De Al-Ghandour al VAR: los cinco parecidos entre Corea y Rusia
España ya ha visto esta película: el anfitrión, ese dominio insultante, un árbitro cobarde, un entorno enrarecido y la fatídica tanda de penaltis. Un guión que se vivió hace 16 años en el estadio Mundialista de Gwangju y se ha repetido ahora en el Olímpico Luzhniki de Moscú. Dos pesadillas que acabaron con el combinado nacional fuera de una Copa del Mundo.
Inicio complicado
España, la de 2018, llegaba a los octavos de final con varios sobresaltos. Luis Rubiales decidía destituir a Julen Lopetegui, el seleccionador que llevó a la selección a Rusia, a dos días de que comenzase la competición tras fichar por el Real Madrid. En aquel Mundial de Corea y Japón los días previos se verían enturbiados por el frasco de colonia que cortó los tendones del pie a Santi Cañizares, el portero titular. Camacho, seleccionador en aquella cita, decidió dar la oportunidad a un joven Iker Casillas y llamar a Koke Contreras para sustituir al meta valencianista.
Eliminados por el anfitrión
Es cierto que aquella España sufrió menos que esta para pasar la fase de grupos. De hecho, hicieron pleno. También eliminaría a Irlanda del Norte en octavos. Pero al final la anfitriona, como en esta ocasión, como durante toda la vida, la echó fuera. Aquella vez fue Corea, en esta Rusia, y la pena, la misma. El equipo nacional sigue teniendo esa deuda, la de ganar a un equipo local en una gran cita, algo que nunca ha hecho.
Dominio insultante
En aquel partido de Gwangju y en este de Moscú España llevó la voz cantante. La selección se adelantó en 2018 y, a pesar de recibir un gol de penalti, dominó el partido de principio a fin. En 2002, el equipo de Camacho llegó a marcar dos goles que le birlaron sin motivo justificable y asedió al conjunto coreano durante 120 minutos. Pero de forma incomprensible, ambos partidos se fueron a la tanda de penaltis.
Malditos penaltis
Y esta es otra similitud. Ni Casillas ni De Gea fueron capaces de atajar ningún penalti. Los rivales, Corea y Rusia, se mostraron infalibles desde el lanzamiento de los once metros, mientras que a España le temblaron las piernas en el peor momento. En 2002 fue Joaquín, en 2018, Koke e Iago.
Árbitro cobarde
Y por último, en ambas ocasiones España se topó con un árbitro poco valiente. Gamal Al-Ghandour ya forma parte de la historia más negra de nuestro fútbol. Su arbitraje aquella mañana española -en el territorio nacional se tuvo que madrugar para poder ver el encuentro- fue lamentable. Delictivo, como se confirmaría años después. En esta ocasión Kuipers no quiso pitar un penalti claro a Piqué, a pesar de que el VAR le alertó de que algo había ocurrido dentro del área. En ambas ocasiones, el peso del país local fue demasiado para España.
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