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APROBÓ EL EXAMEN Y FUE UN COLOSO POR ARRIBA

Kepa demostró lo que vale

Kepa Arrizabalaga saltaba a San Mamés como si de un día más se tratase. Pero no era así. El portero de Ondárroa jugaba con su pasado y su presente y se enfrentaba al que puede ser su  futuro. El Real Madrid le quiere y el vasco quiere ir al Madrid. Su aterrizaje en el Bernabéu parece cuestión de tiempo, incluso se le podría ver por la capital de España el próximo mes de enero. Pero de momento defiende los colores rojiblancos y así lo hizo durante 90 minutos.

La primera mitad fue tremendamente plácida para el guardameta. Si es cierto que el Real Madrid salió enchufado, también es una realidad que sólo un disparo de Benzema que se estrelló en el poste y al que Kepa no podía responder fue la única y gran ocasión madridista. El resto, lanzamientos desviados y dos tiros lejanos de Cristiano Ronaldo y Toni Kroos que blocó sin mayores dificultades.

Esa fue la exigencia a la que los hombres de Zidane sometieron a un Kepa muy seguro en los primeros 45 minutos. La presión, si la sintiese, la verdad es que no se le notó en un primer acto sin fallos.

La muralla de Kepa

Kepa ataja un balón contra el Madrid. (EFE)

En la segunda mitad Kepa apareció cuando tuvo que hacerlo. Dos balones aéreos que atajó sin problemas y un disparo al palo de Cristiano fueron sus dos únicas intervenciones durante casi media hora.

Sin fútbol el Madrid no generaba y el portero no se tuvo que emplear, hasta que el Athletic renunció a todo, se metió en el agujero y comenzó el asedio.

Con un gran disparo de Marcelo arrancaba el carrusel de disparos que Kepa comenzó a parar. A continuación, un centro donde volaba para despejarlo de puños, un cabezazo de Cristiano que paraba… Parecía que el final del encuentro iba a ser un suplicio para el portero, hasta que Sergio Ramos fue expulsado y el Madrid se desconectaba definitivamente.

Los hombres de Zidane no atacarían más y Kepa saldría victorioso. El arquero fue un auténtico titán que levantó un muro en su arco para evitar cualquier diana. El bilbaíno se convirtió en un suplicio para los que podrían ser en un mes sus compañeros.