Historia
Costumbres antiguas

Hoy nos quejamos del calor, pero hace 2.400 años la civilización persa fabricaba hielo en el desierto usando arena, cal, ceniza y huevos

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Vamos, que a cualquiera le costaría creer que la civilización persa fabricaba hielo en el desierto hace más de 2.400 años, en pleno verano y sin ningún aparato eléctrico. Aunque nos suene a leyenda, la arqueología y los textos históricos lo confirmaron con detalle. Y todo radica en una construcción que hoy sigue llamando la atención de arquitectos e ingenieros de todo el mundo.

El truco no tenía nada de mágico: combinaba materiales muy comunes con un conocimiento fino de la física del calor y el frío nocturno del desierto. Nada de bloques transportados desde montañas lejanas ni de inventos que exigieran años de desarrollo. La solución nació de observar sabiamente el entorno con paciencia y de aprovechar lo que ya había alrededor.

El ‘yakhchal’: así fabricaba hielo la civilización persa en pleno desierto

La respuesta tiene nombre propio: yakhchal, que en persa significa algo así como pozo de hielo. Se trataba de una construcción en forma de cúpula, como la que se ve en la imagen destacada, levantada hace más de 2.400 años en ciudades del actual Irán como Shiraz, que servía a la vez de fábrica y de almacén de hielo en mitad del desierto.

Nada de electricidad, nada de amoníaco ni gases refrigerantes. Nos topamos aquí con una obra que involucró nada más y nada menos que arquitectura bien pensada.

Por fuera parecía poco más que una colina de barro con forma cónica, pero por dentro escondía una cámara subterránea capaz de guardar hasta 5.000 metros cúbicos de hielo. Ese volumen bastaba para abastecer a una ciudad entera durante los meses más calurosos, algo que explica por qué el yakhchal se convirtió en una pieza clave de la vida cotidiana persa.

Todavía hoy se pueden visitar varios de estos pozos de hielo en pie, sobre todo en la región de Yazd y Kerman, en el centro de Irán.

Y, por ejemplo, el de la localidad de Abarkuh roza los 18 metros de altura y sigue en pie más de dos milenios después de construirse, convertido hoy en atracción turística y en recordatorio de que el ingenio no siempre dependió de la tecnología moderna.

La mezcla de arena, cal, ceniza y huevo que aislaba el hielo del calor

El secreto de la construcción estaba en el mortero que recubría sus paredes, de hasta dos metros de espesor en la base. Los persas lo llamaban sarooj y lo fabricaban mezclando arena, arcilla, cal y ceniza con claras de huevo, pelo de cabra y fibras vegetales.

¿Qué resultado obtenían? Pues un material impermeable y muy resistente al paso del calor, algo parecido a un aislante térmico natural.

Y aunque pareciera una combinación sin sustento, cada componente cumplía una función concreta. Las claras de huevo y el pelo de cabra actuaban como aglutinante y daban elasticidad a la mezcla, mientras la ceniza y la cal reducían la porosidad. Así se conseguía una superficie capaz de mantener el frío dentro durante meses sin agrietarse con los cambios de temperatura.

¿Por qué el hielo se formaba de noche aunque no hiciera bajo cero?

Junto al yakhchal se construía siempre un muro alto orientado de este a oeste, pensado únicamente para proyectar sombra sobre una piscina ancha pero muy poco profunda. Esa sombra mantenía el agua entre 15 y 20 grados más fría que las zonas expuestas al sol durante el día, un margen que resultaba decisivo en cuanto llegaba la noche y bajaba la temperatura del aire.

Diagrama que explica el concepto de enfriamiento radiativo utilizado en los yakhchāls. Foto: MingoBerlingo en Wikimedia Commons.

Durante las noches despejadas del desierto, el agua de la piscina perdía calor hacia el cielo mediante un fenómeno llamado enfriamiento radiativo, capaz de congelarla incluso con el aire ambiente por encima de los cero grados.

Así, canales cercanos, alimentados por acequias o qanats subterráneos, reponían el agua cada noche para repetir el ciclo una y otra vez hasta acumular suficiente hielo.

¿Y para qué usaba el hielo la civilización persa del desierto?

Una vez formado, el hielo se cortaba en bloques y se trasladaba de noche a la cámara subterránea del yakhchal, donde se conservaba aislado del calor exterior gracias al aire caliente que escapaba por una abertura superior.

Dentro, los alimentos se colocaban a distintas alturas según cuánto frío necesitaran, aprovechando ese gradiente de temperatura como si fuera un frigorífico con varios compartimentos.

A continuación, se especifica cómo se manipulaban los víveres y qué otros aprovechamientos se le daban al yakhchal:

Fue así como el negocio del hielo se convirtió en un motor económico local. Los pueblos con yakhchal vendían bloques a las caravanas que cruzaban el desierto, y esa venta financiaba el mantenimiento de la propia estructura.

A modo de cierre y como dato de color, miles de años después, algunos arquitectos siguen estudiando el sarooj y la ventilación del yakhchal para diseñar edificios que se enfríen solos, sin aire acondicionado ni gasto eléctrico.