Naturaleza
Animales

En 1987 reintrodujeron 30 bisontes en la pradera: décadas después transformaron el ecosistema por completo y la flora autóctona había crecido un 103%

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Investigadores liberaron 30 bisontes en la Konza Prairie, una reserva de pradera de hierba alta situada en Kansas, en 1987. Tras 29 años de seguimiento, un estudio liderado por la Universidad Estatal de Kansas confirmó que la riqueza de especies de plantas autóctonas aumentó un 103% a escala local en las zonas pastoreadas por bisontes, frente a las áreas sin herbívoros.

El hallazgo demuestra hasta qué punto un solo animal puede rediseñar un ecosistema. A escala de cuenca, el incremento se situó en el 86%, una cifra que los investigadores atribuyen al modo particular en que el bisonte se alimenta, se revuelca y se desplaza por el territorio.

Cómo cambia el ecosistema la relación entre los bisontes y las plantas de la pradera

Los bisontes se alimentan casi en exclusiva de los pastos altos que dominan la pradera y bloquean la luz solar al resto de la vegetación. Al podar esos pastos de forma constante, abren espacio para que decenas de flores silvestres y hierbas nativas, que antes languidecían en la sombra, vuelvan a colonizar el terreno.

Los animales se revuelcan con frecuencia para quitarse parásitos y mudar el pelaje, y ese gesto compacta el suelo en depresiones circulares conocidas como revolcaderos. Esos hoyos retienen el agua de lluvia durante más tiempo y funcionan como pequeños oasis donde germinan semillas que no sobrevivirían en una pradera seca.

El estiércol devuelve nitrógeno y otros nutrientes al suelo, mientras que las semillas con ganchos se adhieren al pelaje del animal y viajan kilómetros hasta zonas nuevas. Las pezuñas, además, rompen la costra endurecida de la tierra al caminar, entierran las semillas caídas y facilitan que el agua de lluvia se filtre en el subsuelo en lugar de evaporarse.

Cuáles son las plantas que empezaron a vivir mejor gracias a los bisontes

La vara de oro, con sus flores amarillas cargadas de néctar para los polinizadores, se extendió por buena parte de la pradera en cuanto el pasto alto dejó de bloquear la luz. La ambrosía occidental, una planta perenne especialmente resistente, se expandió con rapidez en los espacios que dejaba libres el pastoreo, mientras que la verbena de pradera, reconocible por sus espigas moradas, y la hierba de hierro de Baldwin, de flores púrpura intenso, prosperaron al no tener que competir por el sol con los pastos gigantes.

El estudio descubrió además que muchas de estas plantas tenían raíces mucho más profundas que los pastos superficiales que antes dominaban el terreno. Cuando una sequía extrema, una de las más severas registradas en cuatro décadas en la región, golpeó la zona, los pastos comunes se secaron mientras estas especies nativas sobrevivieron gracias al agua acumulada en los revolcaderos de los bisontes.

Ese avance tuvo un coste para otras especies. Los grandes pastos dominantes de la pradera americana, como el pasto azul grande y el pasto indio, perdieron terreno al ser consumidos de forma constante por los bisontes, lo que impidió que siguieran asfixiando al resto del ecosistema con su sombra.

Los investigadores también compararon el efecto de los bisontes con el del ganado doméstico en la misma pradera. El ganado aumentó la riqueza de plantas autóctonas un 41% a escala de parcela, menos de la mitad del 103% registrado con los bisontes, una diferencia que atribuyen al comportamiento propio de cada especie y a la forma en que cada una utiliza el paisaje.