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Copa del Rey: Barcelona-Atlético

El Barça se ahoga sin Pedri

El equipo de Flick brilló con el canario y se ahogó cuando fue sustituido

Pasó del 4-2 al 4-4 sin el centrocampista en el terreno de juego

Barcelona y Atlético firman el empate del año

Una historia se recuerda más por el desenlace que por el nudo. De lo que ocurrió en Montjuic se recordarán los tres goles del Barça en menos de 45 minutos, la puntilla de Lewandowski para ampliar la ventaja y los gambeteos de un Lamine Yamal omnipresente. Todo ello opacó el germen de buen hacer azulgrana. Con 0-2 y el Barcelona en la lona, Pedri se echó el equipo a la espalda.

Fue el desfibrilador en un equipo que carecía de pulso, que había empezado dormido y se había llevado dos bofetones tempraneros. El reloj apenas había consumido el primero de los 90 minutos en Barcelona, el primero de los 180 de la eliminatoria, cuando el Atlético de Madrid ya había avisado hasta en dos ocasiones a la meta de Szczęsny.

La primera la consiguió desbaratar el polaco a saque de esquina, pero la segunda, tras el mencionado córner, la tuvo que sacar del fondo de su portería porque el propio Julián Álvarez le batió en el segundo palo tras un centro de Griezmann. Y el segundo bofetón lo dieron los mismo protagonistas, pero con papeles intercambiados, Julián centró y Antoine remató.

Fue entonces cuando Pedri comenzó a crecer y a tejer entre bambalinas su vestimenta. Esa que se pone cuando el partido tiene coraza. Tuvo llegada desde segunda línea para despertar a su equipo y movilidad entre líneas para desactivar el buen hacer de los rojiblancos en el inicio del partido.

Revirtió el signo del partido. Supo imprimir el ritmo que necesitaba su equipo. El Barça pasó de estar sometido a someter. Y cuando Flick entendió que debía darle descanso, el Barça se hundió y pasó de someter a sometido. Le temblaron las piernas y el Atlético se creció. El fútbol y sus cosas.

Lamine Yamal hizo lo que quiso

Su presencia estaba entre algodones por una patada en el pie que sufrió. El Barça le esperó, le necesitaba e incluso le infiltró para que pudiera jugar. Decisión acertada porque si había un partido para forzar era este y si había un jugador tan diferencia para forzar era Lamine. Hizo lo que quiso. Saco a bailar primero a Galán y después a Reinildo, ninguno pudo frenar al extremo que dio una asistencia brillante en el tanto de Lewandowski.