La historia que parecía un mito se confirma: 500 caballeros catalanes derrotaron a 20.000 soldados en el año 1003
Un reciente estudio publicado en Treballs d’Arqueologia arroja luz sobre uno de los episodios militares menos conocidos de la historia en la frontera entre Al-Ándalus y los condados catalanes a comienzos del siglo XI: la batalla de Torá, que habría ocurrido en el año 1003. La investigación, liderada por el historiador Josep Suñé, del CSIC, analiza de manera las fuentes históricas, separando el hecho histórico de la leyenda religiosa que rodea este enfrentamiento y proponiendo una posible relación con la batalla de Albesa.
Toda la información conocida sobre Torá proviene de un texto hagiográfico, los «Miracula Sancti Benedicti», redactado entre 1041 y 1044 por el monje francés André de Fleury. Según André, un ejército califal de 20.000 hombres se enfrentó en Torá a una hueste cristiana muy inferior en número, compuesta por apenas 500 caballeros y liderada por cuatro condes catalanes: Ramon I de Barcelona, Ermengol I de Urgell, Guifré II de Cerdanya y Bernat I de Besalú.
Batalla de Torà (1003): entre historia y milagro
Ante la desbandada inicial de las tropas cristianas, el conde Bernat de Besalú arengó a sus hombres, asegurando que la Virgen María, el arcángel San Miguel y San Pedro les concederían la victoria. Según la narración, los cristianos cargaron desde un valle estrecho y lograron derrotar al ejército musulmán, matando a miles de enemigos, tomando prisioneros, apropiándose de botín, e incluso asesinando al califa. Esa misma noche, un clérigo en el santuario de San Miguel del Monte Gargano, en Italia, entró en éxtasis y recibió la confirmación de la Virgen sobre el triunfo cristiano, que habría costado la vida a 10.000 musulmanes y sólo a un cristiano.
El principal desafío para los historiadores es discernir qué parte de esta historia corresponde a la realidad. Suñé asegura que ningún califa omeya murió en combate contra los cristianos en ese período. El califa legítimo, Hisham II, era una figura decorativa y el poder real estaba en manos de los hachib (validos) amiríes, primero Almanzor y, tras su muerte en 1002, sus hijos ‘Abd al-Malik al-Muzaffar y ‘Abd al-Rahman Shanjul. Sin embargo, el estudio destaca que el relato contiene datos políticos y geográficos demasiado precisos como para ser una simple invención.
Otro punto de debate ha sido la fecha de la batalla. Los cuatro condes mencionados gobernaron conjuntamente entre 993 y 1010, lo que deja un margen de 17 años para situar el enfrentamiento. Suñé analiza tres campañas amiríes de ese periodo. La expedición del 999, que atacó Pamplona, Pallars y Manresa, podría encajar geográficamente, pero los relatos denominan al jefe musulmán en Torá como Helgaltiffa (el califa), mientras que al líder que atacó Manresa lo llaman Almazor, lo que descarta que ambos sucesos sean idénticos.
La campaña de 1006 se centra en el condado de Ribagorza, lejos de Torá, por lo que también se descarta. La opción más sólida es la aceifa de 1003, dirigida por ‘Abd al-Malik al-Muzaffar, en respuesta a incursiones cristianas contra la frontera. Durante esta campaña se conquistó Montmagastre y se atacó Castellolí; para moverse entre estas fortalezas era necesario pasar por Torá, lo que convierte la localidad en un escenario plausible para el combate.
Las fuentes árabes también reflejan que la expedición de 1003 no fue completamente exitosa: ‘Abd al-Malik al-Muzaffar estuvo a punto de morir por el impacto de una piedra y un alto dignatario, pariente del califa, falleció en el camino de regreso. Suñé interpreta estos reveses como la base histórica del relato cristiano, que exagera los hechos hasta convertir la casi-muerte del líder musulmán en su muerte y a un alto cargo en el propio califa.
El estudio también analiza la posible relación entre Torà y la batalla de Albesa, documentada en 1003 en los anales de Ripoll, donde murió el obispo Berenguer de Elna. A solo 10 km de Torá existe una sierra y una hondonada llamadas Albesa (municipio de La Molsosa, Solsonés), lo que plantea la posibilidad de que ambos combates estén vinculados. Sin embargo, una fuente árabe sitúa la «al-Mašša» cerca de Balaguer, en La Noguera, lo que complica la identificación. Suñé deja abierta esta cuestión, destacando la dificultad de conciliar las distintas fuentes, tal y como recoge la Universidad Autónoma de Barcelona.
Tras un análisis exhaustivo, Suñé concluye que no hay motivos para negar la existencia de la batalla de Torà. Aunque el relato de André de Fleury esté adornado con milagros y exageraciones, durante la aceifa de 1003, el ejército califal se topó con un contingente cristiano en Torá y fue derrotado, con la muerte de al menos un alto dignatario andalusí. La narración cristiana transformó este éxito defensivo en una victoria sagrada.
Este trabajo recupera así un episodio significativo de la violencia fronteriza medieval y muestra cómo la memoria de los hechos se moldeaba a través de la fe y la propaganda, revelando la complejidad de interpretar la historia en una época donde lo milagroso y lo militar a menudo se entrelazaban.
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