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La inversión ISR: ¿moda o estilo?

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Creo que fue Coco Chanel quien en una ocasión dijo algo así como; “las modas son pasajeras, pero los estilos permanecen”.

Y es que cuando hablamos de la inversión que sigue criterios socialmente responsables (ISR) muchos aún son de la opinión de que se trata tan solo de una moda temporal; algo propia de activistas o de generaciones de jóvenes como los millenians o Z. En este sentido, aún siguen pensando que la comercialización de productos éticos- aquellos que, por ejemplo, tienen muy claro la importancia de la igualdad de género, el hecho de tomar conciencia de que es preciso actuar frente al cambio climático, o que no vale todo a la hora de hacer negocios-, se hace de forma reactiva y sólo porque una parte pequeña de la sociedad con ahorros lo demanda. Pero es un tipo de inversión que, como tantas otras modas, terminará pasando.

Sin embargo, creo que se trata de una tendencia que poco a poco va cambiando dejando de ser sólo una moda de unos pocos idealistas y pasando a convertirse en una auténtica filosofía de gestión, de inversión y, ¿por qué no?, de estilo de vida.

Como me sucede a mí, por suerte, cada vez hay más inversores que creen firmemente en que la inversión bajo criterios ISR no sólo crea valor en forma de rentabilidad, sino también en forma de mejoras de vida para nuestro planeta (nuestro hogar) y para toda la sociedad.

Aunque es algo objetivo que las nuevas generaciones son más receptivas a las inversiones socialmente responsables, este tipo de gestión e inversión va ganando cada día más adeptos pues existe la sensación, y también la conciencia, de que no hay tiempo que perder para tener un mundo mucho más justo y más sano. Y, por ello, desean que sus ahorros, sus dineros se destinen a este tipo de temáticas pues si gana el planeta…piensan que ellos también ganarán. No es una cuestión de conseguir, por tanto, una determinada rentabilidad monetaria, sino de invertir en bienestar social y medioambiental de cara a futuro. Al futuro de todos.

Ahora bien, y llegados a este punto, aparte de tomar conciencia de que es un tipo de inversión con claros beneficios sociales, ¿invertir bajo este tipo de criterios también puede hacernos ganar dinero? Mi respuesta es un rotundo sí.

Aunque en cierta forma aquellas compañías que adoptan este tipo de criterios socialmente responsables ven aumentar sus gastos, por la inversión que deben llevar a cabo en la implementación de procesos, a la larga estos costes se traducen en claros beneficios. Aspectos tan positivos como reducir los riesgos normativos, los medioambientales o, incluso, en la gobernanza de la propia entidad. Pero no sólo está el tema de mantener una buena reputación empresarial, diversos estudios demuestran que aquellas empresas que siguen estos criterios ISR también incremental su valor patrimonial.

Asimismo, muchas compañías, por el mero hecho de que existan otras que trabajan con estos  criterios ISR, han visto cambiar sus propios modelos de negocio como por ejemplo ha sucedido con los astilleros en nuestro país que, en estos instantes, ya no sólo fabrican barcos sino también aerogeneradores.

Por lo tanto, los criterios medioambientales o socialmente responsables han pasado de ser ideales de unos pocos ciudadanos a ir calando en muchos gobiernos, en empresas y en inversores que cuentan con ahorros y desean invertirlos siguiendo estos criterios.

En el mundo de la inversión colectiva -fondos de inversión, SICAVs, planes de pensiones…- cada vez hay más productos que siguen estos criterios ISR. Así encontramos fondos que invierten en empresas potabilizadoras de agua en el mundo emergente, en la generación de energías limpias, en la atención sanitaria, en alimentos bajos en azúcar, y en un largo etc. Gestoras como Robeco AM; Dregroff Petercam; BMO; Alliance Bernstein o BNP Paribas, entre otras, cuentan con fondos de inversión muy interesantes en este tipo de productos socialmente responsables.

No nocivos

Pero lo más importante ya no es el número en sí, sino que los propios analistas y gestores de los mismos han pasado de seleccionar sólo aquellos activos financieros que no fueran nocivos a la sociedad a dar un paso mucho más importante como es el hecho de buscar aquellas empresas que, por seguir criterios sostenibles, generen valor a los accionistas y bonistas de las mismas. Además, para estos profesionales de la gestión de activos, también es fundamental que toda la cadena de producción y de valor deba ser socialmente responsable. Es decir, no sólo son importantes los fines sino también lo son los medios para lograrlos.

En la película ‘Lilo & Stich’ hay un momento en el que se dice “Ohana significa familia, y la familia no deja a nadie atrás u olvida”. En definitiva, lo que empezó siendo una inversión “nicho” ha pasado a ser una filosofía de gestión e inversión que no sólo mejora la reputación de las empresas que los siguen sino que trata de mejorar al medio ambiente y a humanizar cada vez más nuestra sociedad….A no dejar atrás a nadie.

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