Naturaleza
Cultivos

Agricultores de un pueblo de Lérida de 585 habitantes luchan por resucitar una cebolla autóctona que no existe en ningún otro lugar de España

  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

En un pequeño municipio de apenas 585 habitantes situado en la comarca del Alto Urgel, en la provincia de Lérida, un grupo de agricultores, vecinos y profesionales de la gastronomía trabaja para evitar que desaparezca una de las variedades hortícolas más singulares de Cataluña.

Se trata de la cebolla de Coll de Nargó, una cebolla autóctona que no se cultiva en ningún otro lugar de España y que, durante décadas, formó parte del paisaje agrícola y de la economía local.

Hoy su presencia se limita a unos pocos huertos familiares, donde continúa cultivándose gracias al empeño de quienes se han negado a perder un patrimonio agrícola que ha pasado de generación en generación. La recuperación de esta variedad no solo busca conservar una semilla tradicional, sino también proteger una parte de la identidad del pueblo.

Así es la cebolla de Coll de Nargó: una variedad única por su sabor y textura

La cebolla de Coll de Nargó destaca por una apariencia muy característica. Tiene un color rosado, una forma ligeramente aplastada y suele alcanzar alrededor de 10 centímetros de diámetro. Sin embargo, lo que realmente la diferencia de otras variedades comerciales es su sabor.

Su dulzor natural, unido a una textura especialmente crujiente y un aroma intenso, la convierte en un ingrediente muy apreciado tanto para consumir en ensaladas como para utilizar en numerosas recetas. Además, se trata de una variedad más temprana que la conocida cebolla de Figueras, aunque su capacidad de conservación es algo más limitada.

Precisamente esa exclusividad hace que resulte muy difícil encontrarla fuera de la zona. Su supervivencia depende, en buena medida, de las semillas conservadas por agricultores locales y por entidades dedicadas a recuperar variedades tradicionales.

La cebolla de Coll de Nargó, un cultivo ligado a la tradición y a los ciclos naturales

El proceso de cultivo conserva técnicas muy antiguas que se han transmitido durante generaciones. La siembra suele realizarse entre los meses de octubre y febrero, respetando el calendario agrícola tradicional que ha marcado durante siglos el trabajo en el campo.

Algunos agricultores veteranos continúan siguiendo prácticas heredadas de sus antepasados. Es el caso de Antoni Desongles, que prepara el semillero en septiembre coincidiendo con la luna llena y trasplanta las plantas en febrero durante la misma fase lunar, una costumbre profundamente arraigada en la agricultura popular del Pirineo.

Durante buena parte del siglo XX, este cultivo tuvo un peso importante en la economía de Coll de Nargó. Muchas familias producían plantel para venderlo a agricultores de distintos puntos de la provincia de Lérida, convirtiendo la cebolla en una fuente complementaria de ingresos.

La falta de relevo generacional pone en peligro esta variedad autóctona de cebolla

El principal desafío al que se enfrenta la cebolla de Coll de Nargó es la desaparición progresiva de los agricultores que la han mantenido viva durante décadas.

La falta de relevo generacional en el sector agrario amenaza la continuidad de un cultivo que requiere conocimientos específicos y una dedicación difícil de sustituir.

La gastronomía local ayuda a mantener vivo este patrimonio agrícola

Aunque actualmente la mayor parte de la producción se destina al autoconsumo, la cocina tradicional desempeña un papel fundamental en su conservación.

Según recoge RadioSeu, algunos establecimientos como el Hostal Víctor de Oliana o el Forn Reig siguen utilizando esta cebolla en diferentes elaboraciones para poner en valor un producto profundamente ligado al territorio. La cocinera Montserrat Ramoneda considera que una futura Denominación de Origen podría favorecer su comercialización y garantizar un mayor futuro para este cultivo.

Además, colectivos especializados en la recuperación de semillas tradicionales, como Eixarcolant y Cultures Trobades, continúan trabajando para preservar el material genético de esta variedad y facilitar que nuevos agricultores puedan volver a cultivarla.

La implicación vecinal resulta clave para evitar la desaparición de la cebolla de Coll de Nargó

La conservación de la cebolla de Coll de Nargó también depende del compromiso de los propios vecinos. Un ejemplo es la iniciativa impulsada en Estamariu, donde desde hace dos años se organizan compras conjuntas de plantel que ya superan las 1.500 unidades destinadas a abastecer huertos particulares.

Tanto el Ayuntamiento de Coll de Nargó como agricultores y vecinos consideran imprescindible aumentar el apoyo institucional y favorecer una mayor producción comercial si se quiere asegurar el futuro de esta cebolla autóctona.

Mientras tanto, el esfuerzo colectivo sigue siendo el principal escudo frente al riesgo de desaparición de una variedad única en España y de un patrimonio agrícola que forma parte de la historia del Pirineo catalán.