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Las únicas comunidades autónomas que no tienen calle en Madrid y la razón

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En Madrid es habitual encontrar calles y avenidas que están dedicada a personajes reconocidos, pero tenemos también que recuerdan a distintos territorios del país. De hecho cerca del centro podemos encontrar calles como la de Andalucía, Extremadura o Cataluña y que se fueron incorporando a medida que crecían los barrios y se abrían nuevas vías. Sin embargo, esa presencia de calles de otras comunidades o territorios no es uniforme. Pese a la cantidad de referencias geográficas que aparecen en el callejero, hay cuatro comunidades autónomas que todavía no cuentan con una calle con su nombre en Madrid.

El porqué algunas comunidades autónomas todavía no tienen calle en Madrid no es algo sencillo y tampoco tiene que ver con un sólo motivo. El callejero madrileño no se ha construido siguiendo un plan homogéneo, sino a base de decisiones tomadas en distintos momentos. Propuestas vecinales, acuerdos de distrito, ampliaciones de barrios o desarrollos urbanísticos que, en muchos casos, simplemente aprovecharon los nombres disponibles o los que resultaban más familiares. Así se entiende también por qué, de las 50 capitales de provincia españolas, solo dos, León y Vitoria, no aparecen en el callejero madrileño. Con las comunidades pasa algo parecido: la mayoría están, pero no todas, ¿cuáles son? Te de las descubrimos a continuación.

Las únicas comunidades autónomas que no tienen calle en Madrid y la razón

Una de las ausentes es Castilla-La Mancha. En Madrid sí existe la calle La Mancha, ubicada en Entrevías, pero se trata de una referencia literaria, no de la denominación oficial de la comunidad autónoma. Esa diferencia es importante porque explica por qué, técnicamente, la región no está representada como tal. Eso no ocurre en otros municipios madrileños, donde sí encontramos calles llamadas Castilla-La Mancha, tanto en Paracuellos de Jarama como en San Agustín del Guadalix, o incluso una plaza en Rivas-Vaciamadrid.

Aragón es otro caso. Hay nombres vinculados al antiguo Reino de Aragón o a figuras históricas, pero no una vía dedicada de forma explícita a la comunidad autónoma actual. Y el motivo para que no esté es que simplemente nunca se dio el paso de incorporarla en el callejero. Es algo que sí han hecho ciudades del entorno, como Alcorcón, Alcalá de Henares o Móstoles, donde sí existe una calle Aragón reconocible y utilizada.

La tercera comunidad sin calle en Madrid es el País Vasco. Fuera de la capital sí aparecen referencias claras: Algete, Humanes de Madrid o Villanueva de la Cañada cuentan con calles con ese nombre, y Leganés o San Sebastián de los Reyes tienen avenidas dedicadas. Además, el término Euskadi aparece en localidades como Pinto y San Agustín del Guadalix, y también figura en una plaza de Rivas-Vaciamadrid. En Madrid ciudad esa denominación no existe en ninguna vía.

La cuarta comunidad sin representación directa es la Comunidad Valenciana. Madrid sí dedica calles a su capital, calle de Valencia y Ronda de Valencia, pero no al conjunto de la comunidad autónoma. Este reconocimiento sí se da en otros municipios, como Tres Cantos, Navas del Rey o Villanueva de la Cañada, donde aparece la denominación completa. En Boadilla del Monte incluso hay una calle de la Generalitat Valenciana. En Madrid, por ahora, no.

Todo esto lleva a la pregunta evidente: ¿por qué unas comunidades sí y otras no? No hay un motivo único. El Ayuntamiento de Madrid nunca ha seguido una estrategia específica para garantizar que todas las comunidades autónomas tengan una presencia simbólica en el callejero. La asignación de nombres depende a menudo de factores circunstanciales: la propuesta llega, se aprueba y se incorpora. Y si no se plantea en un momento concreto, puede pasar desapercibida durante años.

También influye el criterio de evitar duplicidades. En el caso de Castilla-La Mancha o Valencia, la existencia previa de nombres semejantes ha frenado la incorporación de denominaciones más largas o institucionales. Es un aspecto práctico: aunque el significado no sea el mismo, la similitud puede generar dudas entre vecinos y visitantes.

A esto se suma un debate recurrente sobre qué debe reflejar el callejero. ¿Debe priorizar el mapa autonómico actual? ¿Debe mantener referencias históricas que ya forman parte de la identidad madrileña? ¿O debe centrarse en criterios culturales y locales? En ausencia de un plan único, la rotulación ha ido avanzando tal como lo ha hecho la ciudad y sin pretender abarcar todas las categorías posibles.

No quiere decir que algún día no se vea. El callejero no es un elemento cerrado. Con los nuevos desarrollos urbanísticos previstos en Madrid, especialmente en la zona del sureste y en los nuevos barrios en expansión, hay margen para incorporar denominaciones que hoy no existen. De hecho, es habitual que en estos procesos surjan propuestas vecinales o institucionales para incluir nombres que completan referencias territoriales o culturales que antes no estaban presentes. Así mientras Madrid siga creciendo, también lo harán su mapa de calles, por lo que nada impide que en un futuro Aragón, Castilla-La Mancha, la Comunidad Valenciana o el País Vasco tengan finalmente su espacio en la capital.