Septiembre se llevó por delante a Carlos Bucero
Gil Marín ha perdido la confianza en el director de fútbol, al que ha sustituido por Mateu Alemany
El club cree que no ha aprovechado los grandes recursos económicos que pusieron a su disposición
El Atlético ha gastado 400 millones en fichajes en los dos últimos años sin que se haya traducido en nada positivo
Septiembre se llevó por delante a Carlos Bucero. Tanto el Mundial de clubes como los tres primeros partidos de Liga en agosto ya le dejaron muy señalado, y al final el director general de fútbol que sustituyó a Andrea Berta en enero de 2024 ha acabado perdiendo la confianza de Miguel Ángel Gil Marín, que la semana pasada anunció el fichaje de Mateu Alemany para sustituirle, aunque la operación se maquilló adecuadamente desde el departamento de Comunicación para no hacer tan evidente el relevo. Bucero queda relegado a funciones residuales y todo hace indicar que su etapa en el Atlético tocará pronto a su final.
Mateu Alemany es a partir de ahora el máximo responsable en la planificación de la plantilla. Él será quien confeccione, en colaboración con Simeone, tanto el mercado de invierno como el de verano, en el que por cierto podría haber bastantes novedades. A Bucero se le otorgó un músculo financiero muy importante con el objetivo de reducir las diferencias entre Real Madrid y Barcelona, pero lo cierto es que no lo ha conseguido pese a haber gastado en fichajes más de 400 millones de euros en las dos últimas ventanas de mercado, una barbaridad de dinero del que no dispusieron ni de lejos sus predecesores, comenzando por el italiano Andrea Berta, ahora en el Arsenal.
Las decisiones de Carlos Bucero se han revelado totalmente equivocadas, no tan sólo por el rendimiento que han dado la mayoría de jugadores que ha traído al equipo, sino sobre todo por el precio que ha pagado por la mayoría de ellos, que se considera en muchos casos sobredimensionado. Se han desembolsado cantidades astronómicas por futbolistas que no lo valen, con casos tan flagrantes como los 38 millones de euros invertidos en los italianos Ruggeri y Raspadori, ninguno de los cuales es titular para Simeone, o los 37 millones que costó el noruego Sorloth. Incluso se la achaca haber traído a jugadores para posiciones que ya estaban ocupadas, como Almada, que se mueve en una demarcación muy similar a la de Álex Baena, o los 20 millones que costó Pubill, una cantidad fuera de mercado para un futbolista de Segunda División, y más siendo defensa.
La era de Carlos Bucero ha llegado a su fin en el Atlético de Madrid y ahora se trata de desandar lo andado en muchos casos para convertir al equipo en un verdadero outsider a Real Madrid y Barcelona. Eso, claro, si se consiguen encontrar los fondos necesarios, porque tras 400 millones gastados en dos años -aunque en traspasos se ha recuperado parte de la inversión- la tesorería está bajo mínimos, lo que obligará a Mateu Alemany a tirar de imaginación para reforzar una plantilla que pide a gritos cubrir con futbolistas de garantías varias posiciones.
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