Virginia Hall, la espía coja que puso en jaque a los nazis
Desde París, los altos mandos de la Gestapo como Klaus Barbie, ya avisaron a los nazis alemanes de Hitler que Virginia Hall debía ser «encontrada y destruída». La consideraban una amenaza real para las aspiraciones alemanas en Europa y se convirtió en una auténtica pesadilla para los miembros de la cruel policía alemana.
Nacida en Estados Unidos, Virginia Hall era una excelente estudiante que con tan solo 19 años ya hablaba alemán y francés, además de entender aceptablemente el italiano. Se trasladó a Europa cuando aceptó un puesto en la Embajada de Estados Unidos en Varsovia, aunque acabó viviendo en Esmirna.
Aquí sufrió un duro golpe que luego sería una de sus señas de identidad. Mientras practicaba con una pistola, Virginia se disparó en el pie izquierdo. Parecía no ser nada, pero la lenta intervención de los médicos, hizo que tuvieran que amputar la pierna.
Desde entonces, Hall caminaría con una pierna ortopédica a la que bautizó Cuthbert. Debido a su pérdida, fue despedida de los servicios de la embajada y se trasladó a París para formar parte del cuerpo del Servicio Francés de Ambulancias. Era el año 1939.
Espía profesional
Virginia Hall se estableció en Londres, debido a la llegada de las tropas nazis a PArís. Casi por casualidad, conoció a Vera Atkins, miembro del servicio secreto británico y encargada de reclutar nuevos espías para la causa.
Quedó muy sorprendida con la facilidad para los idiomas de Hall y fue rápidamente reclutada para el Servicio Secreto de Gran Bretaña. Con el nombre en clave Germain, Hall llegó a París siendo una espía en 1941.
La dama coja
Su trabajo en París fue más que fructífero. Creó una red de espías a lo largo del país con el nombre de Heckler, y su cara comenzó a aparecer en los carteles de «Se Busca» de la policía alemana. Conocida por los nazis como ‘la dama coja’, Hall se teñía el pelo, blanqueaba los dientes, e incluso llegó a caminar sin su cojera particular, a pesar de los dolores que eso le causaba.
Después logró trabajar para los Servicios Secretos de Estados Unidos, y fue providencial para crear una red de saboteadores en Francia contra los nazis y evitar su expansión con la vista puesta en el Día D, el desembarco en Normandia.
Regreso como heroína a Estados Unidos y logró trabajar en la CIA hasta el día de su muerte, el 8 de julio de 1982 en la ciudad de Maryland.
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