Suena asqueroso pero los veterinarios expertos coinciden: «Si tu perro come excrementos humanos déjale, regañarle altera su sistema nervioso»

Hay conductas en los perros que forman parte de su rutina diaria y que, por resultar habituales, suelen pasar desapercibidas para muchos tutores. No obstante, algunas de ellas despiertan preocupación o curiosidad, como ocurre cuando un perro se detiene a comer hierba durante un paseo o intenta llevarse a la boca restos de comida, basura u otros objetos que encuentra en la calle.
Aunque estas situaciones son frecuentes en la convivencia con las mascotas, sus causas pueden ser muy variadas. En algunos casos responden a un comportamiento exploratorio propio de la especie, mientras que en otros pueden estar relacionadas con la alimentación, el estrés o determinados problemas de conducta. Comprender el origen de estos hábitos es clave para diferenciar cuándo forman parte de un comportamiento normal y cuándo requieren atención. Además, la tendencia a ingerir alimentos u objetos encontrados en el exterior puede poner en riesgo la salud del animal, por lo que los expertos subrayan la importancia de la prevención, el adiestramiento y la supervisión durante los paseos.
¿Por qué el perro come excrementos humanos?
Ignacio Arija, veterinario, profesor del departamento de Nutrición animal y perteneciente al grupo de investigación Nutrición y alimentación animal de la Universidad Complutense, explica a La Vanguardia cuál es la razón por la que muchos perros tienen la costumbre de comer hierba: «Pues hay de todo un poco. Muchas veces se relaciona con temas patológicos, tienen una mala digestión, han comido algo, pero otras veces no tiene nada que ver. Desde el punto de vista nutritivo, no tiene ninguna importancia. En el fondo, no la digieren muy bien y no es recomendable porque, también, con la hierba pueden comer palos; eso sí es preocupante».
Por otro lado, acerca de por qué hay perros que comen cualquier cosa que se encuentran por la calle, explica que «son temas de comportamiento generalmente relacionados con estrés. Muchas veces se relaciona también comerse las paredes con deficiencias y es mentira; son temas de estrés. Esos perros necesitan más paseo, gastar mucha energía, motivarlos porque están estresados y los debería tratar un etólogo».
Y añade: «los objetos más habituales que suelen comerse los perros son ropa y basura. Algunos son carroñeros y comen carroña o se rebozan en ella para tapar los olores, o en las heces de otras especies. A veces hay perros que se comen los excrementos humanos; es un comportamiento relativamente normal para ellos, que, claro, para nosotros es horrible. Siempre se le echa la culpa a los perros, pero normalmente tiene que ver con el estrés general que tiene dentro de la familia; es una forma de expresar ese estrés».
Un comportamiento más común de lo que parece
La coprofagia, es decir, el consumo de heces, es una conducta ampliamente documentada en perros domésticos. Aunque para las personas resulte repulsiva, desde el punto de vista biológico no siempre indica la presencia de una enfermedad o un trastorno del comportamiento. Su elevada frecuencia ha llevado a los investigadores a plantear que podría tener un origen evolutivo relacionado con la supervivencia.
Durante los paseos es relativamente habitual que algunos perros muestren interés por las heces de otros animales e incluso de personas. Una de las explicaciones más aceptadas es que este comportamiento procede de sus antepasados salvajes, que aprovechaban cualquier fuente de alimento disponible cuando la comida era escasa.
Aunque resulte difícil de imaginar, los excrementos humanos contienen restos de nutrientes que no han sido completamente digeridos, como proteínas y grasas, que los hacen relativamente «apetecibles» para los perros, especialmente en situaciones de escasez alimentaria. Sin embargo, en perros que viven en hogares y reciben una dieta equilibrada, la coprofagia suele asociarse más a factores conductuales, como el aburrimiento, la falta de estimulación, el estrés o determinados hábitos aprendidos.
Sin embargo, los excrementos representan una posible fuente de microorganismos patógenos, ya que las heces pueden albergar bacterias, virus y parásitos capaces de provocar problemas digestivos e infecciones. El riesgo aumenta cuando proceden de animales enfermos o que han recibido determinados medicamentos, así como cuando contienen residuos de sustancias tóxicas que el perro podría ingerir de forma indirecta.
Uno de los principales peligros de la coprofagia es la transmisión de parásitos intestinales, como diferentes especies de gusanos, que pueden infectar al perro tras ingerir heces contaminadas. Además, este comportamiento puede favorecer episodios de vómitos, diarrea o alteraciones gastrointestinales, especialmente en cachorros, perros mayores o animales con el sistema inmunitario debilitado.
Finalmente, el consumo de las propias heces, conocido como autocoprofagia, puede estar asociado a distintos factores, entre ellos problemas de comportamiento, estrés o ansiedad. Algunos perros desarrollan este hábito como consecuencia de un entorno poco estimulante o de situaciones que les generan inseguridad. En otros casos, la conducta puede aparecer como un comportamiento aprendido, especialmente si el animal ha sido reprendido por hacer sus necesidades en un lugar inadecuado y trata de eliminar cualquier rastro.