Cuatro claves para hacer frente a una inversión fallida
Toda inversión siempre conlleva un riesgo. Por lo tanto, puede ser exitosa o, por el contrario, acarrear pérdidas. En este último caso, es normal que haya una decepción. Es dinero del cual se esperaba una rentabilidad y que, por el contrario, se ha perdido. Es imposible predecir el futuro y, por lo tanto, aunque se hagan estudios y proyecciones de mercados, existen una serie de aspectos que son del todo incontrolables y que provocan que el nivel de riesgo suba algún peldaño. A continuación, explicaremos algunos consejos sobre cómo afrontar esta situación.
¿Cómo afrontar una pérdida en una inversión?
Ante una inversión que no ha dado los beneficios esperados, hay que evitar reacciones extremas. Así pues, se aconseja lo siguiente:
· No querer recuperar enseguida el importe perdido. Cuando perdemos alguna cosa, lo más normal es que queramos recuperarlo cuanto antes mejor. En términos de inversión, aquéllas que pueden dar unas mayores rentabilidades a corto plazo son también las más arriesgadas. Por lo tanto, es imprescindible realizar los estudios pertinentes y asegurarse al máximo de la idoneidad de ella. En caso de no estar completamente seguros, se recomienda optar por otras inversiones a largo plazo. Aunque se recupere el importe en un plazo mayor, se disminuye el riesgo.
· No retraerse si se tiene capacidad para invertir. Del mismo modo que ante una pérdida una de las posibles reacciones es intentar de una forma excesivamente desenfrenada recuperar el capital perdido, puede ocurrir también lo contrario: miedo a llevar a cabo una nueva inversión, aunque se tenga la posibilidad de hacerlo. Esta posición más conservadora comportará una posible pérdida de oportunidades. Si se cree que existe una inversión que puede ser adecuada, no se debe dejar de hacerla. Un fracaso pasado no significa otro futuro.
· Aprender de la experiencia. En Estados Unidos, por ejemplo, cuando una persona quiere abrir un nuevo negocio después de no haber tenido éxito en uno anterior, las entidades financieras son más proclives a dar la financiación necesaria porque entienden que, aunque no le haya salido bien, este emprendedor ha adquirido unos conocimientos que otros no tienen. Aquí, por el contrario, ocurre al revés: si no se ha tenido acierto en el pasado, ya se cree que tampoco se tendrá en el futuro. La primera mentalidad es la que debemos emprender. Si algo no ha funcionado, hay que analizar el por qué y, en el futuro, actuar de tal manera que no se vuelva a repetir la misma equivocación.
· Pensar en un posible cambio de gestor. En caso que las inversiones las gestione algún gestor y no lo haga uno mismo, se puede buscar en el mercado otros profesionales. En este caso, el cambio debe pensarse de acuerdo a las circunstancias en las cuales se ha producido la pérdida. Si es debido a un aspecto extremadamente extraño o sobre el cual no se tenía capacidad de incidencia, entonces la propia dificultad ha sido la causa del fallo de la inversión. Ahora bien, si se trataba de un aspecto fácilmente reconocible, entonces es que el gestor no ha demostrado los conocimientos necesarios para llevar a cabo una correcta gestión.
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