Si Puigdemont cuenta la décima parte de lo que le prometió Sánchez…
Después de que la mayoría sanchista del Tribunal Constitucional haya avalado la amnistía del delito de malversación y el Supremo levantado la orden de detención de Carles Puigdemont, el presidente de Junts, aunque no regrese hasta después de las elecciones, marcará la campaña electoral. El calendario ha querido que Pedro Sánchez se enfrente de nuevo a la polémica generada por el indulto y posterior amnistía de los dirigentes del procés, en una suerte de reactivación de la memoria colectiva de un país que, en gran número, se movilizó contra una ley utilizada por el presidente del Gobierno como instrumento para garantizarse su continuidad en el poder.
Y es que ahora resuenan con brío las declaraciones de Pedro Sánchez en 2019 en las que prometió traer a Puigdemont a España para ponerlo a disposición de la justicia. Eso, según el presidente, no fue mentir a los españoles, sino cambiar de opinión. Dicho de otro modo: colocar su interés personal por encima del interés nacional, algo que, por otra parte, ha venido haciendo desde que llegó a la Moncloa.
A Pedro Sánchez le ha salido el tiro por la culata con Carles Puigdemont. Y no es que la impostura de Sánchez vaya a sorprender a nadie, pero el hecho de que el líder separatista haya visto despejado su horizonte penal, en plena campaña, complica el escenario de un presidente que carece de principios y dignidad. Si Puigdemont cuenta la décima parte de lo que le prometió Pedro Sánchez, a través de Cerdán o Zapatero (menudos interlocutores), para garantizarse su continuidad en la Moncloa, el terremoto en campaña puede ser de magnitud 7. Esa baza la maneja el líder de Junts, que puede convertirse en una tortura para el presidente y candidato socialista. Vamos, que puede anular en dos tardes el ‘efecto Maricarmen’ con el que el PSOE pretende evitar el batacazo en las urnas. Vienen días apasionantes.