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La ciencia española deja al mundo boquiabierto: pretenden volver a llenar de agua el Mar de Aral para atrapar el CO2 que emite el desierto salino

  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

Durante décadas, el Mar de Aral ha simbolizado uno de los mayores desastres ambientales provocados por el ser humano. Donde antes existía uno de los lagos más grandes del planeta, hoy se extiende un inmenso desierto salino con barcos oxidados.

Sin embargo, un equipo de investigadores españoles sostiene que recuperar parte de este ecosistema no solo tendría un enorme valor ecológico, sino que también ayudaría a combatir el cambio climático.

El Mar de Aral seco libera millones de toneladas de CO2 a la atmósfera

Un estudio liderado por científicos del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC), y publicado en la revista Science, revela que el problema va mucho más allá de la pérdida de biodiversidad.

Según sus conclusiones, el lecho seco del Mar de Aral se ha convertido en una importante fuente de emisiones de dióxido de carbono (CO2), contribuyendo al aumento de los gases de efecto invernadero.

El origen de esta situación se remonta a la década de 1960, cuando el desvío de los ríos Amu Daria y Sir Daria para proyectos agrícolas aceleró la desaparición del lago.

Desde entonces, los investigadores estiman que se han liberado alrededor de 748 millones de toneladas de CO2, una cantidad comparable a las emisiones anuales combinadas de países como España, Francia y Bélgica.

Por qué el lecho del Mar de Aral emite tanto dióxido de carbono

La explicación está bajo la superficie. Mientras el Mar de Aral permanecía cubierto de agua, los sedimentos quedaban aislados del oxígeno, lo que frenaba la descomposición de la materia orgánica acumulada durante miles de años.

Al desaparecer esa capa de agua, el oxígeno comenzó a penetrar en el suelo, activando microorganismos que habían permanecido inactivos durante siglos.

A partir de ese momento, estos microbios empezaron a descomponer la materia orgánica mediante procesos aeróbicos, liberando enormes cantidades de carbono a la atmósfera.

Las mediciones realizadas durante una expedición científica en 2022 muestran que las zonas desecadas más recientes todavía almacenan grandes reservas de carbono orgánico que podrían seguir escapando en forma de CO2 si no se actúa a tiempo.

De hecho, los autores del estudio calculan que aún podrían emitirse 605 millones de toneladas adicionales de dióxido de carbono en los próximos años. Esto convertiría al antiguo lago en un foco de emisiones cada vez más relevante dentro del contexto del calentamiento global.

Inundar el Mar de Aral podría capturar carbono y restaurar el ecosistema

La solución planteada por los investigadores pasa por volver a inundar parcialmente el Mar de Aral. Recuperar el agua permitiría reducir el contacto del oxígeno con los sedimentos, frenando así la actividad microbiana responsable de las emisiones de carbono. Además, la restauración favorecería el regreso de especies animales y vegetales que desaparecieron con la desecación del lago.

Eso sí, se trata de un proyecto de enormes dimensiones. Entre las actuaciones necesarias destaca la modernización de la red de riego de Asia Central, donde actualmente se desperdicia una gran parte del agua destinada a la agricultura.

Esta infraestructura requeriría una inversión cercana a 8.500 millones de euros, aunque permitiría recuperar aproximadamente la mitad de la superficie original del lago.

Los créditos de carbono podrían financiar la recuperación del Mar de Aral

Uno de los aspectos más novedosos de la propuesta consiste en utilizar el mercado de créditos de carbono para sufragar parte del proyecto. Si la inundación consigue evitar la liberación de millones de toneladas de CO2, esas emisiones evitadas podrían transformarse en créditos comercializables en los mercados internacionales.

Las estimaciones del estudio apuntan a que esos activos tendrían un valor situado entre 3.100 y 15.800 millones de euros, una cantidad que, en determinados escenarios, permitiría cubrir buena parte de la inversión necesaria para restaurar el humedal.