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El enrevesado método de Ecoembes para reciclar: una webapp que incentiva el uso del plástico

Reciclar cada vez es más complicado. Eso es lo que ha conseguido Ecoembes con Reciclos, uno de las proyectos del ‘lobby’ del reciclaje basado en la tecnología. Se trata de un sistema digital que nació hace dos años con la vocación de convertirse en el reciclaje del futuro. Sin embargo, el acceso y el uso del mismo no sólo es confuso, sino que realmente incentiva el consumo del plástico, según denuncian diversos expertos en medioambiente

Reciclos es un Sistema de Devolución y Recompensa (SDR) que premia a los ciudadanos que reciclan sus latas y botellas de plástico de bebidas a través de los llamados incentivos verdes. Esta es la primera crítica que ha recibido la iniciativa. Está basado en un sistema de incentivos gestionado por los ayuntamientos, y no de retorno gestionado por los comercios (el llamado SDDR que está implantado en diferentes países europeos), lo que significa que los usuarios reciben recompensas por fotografiar el código de barras del producto que vaya a reciclar, pero no tiene la obligación de devolver el envase al establecimiento, como sí obliga el otro sistema de reciclaje. Es decir, no hay forma de confirmar que el envase en cuestión se deposita adecuadamente en el contenedor amarillo, salvo que se utilicen las pocas máquinas de recompensas que Ecoembes ha comenzado a instalar en lugares de alta afluencia.

“Ecoembes no premia el reciclaje, premia el consumo de envases de usar y tirar. Es un sistema perverso, ya que se está invitando a la gente a comprar más envases de usar y tirar”, denuncian expertos mediombientales a este periódico. ¿Y qué pueden ganar los usuarios ? Desde patinetes eléctricos hasta billetes de tren.

En cuanto a su uso, para poder reciclar a través de Reciclos hay que darse de alta en la webapp del sistema, un proceso que conlleva hasta seis pasos y en el que el usuario debe facilitar diversos datos personales. Posteriormente, es necesario verificar el alta a través de un link que le llega al teléfono móvil. Para acceder al sistema de incentivos, el consumidor tiene que fotografiar con el móvil los códigos de barras de las latas o botellas de plástico que haya consumido y quieran reciclar. Después, debe escanear otro código QR ubicado en el contenedor donde vaya a depositar los envases, lo que le hará sumar puntos para conseguir premios.

La web de Ecoembes explica que el desarrollo tecnológico de Reciclos incorpora innovación en materia de blockchain, inteligencia artificial y reconocimiento de imagen y que su objetivo es «el modelo de reciclaje tradicional, es decir, el que se hace a través del contenedor amarillo, evolucione gracias a la tecnología móvil».

Manipulación de cifras

Diversas organizaciones ecologistas han denunciado repetidamente a Ecoembes por manipular las cifras de reciclaje. Desde Greenpeace aseguran que el ‘lobby’ sólo recicló un 25% de los envases de plástico en 2017, mientras que la entidad sin ánimo de lucro eleva al 70% el total de envases desechables reciclados.

Más allá de las acusaciones sobre la manipulación de cifras, Ecoembes también tiene un frente abierto con Hacienda, que le reclama más de 21 millones de euros por el Impuesto de Sociedades de los años 2013 a 2016. Sobre esta reclamación existe un procedimiento abierto por discrepancia a la hora de contabilizar unos ingresos.

Además, y pese a ser una entidad sin ánimo de lucro, la cúpula de la organización se ha subido el sueldo un 42% en los últimos cuatro años, hasta sumar más de dos millones de euros, unos sueldos disparados y en línea con lo que cobran grandes directivos de empresas.

En paralelo, el Gobierno está ultimando un Anteproyecto de Ley de Residuos y Suelos Contaminados que favorece los intereses de la polémica organización Ecoembes.

En concreto, los artículos 10.4 -sobre los costes de la gestión de residuos-, y el 38.2.k -sobre los requisitos mínimos generales aplicables al régimen de responsabilidad- limitan expresamente el acceso a la información sobre la cantidad de materiales que entran al mercado, favoreciendo los intereses del polémico ‘lobby’ Ecoembes.