso. Según el blog de horticultura El Huerto 2.0, su siembra se realiza en torno a junio y necesita un sustrato rico en nutrientes, al que conviene añadir humus junto a las semillas para que la planta arraigue con fuerza.

La planta presenta un vigor medio, con hojas anchas y redondeadas, y agradece un riego regular. Como tratamiento preventivo frente a plagas, se recurre a un extracto fermentado de cebolla, un remedio natural muy extendido entre los cultivos ecológicos.

En Titulcia, ese trabajo se concentra en una huerta que ha hecho del potimarrón su seña de identidad. La calabaza se cuida temporada tras temporada en la misma explotación, donde la siembra se ajusta al calendario y al clima del sureste madrileño.

La cosecha y la conservación de la calabaza Hokkaido

La recolección se realiza con cuidado y se mantiene un trozo del rabo en cada pieza para alargar su vida útil. Después, las calabazas se guardan en un lugar ventilado y fresco hasta que la corteza exterior termina de secarse por completo.

Durante el almacenamiento conviene evitar las temperaturas demasiado bajas, que estropean la calabaza Hokkaido. Con estos cuidados, la variedad se conserva durante buena parte del otoño y el invierno sin perder su textura ni su sabor a castaña.