Investigación

Rato pagó a Deloitte como consultor mientras hacía la vista gorda como auditor

Rodrigo Rato pagó a Deloitte 2,4 millones por trabajos de consultoría sólo en los seis meses previos a la salida a bolsa de Bankia (julio de 2011) frente a los 1,6 millones que la misma firma ingresó como auditor de la entidad financiera en el mismo periodo de tiempo. El Banco de España consideró irregulares todas las cuentas que Deloitte avaló entre 2010 y las reformuladas en mayo de 2012. Bankia se estrelló en su salida a bolsa por haber sido asesorada y auditada por la misma empresa.

Deloitte, una de cuyas filiales ha sido recontratada por Bankia para recuperar deudas de morosos, acreditó notables irregularidades supervisoras antes de la salida a Bolsa de Bankia. Nunca alertó del agujero de 23.000 millones que tapó el Estado. Su ceguera tuvo una jugosa compensación económica según el ICAC (Instituto de Contabilidad y Auditoría): “los auditores no han reflejado evaluación alguna sobre la excesiva desproporción entre honorarios procedentes de servicios distintos de los de auditoría y los de auditoría”.

La mayoría de los contratos de Deloitte ajenos a su labor como auditora se ciñeron al asesoramiento o formulación de las cuentas de Bankia en vísperas de la salida a bolsa que, como se demostró meses después, resultaron ser falsas.

La independencia no es un concepto moral abstracto para el ICAC, organismo que controla a las firmas de auditoría. Es un requisito indispensable para el buen funcionamiento de una auditora. Si una auditora trabaja de consultora para un banco formulando cuentas y, al mismo tiempo, es la encargada de auditar esas cuentas se produce un claro caso de incompatibilidad.

El ICAC veía claro que no se puede ser abogado de la defensa y de la acusación al mismo tiempo. Sobre todo, cuando uno paga mucho más que otro. Y esto es lo que ocurrió con Bankia, que se estrelló en su salida a Bolsa tras ser auditada y asesorada por la misma empresa.

Deloitte como auditora dejó un reguero de negligencias según el ICAC: “Se ha probado en el proceso de consolidación del grupo Bankia la falta de constancia en los papeles de trabajo de las pruebas de auditoría destinadas a verificar que los saldos integrados en el grupo Bankia a 31 de marzo y a 30 de junio de 2011 son los que corresponderían”.

“El trabajo de auditoría debe estar destinado a verificar la razonabilidad de la información financiera registrada en los documentos contables para emitir una opinión sobre si los estados contables financieros reflejan la imagen fiel del patrimonio”.

¿Lo hizo así Deloitte? No. Según el ICAC, cometió varias irregularidades en sus auditorías de Bankia del primer y segundo trimestre de 2011, justo cuando estaba cobrando el doble como asesor: No evaluó correctamente los sistemas de control interno; no existían evidencias sobre los saldos derivados de operaciones de segregación; tampoco sobre los saldos de los estados financieros intermedios; no se valoró el riesgo de insolvencia y no se presentaron evidencias sobre existencias y activos no corrientes.

El Banco de España, por su parte, también subrayó la irregular supervisión de Deloitte: las cuentas de 2010 de Bankia “no cumplen con la normativa del Banco de España debido a la existencia de errores contables”. Eran las últimas cuentas anuales antes de su salida a bolsa.

El informe del Banco de España recalca de quién es la culpa: “La auditoría de las cuentas anuales realizada por Deloitte firmadas el 25 de marzo de 2011 no indica ningún tipo de salvedad, indicando que cumplen con la normativa del Banco de España, cuando la situación financiera consolidada y los resultados consolidados no se adecúan a las citadas normas”.

Tampoco las cumplía el informe de auditoría de Deloitte sobre los estados financieros intermedios en ese mismo trimestre. ¿Qué importancia tuvieron estas lagunas en el control? Que el folleto informativo de salida a bolsa estaba viciado: “Consecuencia de lo anterior, no cumple con la normativa del Banco de España la información financiera incluida en el folleto informativo de oferta pública de acciones de Bankia”.

Pero el perito del Banco de España acorraló aún más a Deloitte: “En su mayor parte las irregularidades mencionadas fueron apreciadas a partir de los papeles de trabajo de las auditorías realizadas a Bankia; por tanto, la respuesta es afirmativa: dichas irregularidades podrían haber sido detectadas por los auditores”.

Deloitte tuvo una segunda virtud en su control de Bankia, según el Banco de España, no sólo fue mala como auditora, sino terriblemente lenta. “En el límite del plazo legal, 30 de abril de 2012, Bankia y BFA depositaron en la CNMV copias impresas de las cuentas anuales de 2011, sin los correspondientes dictámenes de auditoría”.

Y este retraso fue crucial. La demora en la emisión de los informes de auditoría tuvo una gran importancia en la crisis de Bankia. De haberse emitido en el plazo de un mes desde la formulación, es improbable que se hubiese producido la reformulación de las cuentas”. Deloitte dejó sin firmar los falsos beneficios, pero sin avisar tampoco de las multimillonarias pérdidas ocultas.

UPyD: «Es un capitalismo de amiguetes»

Las cuentas de Bankia reformuladas en mayo de 2012, ahora sí con el aval de Deloitte, presentaban unas pérdidas de 3.000 millones frente a los 307 millones de beneficios de las de abril que la auditora se zafó de validar. Pero aunque Deloitte intentó eludir su responsabilidad al no firmar las cuentas en abril de 2012, el Banco de España le lanzó un misil en su informe pericial: “La reformulación era necesaria porque las cuentas iniciales incluían errores resultantes de fallos al utilizar información que estaba disponible cuando los estados financieros fueron formulados”.

UPyD condenó ayer la recontratación de una filial de Deloitte por Bankia. «En España no existe un verdadero sistema de libre mercado, sino un capitalismo de amiguetes en el que participan unos pocos, y en el que rinde la máxima de “hoy por ti, mañana por mi”, que se observa con facilidad en que Bankia nunca ha pedido cuentas o explicaciones, ni judicial ni extrajudicialmente, a su antigua auditora por su más que discutible labor a la hora de auditar la entidad financiera y las cuentas con las que salió a Bolsa, y ahora además le asigna la caza de morosos».

La formación que lidera Andrés Herzog recuerda que la salida a bolsa de Bankia «ha costado 23.000 millones de euros a los españoles, estafando por el camino a cientos de miles de accionistas y por la que está imputada en un macroproceso penal en la Audiencia Nacional y es condenada a diario en los juzgados civiles. Dinero que en última instancia que no se ha podido dedicar durante estos años a mejorar los hospitales o los colegios de este país.”