Traición a la Ceuta española, el final del relato
La histórica invasión por parte de una avalancha de más de 80.000 personas de la ciudad española de Ceuta, cuestionando nuestra soberanía, ocurrida a finales del mes de julio de 2026, constituye un caso paradigmático de instrumentalización de los flujos humanos con dimensiones geoeconómicas y de guerra híbrida.
Algunos de ellos, ni siquiera la mayoría, cruzaron a nado y así está grabado por las cámaras de vigilancia de la frontera europea con África. Otros invasores lo hicieron bordeando las dañadas barreras fronterizas. Todos ellos lo hicieron de forma masiva, tras conocerse una sentencia del Tribunal Supremo que limitaba el uso de las devoluciones en caliente en determinados supuestos.
Una parte de los invasores regresó voluntariamente en 48 horas, pero casi 10.000 de ellos permanecen hoy, de forma irregular, en el territorio español de Ceuta, cuya población estable es de 85.000 habitantes. El gobierno todavía no los ha filiado ni censado, imprescindible para iniciar los trámites de expulsión. No se trata de una crisis migratoria, un fenómeno espontáneo o meramente humanitario; ha sido una invasión en palabras del presidente Vivas. Una crisis que se agrava cada día más.
Desde una perspectiva geoeconómica, la migración irregular masiva opera como un potente instrumento de presión asimétrica. Marruecos, con unas tasas de desempleo juvenil del 40%, dispone de una herramienta demográfica que cree saber modular en cada momento en su compleja relación con España. El control de las salidas de las personas hacia las ciudades españolas de Ceuta y Melilla, que son, además, la frontera terrestre de la Unión Europea con África, había otorgado a Marruecos, hasta la fecha, un poder de negociación en diferentes ámbitos geoeconómicos. Destaco los acuerdos sobre la captura pesquera, los flujos comerciales a través del Estrecho, las potentes inversiones en puertos como el de Tánger Med, que pretende competir con las instalaciones españolas portuarias de Algeciras, finalizando con la independencia del Sáhara Occidental, donde todo reconocimiento internacional refuerza la cuestionable posición marroquí.
Para España y la Unión Europea, el coste de esta irresponsable traición de Marruecos y del gobierno de la nación es inmediato y estructural. Ceuta, con una economía local limitada y una gran dependencia de las transferencias, está sufriendo una presión del todo inasumible sobre sus servicios públicos, como el alojamiento temporal, la salubridad, la limpieza y la seguridad. El colapso temporal de los centros de acogida y la necesidad de desplegar tanto efectivos militares como policiales está generando, además, unos gastos extraordinarios. En una semana se pasó de acoger a 180 menores a atender a 800, de los que el gobierno quiere trasladar 500 a la península.
A escala nacional, este increíble episodio alimenta el debate sobre el «efecto llamada», la sostenibilidad del sistema de asilo y la competencia en el mercado laboral de baja cualificación, aunque la mayoría de los que permanecen son jóvenes varones con unas expectativas de tránsito hacia la península primero y después al resto de países de la Unión Europea.
Geoeconómicamente, la crisis eleva el riesgo percibido de la frontera sur europea, afectando a la confianza inversora y obligando a reasignar recursos que podrían destinarse a otras prioridades como energía, infraestructuras o defensa convencional. Marruecos, en esta acción que ha permitido unos picos de presión evidentes, pretende además reforzar su papel como el «guardián» remunerado de la frontera europea, convirtiendo a la cooperación migratoria en un activo geoeconómico negociable.
La guerra híbrida combina medios cinéticos y no cinéticos por debajo del umbral de conflicto armado abierto. La instrumentalización de la inmigración está reconocida por documentos de la UE y de varios Estados miembros como una herramienta híbrida.
En la invasión de Ceuta se observan determinados elementos característicos de la guerra híbrida, tales como la dimensión y la sincronización, muy difíciles de explicar sin cierta permisividad o pasividad de las fuerzas de seguridad marroquíes en la zona de Castillejos. Así como la contribución a la amplificación previa a través de las redes sociales sobre rumores sobre unas fronteras abiertas tras la sentencia del Supremo; y el objetivo de generar saturación institucional, gran alarma social y desgaste político interno del gobierno de España.
El objetivo principal de esta acción para Marruecos sería erosionar la soberanía efectiva, generando unos costes políticos al Gobierno español, polarizando a la opinión pública europea, recordándole al gobierno español su dependencia de la cooperación marroquí. Ha sido una operación en la «zona gris» caracterizada por una ausencia inicial de una declaración de hostilidades, pero se vulnera de facto el control territorial. Digo inicial, porque diversos dirigentes de Marruecos nos han recordado su obsesión con hacerse con el control del territorio físico con un peligroso y más que cuestionable deseo geográfico de control del estrecho de Gibraltar en contra de la historia de la ciudad española de Ceuta y de los tratados internacionales.
El despliegue militar español, los incidentes posteriores que incluyen tensiones con la población local y ataques a militares españoles y la necesidad de centralizar la gestión bajo la rúbrica de una «situación de interés para la seguridad nacional» confirman que el episodio traspasó la mera gestión migratoria.
Los riesgos geopolíticos son evidentes, empezando por un deterioro potencial de las relaciones hispano-marroquíes pese a la retórica oficial de la gran cooperación que muchos no apreciamos, el cuestionamiento de la credibilidad española ante sus socios europeos y estadounidenses por una gestión desastrosa del control de nuestras fronteras y un más que posible contagio a Melilla. La frontera sur se convierte en un punto de fricción permanente que afecta la proyección española en el Magreb y en el Mediterráneo occidental. Militares españoles de origen marroquí, un tercio del total desplazado allí lo tiene, alertan a sus mandos de «presiones» de los servicios de inteligencia de Marruecos.
En lo que respecta a la seguridad y el orden público, la entrada masiva desbordó totalmente a los insuficientes efectivos de la Guardia Civil y Policía Nacional, obligando a movilizar al Ejército, generando confrontaciones entre militares, los vecinos y los inmigrantes invasores, incluyendo agresiones a soldados, quema de chabolas, dificultades en el reparto de ayudas fuera de las zonas habilitadas por el gobierno y agresiones de todo tipo.
La presencia prolongada de decenas de miles de invasores en una situación irregular en los espacios públicos ha elevado tanto la inseguridad real como la percepción por los ceutíes, dificulta la imprescindible lucha contra el narcotráfico y tensiona la hasta ahora gran cohesión social de una ciudad fronteriza.
Los riesgos sanitarios, existen y están documentados. Condiciones de hacinamiento, falta de agua potable e higiene han favorecido la aparición de numerosos casos de sarna, gastroenteritis y tuberculosis. El hacinamiento prolongado multiplica las vulnerabilidades. Negar o minimizar estos riesgos no elimina la necesidad de una criba sanitaria, de vacunación y de alojamiento adecuado, solo debilita la credibilidad de la respuesta.
La teoría del encuadre, desarrollada fundamentalmente por el politólogo Robert M. Entman, es uno de los pilares más importantes de la comunicación política y del estudio de los medios de comunicación, dado que ofrece la estructuración de cómo los textos mediáticos moldean la percepción de la realidad.
Encuadrar consiste en seleccionar algunos aspectos de una realidad percibida o crisis y hacerlos destacar en un relato, de manera que se promueva una definición particular del problema, una interpretación causal, una evaluación moral y una recomendación de tratamiento para el asunto descrito. De acuerdo con dicha teoría, no se trata solo de qué se informa, sino de cómo se presenta esa información para intentar guiar al público hacia una conclusión específica. Los dos mecanismos clave que utiliza el emisor son la selección, lo que se incluye y lo que se omite en la comunicación, y en segundo lugar, determinar el mensaje al que se le dará más importancia o visibilidad.
Según Entman, un adecuado encuadre cumple con cuatro funciones comunicativas dentro de un texto: definir el problema, determinar qué está ocurriendo, diagnosticar las causas, identificar las fuerzas, factores o actores que crearon el problema, atribuyendo la responsabilidad. En tercer lugar, realiza evaluaciones a los agentes causales y sus efectos directos y termina sugiriendo las soluciones y políticas para mitigar el problema.
El relato sobre el asalto de la ciudad española de Ceuta podría haber encuadrado la crisis como un problema de «disturbios públicos, inseguridad ciudadana, hurtos, reyertas, con 23 violaciones denunciadas, insalubridad, contagio de enfermedades que estaban controladas en la ciudad española Ceuta, delincuencia, disturbios con militares desprotegidos sin reglas ROE, directrices de uso de la fuerza letal y posible entrada de terroristas yihadistas justificando la intervención policial o militar».
Sin embargo, el gobierno ha preferido encuadrar el mismo hecho como una «crisis migratoria y humanitaria» causada por la desigualdad, poniendo el centro en el drama humano y social de los invasores que se presentan como desprotegidos. La solución propuesta es una mezcla cambiante cada día de asilo, cooperación, acogida e integración, incluida la dispersión de las personas por la península. Vemos que, aunque ambos encuadres se refieren al mismo hecho, producen reacciones totalmente distintas del público.
El Gobierno de Pedro Sánchez, en una maniobra de intento de externalizar su propia responsabilidad política, ha optado por un encuadre que combinaba inicialmente la condena a la «violación de la integridad territorial» con la atribución a «mafias» que habrían distorsionado la sentencia del Supremo, exculpando totalmente a Marruecos citando informes del CNI y afirmando el éxito de la cooperación marroquí una vez más. El relato gubernamental posterior se ha completado resaltando la hipótesis de injerencias extranjeras con fake news vía redes sociales, incluyendo posibles actores rusos, de Israel y nombrando al propio Elon Musk.
Ha evitado sistemáticamente señalar a Marruecos, a cuyas autoridades exime de toda responsabilidad ante su evidente permisividad o de una estrategia deliberada para desestabilizar la vida cotidiana de la ciudad española de Ceuta, basando el éxito de la solución de la crisis en la imprescindible cooperación de Marruecos. Este enfoque busca preservar la relación bilateral, manteniendo un discurso coherente con la narrativa de la gestión humanitaria.
Reconocer abiertamente la dimensión de guerra híbrida o de presión geopolítica habría justificado una serie de medidas mucho más contundentes, como la declaración de emergencia de protección civil y un mando único, el reforzamiento permanente de la frontera con apoyo de la europea Frontex y de la OTAN en clave de amenaza híbrida, además de emprender una presión diplomática coordinada con la Unión Europea.
Si se hubiera presentado la invasión como un riesgo real y evidente de seguridad nacional y de orden público desde el primer momento, se habría legitimado el despliegue militar y las devoluciones rápidas ante toda la opinión pública europea. En este sentido, gestionar los riesgos sanitarios reales de una forma proactiva con un cribado masivo, un aislamiento temporal de los casos diagnosticados y una información transparente habría neutralizado tanto los alarmismos como los desmentidos posteriores.
Al no haberlo hecho, el gobierno español ha cedido todo el terreno narrativo a la oposición, cuyo relato hace referencia a términos como «invasión», «ataque híbrido», abandono y traición a la ciudad española de Ceuta. Es una realidad la percepción que tenemos hoy, una mayoría de los españoles, de que el gobierno está minimizando los peligros geopolíticos, con una enfermiza dependencia de Marruecos, de seguridad, desbordamiento y violencia posterior y sanitarios y de salud; las condiciones de insalubridad, todas ellas, están generando una gran desafección local y nacional.
Medidas como la disculpa de la ministra de Defensa, la centralización de la gestión y la solicitud de ayuda al Frontex han llegado muy tarde, cuando el relato ya está polarizado y es una realidad constatar que el gobierno está jugando con la desesperación de los ciudadanos españoles de Ceuta, incluso acusándolos injustamente de xenófobos con reproches de trato a los inmigrantes como si fuesen potenciales delincuentes.
La paciencia de los españoles de Ceuta se agota porque el gobierno los ha llevado al límite tras haberles robado de momento el verano y, si no se remedia, la posibilidad de retornar a su tradicional convivencia y paz social. Un encuadre más realista, menos sectario y anticipatorio, que combinara la dimensión humanitaria con el reconocimiento explícito de la invasión y la amenaza híbrida y sus riesgos asociados, habría permitido al Gobierno presentar una respuesta de Estado mucho más coherente, recuperando la iniciativa del relato ante una crisis que, por su escala y contexto, trascendía con mucho la gestión ordinaria de los flujos migratorios. Ya es tarde para hacerlo y el fin de la legislatura queda ya muy próximo.
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