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Economía
Oro

La mayoría de la gente lo tira a la basura sin saber que éste objeto que tenemos todos en casa contiene oro

Investigadores de la ETH de Zúrich han desarrollado un curioso método que permite extraer oro de los ordenadores viejos

Un ordenador viejo es algo que todos podemos tener en casa desde hace años sin que sepamos muy bien qué hacer con él, sobre todo si ya no funciona y tampoco merece la pena arreglarlo. Al final acabamos por tirarlo o llevarlo a un punto limpio, pero lo que seguramente muchos no saben es que entre sus componentes hay metales que tienen valor y uno de ellos es el oro.

Evidentemente, no es que al abrir el ordenador vayamos a encontrar una pepita dentro, pero sí hay pequeñas cantidades de este metal en las placas base y en otros componentes electrónicos. Y aunque esto no es algo nuevo, el problema siempre ha estado en cómo recuperar ese oro sin que el proceso acabe siendo demasiado caro o implique utilizar métodos poco sostenibles. Y aquí es donde unos investigadores de la ETH de Zúrich parecen haber encontrado una solución bastante curiosa, ya que han conseguido hacerlo utilizando un producto que procede de la elaboración del queso. De hecho, en una de las pruebas trabajaron con 20 placas base antiguas y lograron obtener unos 450 miligramos de oro, demostrando que ese ordenador que consideramos viejo y sin valor todavía puede esconder algo que merece la pena recuperar.

La mayoría de la gente lo tira a la basura sin saber que éste objeto contiene oro

Los residuos electrónicos no son simplemente plástico, cables y piezas que han dejado de funcionar. En su interior podemos encontrar distintos metales con valor, entre ellos cobre, cobalto y también oro, y esto hace que recuperar los materiales de ordenadores y teléfonos que ya no utilizamos tenga cada vez más interés.

El oro lleva años utilizándose en electrónica, aunque hablamos de cantidades pequeñas y repartidas entre sus componentes. Lo interesante por tanto no está en desmontar el ordenador en busca de una gran cantidad de oro, sino en recuperar el metal cuando lo que sí se tiene son grandes cantidades de residuos electrónicos. Eso es lo que ha hecho el equipo dirigido por el profesor Raffaele Mezzenga. A partir de las partes metálicas de 20 placas base consiguieron una pepita de unos 450 miligramos, compuesta aproximadamente por un 91% de oro y el resto principalmente cobre, lo que equivale a unas 22 quilates.

El sorprendente papel que tiene el queso

Quizás lo más curioso de todo el proceso no sea que nuestros aparatos electrónicos tengan oro, sino el material que los científicos han utilizado para recuperarlo. El equipo empleó proteínas procedentes del suero de leche, un subproducto de la industria alimentaria que se obtiene, entre otros procesos, durante la elaboración del queso. A partir de estas proteínas consiguieron crear una especie de esponja formada por fibrillas proteicas capaz de atrapar el oro.

Para conseguirla, las proteínas del suero se trataron en condiciones ácidas y a altas temperaturas hasta formar nanofibrillas en un gel, que posteriormente se secó. Por otro lado, las partes metálicas de las placas base se disolvieron para convertir los metales en iones. Es entonces cuando entró en juego esta particular esponja, ya que los iones de oro se pegaron a sus fibras con mucha más facilidad que otros metales, lo que permite recuperarlos posteriormente.

De 20 placas base a una pepita de oro

Una vez que la esponja había capturado el oro todavía quedaba otro paso. Los investigadores la calentaron para obtener pequeñas escamas que después pudieron fundir hasta conseguir la pepita. Más allá de los 450 miligramos obtenidos, hay otro dato que hace especialmente interesante el experimento. Según los cálculos realizados por Mezzenga, el coste de los materiales y de la energía utilizados en el procedimiento sería unas 50 veces inferior al valor del oro recuperado.

Los investigadores quieren ahora seguir desarrollando la tecnología con la intención de que pueda llegar al mercado. También estudian utilizar este procedimiento con otros residuos, entre ellos los generados durante la fabricación de microchips o en determinados procesos industriales de chapado en oro.

No deberíamos tirar los aparatos electrónicos a la basura

Todo esto no significa que podamos abrir un ordenador antiguo en casa y sacar el oro que contiene. El procedimiento requiere el uso de ácidos y diferentes procesos de laboratorio, de modo que no estamos ante un método que podamos realizar por nuestra cuenta. Lo que sí pone de manifiesto es el valor que todavía pueden tener los residuos electrónicos. Un ordenador que lleva años guardado, un teléfono que ya no funciona o determinadas piezas contienen materiales que pueden recuperarse y volver a utilizarse en lugar de acabar desperdiciados.

La investigación tiene además una peculiaridad, y es que permite aprovechar dos materiales que podían convertirse en residuos. Por un lado tenemos el suero procedente de la industria alimentaria y por otro los componentes electrónicos, que en este caso sirven para recuperar un metal precioso. Así que ese ordenador viejo que tenemos por casa seguramente no vaya a hacernos ricos, pero tampoco es simplemente un montón de piezas sin valor. En su interior puede haber oro y otros metales que todavía se pueden aprovechar, aunque para recuperarlos sea necesario recurrir a procesos especializados.