Casi nadie lo sabe pero el origen de Ferrero Rocher no es el que pensabas: la verdad está en la Virgen de Lourdes
El creador de estos famosos bombones eligió su nombre en honor a la gruta de Rocher de Massabielle
Los misterios y el milagro de la Virgen de Lourdes
Receta de Ferrero Rocher saludables con 4 ingredientes
Pocas marcas han conseguido que un simple bombón se convierta en todo un símbolo de celebración, de elegancia y que además no falte, casi nunca, en Navidad. Ferrero Rocher lleva décadas asociado a momentos especiales, tanto que muchos lo relacionan con campañas de lujo o anuncios icónicos de televisión. Sin embargo, detrás de esa imagen dorada hay una historia que suele quedar fuera del foco y que rara vez se cuenta: su raíz es espiritual, no comercial y relacionada con la Virgen de Lourdes.
La popularidad del bombón eclipsó un dato que sorprende incluso a los seguidores más fieles de la marca: el creador de los Ferrero Rocher tomó inspiración para su nombre de un lugar muy concreto de Francia, un enclave marcado por la devoción mariana y las peregrinaciones constantes. De este modo, y lejos de cualquier estrategia de marketing, podemos decir que la verdadera semilla de Ferrero Rocher nació en un sitio tan inesperado que transforma la manera en la que se mira este chocolate. Esa referencia escondida apunta a la gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes. Allí, según cuentan quienes trataron directamente a Michele Ferrero, surgió la idea que dio nombre al bombón. Es una historia que mezcla fe, tradición familiar y agradecimiento, y que conecta a uno de los empresarios más influyentes de Europa con uno de los lugares de peregrinación más importantes del mundo.
El origen de los Ferrero Rocher está en Lourdes
Aunque muchos lo desconocen, el término rocher en francés hace referencia a una roca o gruta. Y no una cualquiera: Ferrero eligió esta palabra por su vínculo personal con la gruta donde la Virgen María se apareció a Bernadette Soubirous en 1858. Para él, aquel espacio no era solo un lugar santo, sino un punto de referencia vital. Visitaba Lourdes con frecuencia, buscaba momentos de oración allí y, según quienes lo conocieron, mantuvo siempre una profunda devoción a la Virgen.
Ese lazo espiritual no se quedó en sus viajes personales. Colaboradores del santuario han explicado en varias ocasiones que el empresario animaba a sus propios empleados a viajar a Lourdes y vivir la experiencia de la peregrinación. De puertas para adentro, Ferrero era discreto; de puertas para afuera, su compromiso se manifestó en gestos concretos. Uno de los últimos ocurrió poco antes de su muerte en 2015, cuando una fuerte inundación dañó gravemente las instalaciones del santuario. Ferrero prometió ayudar en la recuperación y, tras su fallecimiento, fueron sus hijos quienes cumplieron la donación comprometida.
La historia empresarial que vino después
Mientras esa conexión espiritual permanecía en silencio, el bombón siguió su propio recorrido. La receta con la avellana entera, el barquillo crujiente y la cobertura dorada apareció en 1979 en Italia. Desde entonces, Ferrero Rocher se expandió por Europa a un ritmo vertiginoso, convirtiéndose en un producto icónico sin que el público conociera la historia que había inspirado su nombre.
Y a diferencia de otros chocolates nacidos de laboratorios o estudios de mercado, éste surgió de un recuerdo asociado a la fe. Para Ferrero, la gruta de Lourdes representaba algo más profundo que una referencia geográfica, dado que era el símbolo de una vida marcada por la devoción y la acción discreta. Por eso, quienes han estudiado su trayectoria suelen recordar que la empresa levantó un imperio global sin renunciar a esa dimensión espiritual que él mantuvo hasta el final.
Las apariciones de Lourdes y el significado que guardan
La gruta que inspiró el nombre es un punto central de la historia de Bernadette y de las 18 apariciones que, según la tradición, tuvieron lugar entre los días 11 de febrero y 16 de julio de 1858. Allí, miles de peregrinos acuden cada año para rezar, pedir intercesión o simplemente conocer un espacio que forma parte de la memoria religiosa europea. Es también el lugar donde brotó un manantial cuya agua sigue atrayendo a visitantes de todo el mundo.
Ese marco explica por qué Ferrero eligió precisamente esa referencia para bautizar uno de sus productos más emblemáticos. No era un gesto casual, sino la forma de rendir homenaje a un sitio que le acompañó durante décadas. Y quizá por eso, aunque la marca se ha globalizado hasta niveles extraordinarios, su nombre conserva esa raíz discreta que apenas se menciona en la publicidad.
Al final, la historia de Ferrero Rocher es también la historia de cómo una experiencia personal puede transformarse en un símbolo global sin perder su origen. La mayor parte del público piensa en el dorado, en la textura o en las celebraciones navideñas. Pero para entender el verdadero nacimiento del bombón hay que mirar hacia Francia, hacia la roca de Lourdes que inspiró una de las marcas más reconocidas del mundo. Quizá por eso este origen sorprenda tanto: porque no remite a una estrategia comercial, ni siquiera a un momento de innovación gastronómica. Remite a un acto íntimo de devoción. Y esa es la parte que casi nadie sabía.
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