NVIDIA depende de un puñado de gigantes: 3 clientes generan el 44% de sus ventas
Nvidia ya no es sólo el proveedor tecnológico mundial, ahora financia el despliegue de la IA con los riesgos que conlleva
La última temporada de resultados ha vuelto a confirmar que Nvidia continúa siendo, por el momento, el gran ganador de la revolución de la inteligencia artificial.
La compañía que dirige Jensen Huang superó ampliamente las expectativas del mercado tras registrar un crecimiento interanual de sus ingresos del 106%, mientras que la verdadera sorpresa para los inversores llegó con sus planes de futuro. Nvidia proyecta un crecimiento de las ventas cercano al 70% para el ejercicio fiscal 2028, muy por encima del 40%-45% que esperaba el consenso del mercado.
Los buenos resultados se atribuyen a la demanda de infraestructura para inteligencia artificial, que continúa siendo extraordinariamente elevada. Sin embargo, detrás de estas cifras también empiezan a aparecer algunas sombras; no tanto en relación con la demanda actual, sino con la sostenibilidad financiera del ecosistema que está alimentando esa demanda.
Riesgos concentrados en unos pocos
Para los analistas de XTB, uno de los principales riesgos es la elevada concentración de clientes. En el trimestre fiscal cerrado el 26 de julio de 2026, un único cliente directo representó el 16% de los ingresos de Nvidia.
En el conjunto del semestre, los tres principales clientes concentraron el 44% de la facturación, frente al 35% que sumaban los dos mayores clientes en el mismo periodo del año anterior. La concentración también se observa en las cuentas a cobrar: prácticamente la mitad depende de tres clientes y alrededor del 70% de cinco.
Aunque Nvidia no publica la identidad de sus clientes, el mercado identifica entre los grandes compradores a los principales hiperescaladores tecnológicos, junto a compañías que están realizando enormes inversiones en inteligencia artificial, como OpenAI, Anthropic o, en determinados proyectos, otros grandes desarrolladores de infraestructura tecnológica.
No obstante, para Pablo Vega de Roams, el principal riesgo no es que Microsoft, Amazon, Alphabet o Meta tengan dificultades financieras para pagar. El verdadero problema es que sus decisiones de inversión pueden estar altamente correlacionadas.
Estas compañías compiten por la misma tecnología, responden a expectativas similares sobre el crecimiento de la inteligencia artificial y podrían revisar sus planes de gasto prácticamente al mismo tiempo si la rentabilidad de esas inversiones no cumple con lo esperado.
Además, su enorme volumen de compra les proporciona poder de negociación y varias de ellas están desarrollando sus propios procesadores como los TPU de Google o Trainium de Amazon.
Y es aquí donde Nvidia encuentra una de sus amenazas; si dos o tres grandes compradores toman la decisión de retrasar nuevos centros de datos, alargar la vida útil de sus equipos o trasladar parte de sus cargas de trabajo hacia chips propios, podría poner en cuestión, a largo plazo, la capacidad de Nvidia para mantener indefinidamente su cuota de mercado y su poder de fijación de precios, especialmente en determinadas áreas como la inferencia.
Mirada puesta en OpenAI y Anthropic
En este contexto, Amazon, Microsoft, Alphabet y Meta continúan siendo compañías con negocios muy rentables y una enorme capacidad de generación de caja. Precisamente por ello, la sostenibilidad de la inversión en inteligencia artificial de los grandes hiperescaladores no es, por ahora, una alarma para el sector.
La situación es diferente en empresas como OpenAI, Anthropic o los denominados neoclouds, que se encuentran todavía en una fase de construcción, caracterizada por enormes necesidades de capital para desarrollar modelos, adquirir capacidad computacional y construir infraestructuras.
La cuestión fundamental no es si podrán financiarse este año o el próximo. Con el interés actual de los mercados privados y la posibilidad de futuras salidas a bolsa o emisiones de deuda, es probable que sigan teniendo acceso al capital durante algún tiempo.
El verdadero interrogante se sitúa más lejos, probablemente en un horizonte de dos a cinco años. Si estas compañías continúan necesitando enormes cantidades de capital sin lograr avances suficientes en la generación de caja, los inversores podrían empezar a exigir una rentabilidad más clara a las inversiones realizadas. Y en ese momento la financiación podría convertirse en un problema.
Cambio de estrategia
Este riesgo es especialmente relevante porque Nvidia ya no se limita a vender chips. La compañía está impulsando una nueva estructura de financiación para acelerar la construcción de infraestructura de inteligencia artificial.
Nvidia anunció recientemente alianzas con Apollo, BlackRock, Blackstone, Brookfield, Goldman Sachs y KKR para crear plataformas capaces de movilizar más de 500.000 millones de dólares de capital de terceros destinados a infraestructura de computación para IA.
En este sentido, las empresas que necesitan financiación para comprar infraestructura pueden convertirse, al mismo tiempo, en clientes de Nvidia, mientras que Nvidia participa directamente o indirectamente en la creación de mecanismos que facilitan esa financiación.
En esta línea, la compañía tiene comprometidos miles de millones de dólares con proveedores de nube, ha asumido garantías relacionadas con centros de datos y mantiene acuerdos destinados a movilizar cientos de miles de millones de dólares de capital de terceros.
Estas cifras, explica Vega, no implican necesariamente deuda directa, pero sí muestran que sostener el ritmo actual de crecimiento exige movilizar cantidades de capital cada vez mayores.
Por ello, si las expectativas de demanda no se cumplen, las pérdidas pueden propagarse con mayor facilidad entre compañías que están financieramente interconectadas.
Con todo esto, si la monetización de la inteligencia artificial se retrasa, si compañías como OpenAI y Anthropic necesitan cada vez más capital o si los grandes hiperescaladores empiezan a revisar sus inversiones al mismo tiempo, el impacto podría trasladarse rápidamente al resto del círculo y afectar a la demanda de infraestructura de Nvidia, y en última instancia, a las expectativas que tiene el mercado sobre la compañía.
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