La increíble coincidencia histórica que helará la sangre: Hitler, Stalin y Freud vivieron a pocos metros antes de la guerra
Nadie sabe a ciencia cierta si alguno de ellos topó con algún otro
Hallazgo que reescribe la historia: iban a construir una carretera pero encontraron un tesoro de oro y joyas de hace más de 2000 años
El histórico pueblo que desapareció en 1950 con 2.000 habitantes: tiene uno de los edificios más icónicos de Madrid
Quién inventó la fregona: historia del invento y curiosidades
En 1913, un año antes del comienzo de la I Guerra Mundial, algunos de los líderes más influyentes del siglo XX se reunieron en la misma ciudad, lo que se considera una coincidencia histórica. En enero de 1913, un hombre con un pasaporte que llevaba el nombre de Stavros Papadopoulos desembarcó del tren en Viena.
El hombre en cuestión no se llamaba Papadopoulos, ya que había nacido como Iosif Vissarionovich Dzhugashvili; sus amigos lo conocían como Koba y ahora se le recuerda como Joseph Stalin. Llegaba acompañado de un intelectual ruso disidente, director de un periódico llamado Pravda (verdad), llamado León Trotsky. Los dos revolucionarios estaban huyendo.
En la ciudad también ya se había establecido un psicoanalista, Sigmund Freud. El checo se había convertido en médico en 1881 y establecido su práctica clínica en Viena en 1886, en la calle Berggasse. En la misma zona, también vivía un joven llamado Josip Broz que más tarde alcanzaría la fama como el líder de Yugoslavia, como el mariscal Tito; trabajaba en la fábrica de automóviles Daimler en Wiener Neustadt.

La coincidencia histórica sigue
La coincidencia histórica continúa, ya que un joven de 24 años, originario de Austria, cuyo sueño era el de estudiar pintura en la Academia de Bellas Artes de Viena, se había visto frustrado dos veces tras suspender el examen de admisión. Su nombre era Adolf Hitler, quien ganaba dinero dibujando postales de lugares célebres de Viena, una ciudad que era la capital del Imperio Austro-Húngaro, que constaba de 15 naciones y más de 50 millones de habitantes.
En el Palacio Hofburg de la ciudad estaba el emperador Francisco José I, de 83 años de edad, quien había reinado desde 1848, el crucial año de las revoluciones. El archiduque Francisco Fernando, su sucesor designado, residía en el cercano Palacio de Belvedere, esperando ansiosamente el trono. En 1918, el imperio implosionó tras la «Gran Guerra», impulsando a Hitler, Stalin, Trotsky y Tito a carreras que marcarían la historia mundial para siempre.