Los egiptólogos no dan crédito: desentierran una colosal estatua de Ramsés II después de casi un siglo oculta bajo toneladas de arena y está perfectamente conservada
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Recientemente, un equipo internacional de historiadores ha anunciado el hallazgo de una enorme estatua de Ramsés II que había permanecido enterrada bajo toneladas de arena y fragmentos de roca. Pero, ¿cómo pudo algo de tal magnitud estar oculto durante tanto tiempo? La explicación es tan sorprendente como el propio hallazgo. El entorno no sólo ocultó la estatua, sino que la fue preservando bajo una capa de sedimentos que actuó como una especie de cápsula natural durante casi un siglo. Ahora, el proceso de extracción es extremadamente delicado, ya que cualquier error podría dañar los rasgos del rostro del faraón, que aún conservan restos de su policromía original.
Ramsés II nació alrededor del 1.303 a. C. y falleció en el 1.213 a. C.; el tercer faraón de la dinastía XIX y uno de los protagonistas de uno de los reinados más extensos del Antiguo Egipto, superando las seis décadas en el trono. Conocido como Ramsés el Grande, su legado incluye tanto campañas militares destacadas, como la célebre batalla de Qadesh, como la construcción de complejos monumentales de gran magnitud, entre ellos los templos de Abu Simbel.
El sorprendente hallazgo de una estatua de Ramsés II
El descubrimiento en el yacimiento de Tel Faraoun, en la gobernación egipcia de Sharqia, ha sacado a la luz una enorme estatua que se cree podría representar a Ramsés II. El hallazgo, anunciado oficialmente por el Ministerio de Turismo y Antigüedades junto al Consejo Supremo de Antigüedades, refuerza la importancia histórica del delta oriental del Nilo como un espacio clave dentro del entramado político, religioso y administrativo del Antiguo Egipto.
La escultura, de aproximadamente 2,2 metros de altura y con un peso estimado entre cinco y seis toneladas, fue hallada sin su parte inferior y en un estado de conservación bastante deteriorado. Sin embargo, aún conserva elementos artísticos esenciales que permiten asociarla con la figura del faraón.Uno de los aspectos más reveladores es la hipótesis de que podría haber sido trasladada desde Pi-Ramsés, la capital fundada por el propio faraón, para ser reutilizada en un complejo religioso local.
Reubicar esculturas reales permitía ampliar la presencia simbólica del faraón más allá de su tiempo y del lugar donde fueron originalmente concebidas, funcionando como un recurso de propaganda y de legitimación política. De este modo, estas piezas no eran simples elementos decorativos o artísticos, sino instrumentos activos dentro de la construcción del poder estatal.
«Sabíamos que podría estar allí, pero no lo buscábamos específicamente», comenta Trnka-Amrhein, experta en papiros cuya tesis doctoral en la Universidad de Harvard, quien colaboró con Basem Gehad, arqueólogo del Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto. «Era posible que el resto de la estatua estuviera allí, pero fue una sorpresa total».
Claves para la historia egipcia
Trnka-Amrhein se encontraba en Estados Unidos esperando el nacimiento de su hijo cuando se encontró la estatua en el mes de enero. Ella y sus compañeros estaban entusiasmados, pero tuvieron que contener su emoción a la espera de nuevas excavaciones.
«Un problema de Hermópolis es su proximidad al Nilo. Tras la construcción de la presa baja de Asuán (en 1902), el nivel freático se convirtió en un gran problema. No había garantía de que la piedra estuviera en buen estado. A veces se descubre arenisca que en realidad es solo arena o caliza degradada», explica Trnka-Amrhein. «Podría haber sido simplemente un trozo de roca».
Excavaciones posteriores revelaron que el rostro faraónico se conservaba extraordinariamente bien. El equipo incluso halló restos de pigmento azul y amarillo antiguo que se pueden analizar para comprender mejor la época y las circunstancias de la creación de la estatua.
Religión en el Antiguo Egipto
Hisham el-Leithy, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, subrayó que este hallazgo constituye una evidencia relevante para el estudio de la dinámica religiosa y de poder en el Delta Oriental. Según explicó, este tipo de descubrimientos permite reconstruir con mayor precisión cómo se articulaban las redes de influencia entre los centros regionales y los grandes polos políticos del Antiguo Egipto.
El hallazgo también contribuye a esclarecer el fenómeno de la transferencia y reutilización de estatuas reales durante el Reino Nuevo, un proceso más habitual de lo que se pensaba y estrechamente ligado tanto a decisiones prácticas como a significados simbólicos. En esta línea, Mohamed Abdel Badie, jefe del sector de antigüedades egipcias del Consejo Supremo de Antigüedades, indicó que la escultura podría haber sido inicialmente ubicada en Pi-Ramsés y posteriormente trasladada a Tell el-Faroun, identificada en la Antigüedad como Imet o Imt.
Este desplazamiento habría tenido lugar en época faraónica, con el objetivo de reintegrar la pieza en un nuevo complejo religioso local. Lejos de ser un simple movimiento logístico, este tipo de prácticas reflejan una costumbre ampliamente documentada en el registro arqueológico egipcio, asociada tanto a la continuidad de los cultos como a la adaptación simbólica del poder en distintos territorios.