¡Alerta! Los grandes fondos limitan los reembolsos como en 2008
Como alertó OKDIARIO los primeros días de la guerra de Irán (y los demás medios hicieron después), el conflicto ya nos ha impactado de lleno al poner gasolina al coche, empieza a notarse en la cesta de la compra -y lo que te rondaré, morena-, se trasladará al recibo de la luz y el gas, y también encarecerá las hipotecas.
Pero el efecto más preocupante de la situación geopolítica es algo que ha pasado mucho más desapercibido para el común de los mortales. Varios grandes fondos de inversión de capital privado -no invierten en empresas cotizadas sino en otros activos, lo que aquí llamamos erróneamente capital riesgo- han suspendido los reembolsos de sus clientes por la dificultad para valorar dichos activos con la volatilidad actual y porque había unas solicitudes masivas de salida; es decir, pánico inversor.
Este cierre de fondos empieza a ser generalizado, ya que se ha producido en gigantes de la inversión como Morgan Stanley y BlackRock, y también en firmas especializadas como Blue Owl y Cliffwater. La mayoría de estos vehículos invierte en crédito privado, es decir, presta dinero a empresas al margen de los bancos o compran la deuda que éstas emiten en mercados (deuda privada por oposición a la deuda pública de los Estados). Una fórmula que se ha utilizado masivamente en el sector del software, ahora amenazado de muerte por la inteligencia artificial.
La primera señal de esta crisis la dio la quiebra de las firmas norteamericanas de componentes de automóvil First Brands y Tricolor Brands, dependientes del crédito privado. Y ya había habido voces importantes que alertaban de que había una burbuja en este sector: el mismísimo consejero delegado de JP Morgan, Jamie Dimon, calificó estos casos de «cucarachas», y añadió que, «cuando ves una cucaracha, probablemente haya más». La semana pasada, la tensión se agravó con la quiebra de la firma británica MFS, dedicada a esta actividad.
2008 se repite
¿Por qué es esto preocupante? Porque la gran crisis financiera de 2008 fue anticipada por el colapso de los fondos (hegde funds) de Peloton Partners, que se dedicaban… exacto, al crédito privado. Y, además, aquello coincidió con una escalada espectacular del precio del petróleo, ¿les suena? Entonces llegó a 150 dólares por barril; ahora, de momento, vamos por 100, pero quién sabe hasta dónde llegaremos.
No hace falta recordar que la gran crisis financiera acabó como el rosario de la aurora: con los principales bancos del mundo rescatados con dinero público para evitar su quiebra, dinero que pudieron devolver con la recuperación posterior. En España, como Zapatero decía que nuestros bancos jugaban en la «Champions League», retrasamos el rescate hasta que fue demasiado tarde, y por eso no se va a recuperar el grueso de lo inyectado. Pero lo relevante fueron las consecuencias: un desplome sin precedentes de los mercados, una durísima recesión doble con su correspondiente empobrecimiento y paro, etc.
¿Puede repetirse ahora aquella catástrofe? Puede, pero es verdad que ahora las cosas son muy diferentes de entonces. Para empezar, el mercado de crédito privado ahora es más pequeño que entonces, aunque se trata de una cifra nada desdeñable: unos 2 billones de dólares.
Mejor preparados, pero…
En segundo lugar, la banca mundial -que no sólo es rival del crédito privado, sino también su prestamista, contraparte y proveedora de servicios-, que es por donde puede venir una crisis importante, es mucho más sólida para resistir shocks como la subida del petróleo.
Así, Pablo Hernández de Cos, ex gobernador del Banco de España y ahora presidente del Banco Internacional de Pagos, explica que el capital de máxima calidad (Tier 1) del sector en el mundo se encuentra en el 14,3% cuando en 2011 estaba por debajo del 10%. Asimismo, los activos líquidos de mayor calidad han crecido un 55% desde ese año y la financiación estable lo ha hecho en un 40%.
Además, estos fondos de inversión no tienen por qué valorar sus activos inmediatamente a precio de mercado (mark to market), sino que los reembolsos se permiten en ventanas que se abren cada cierto tiempo. Por eso, el pinchazo de la burbuja de crédito privado se parece más a un globo desinflándose poco a poco que a uno estallando de golpe, según Gillian Tett, del Financial Times.
Pero tampoco hay que relajarse. Si la guerra se prolonga y el Estrecho de Ormuz sigue cerrado, el petróleo seguirá subiendo y los movimientos que hemos visto en el mercado de bonos serán mucho más graves. Un desplome de la deuda sí que puede tener consecuencias catastróficas, como ya empiezan a avisar los responsables de los bancos españoles. Por el bien de todos, que la guerra se acabe cuanto antes.
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