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La Ley de Bienestar Animal prohíbe pasear a las mascotas de esta manera y las sanciones por incumplirlo pueden pillarte por sorpresa

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

La Ley de Bienestar Animal, publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE), está en vigor en España desde septiembre de 2023. Esta normativa recoge diferentes prohibiciones y obligaciones que deben cumplir los propietarios de animales de compañía para evitar posibles multas y sanciones. Entre las medidas contempladas se encuentra la obligación de disponer de un seguro de responsabilidad civil para perros, destinado a cubrir los daños que puedan ocasionar a terceras personas, además de las normas relacionadas con su paseo y los collares que ya no están permitidos.

El reglamento introduce nuevos requisitos dirigidos a criadores, vendedores y responsables de la gestión de perros y gatos, prestando especial atención a las condiciones en las que viven los animales, su estado de salud y las prácticas relacionadas con su reproducción. Una de las principales novedades de la normativa está relacionada con la selección genética. Se establecen límites a la reproducción orientada a conseguir determinadas características físicas extremas cuando estas puedan afectar negativamente a la salud o al bienestar de los animales. Asimismo, se establecen restricciones para los cruces entre animales con un parentesco cercano, ya que esta práctica puede incrementar la probabilidad de desarrollar enfermedades hereditarias.

Nuevas prohibiciones de la Ley de Bienestar Animal

Durante los paseos, la norma estipula que no se podrá «utilizar cualquier artilugio, mecanismo o utensilio destinado a limitar o impedir su movilidad en un punto fijo salvo por prescripción veterinaria atendiendo a su bienestar».

El artículo 27 de la Ley de Bienestar Animal determina que está prohibido «practicarles todo tipo de mutilación o modificaciones corporales permanentes; se exceptúan de esta prohibición los sistemas de identificación mediante marcaje en la oreja de gatos comunitarios y las precisas por necesidad terapéutica para garantizar su salud o para limitar o anular su capacidad reproductiva, sin que pueda servir de justificación un motivo funcional o estético de cualquier tipo, y que deberá ser acreditada mediante informe de un profesional veterinario colegiado o perteneciente a alguna administración pública, del que quedará constancia en el registro de identificación correspondiente». Asimismo, establece una serie de prohibiciones:

En este contexto, el uso de collares eléctricos, de ahogo o de castigo puede considerarse una infracción grave cuando implique un daño o sufrimiento injustificado para el animal. En estos casos, las sanciones económicas pueden situarse entre los 10.001 y los 50.000 euros. Además, cuando se trate de conductas especialmente graves o reiteradas, la multa puede ir acompañada de otras medidas, entre ellas la retirada del animal o la inhabilitación para su tenencia.

Collares

La Ley hace referencia específicamente a los collares eléctricos o de impulsos, así como a los collares de ahogo y de castigo, al considerar que se trata de herramientas que pueden provocar lesiones o sufrimiento al animal.

Los collares eléctricos o de impulsos incorporan un sistema electrónico que puede controlarse a distancia y que emite descargas eléctricas de distinta intensidad directamente sobre el cuello del perro. Diversos estudios sobre la eficacia de estos collares han observado que los perros adiestrados mediante descargas eléctricas pueden presentar más alteraciones de conducta, además de mostrarse más tensos y ansiosos durante los paseos y relacionarse menos con su entorno.

Por su parte, el collar de ahogo consiste en una especie de soga o cadena con un mecanismo corredizo que se cierra alrededor del cuello del perro cuando se ejerce presión sobre él. Por su parte, el collar de castigo o de pinchos está formado por una cadena o estructura con púas metálicas o de plástico que ejercen presión sobre el cuello del animal al tirar de la correa.