El Atlético se mete en un lío en Champions
Los rojiblancos volvieron a reproducir su falta de contundencia
Deberán ganar el Bodo y esperar una carambola para pasar directamente a octavos
La gelidez con la que Estambul recibió al Atlético, dibujando una postal nevada y congelada, mutó a la calidez con la que fue despedido de la ciudad otomana. El Rams Park fue una caldera en la que se abrasaron los rojiblancos por el problema estructural que les lleva lastrando toda la temporada, la falta de contundencia. Llorente, en propia neutralizó el gol de Giuliano y a partir de ahí, fundido a negro de los colchoneros que se toparon con la negación. Y el Gatalasaray, que únicamente había disparado una vez a puerta en 90 minutos, pudo ganar en penúltima jugada de no ser por Oblak y Llorente.
El Atlético pierde el privilegio de depender de sí mismo y echa mano de la calculadora. «Con ganar un partido y empatar otro no nos alcanza para estar en octavos de final», aseguró Simeone. Sus palabras se volvieron una losa que cayó sobre sí mismo, pues ahora es la única fórmula con pulso. Ganar y esperar que los demás no lo hagan, especialmente Liverpool y Atalanta esta misma noche ante Marsella y Athletic respectivamente. El Atlético gobernó el partido, con más juego y ocasiones, pero se dio de bruces con los goles, jueces en esto del fútbol.
En Estambul hubo más de lo mismo. El Atlético está atrapado en un bucle en lo que va de año. Sólo marca un gol por partido y así se queda a medias y con la casa sin barrer. Los rojiblancos se adelantaron pronto, cabezazo de Giuliano Simeone mediante, sí, Giuliano y sus poco más de 170 centímetros rematando de cabeza dentro del área. No le digan que no puede volar porque se sacará las alas de debajo de las medias. El argentino es todo entrega, siempre, nunca falla. Cuatro minutos y ventaja. Escenario ideal para aplacar un estadio inflamable.
El infierno turco, aunque el infierno del Atlético es jugar a domicilio. Se diluyen lejos del Metropolitano. Le tiemblan las piernas y las ideas. El Galatasaray lo aprovechó de inmediato con un error de Llorente, otro de los que nunca falla. Se marcó en propia al tratar de despejar el centro. No se dio cuenta de que estaba libre de marca. Los turcos seguían su hoja de ruta. Recuperar y correr con Sané y Osimhen, aunque concedían metros al Atlético. La problemática eran precisamente los metros finales.
Poco pie, menos finura y bruces contra la pared. Julián Álvarez, de nuevo y van más de dos meses, volvió a pasar de puntillas por el partido. Ya es rutina. Almada no se encontraba, como para encontrar a Sorloth, un náufrago en el área rival. Y, para perjuicio del argentino, el centrocampista vio una amarilla, ergo, sustituido al descanso. De primero de cholismo. El Atlético se precipitaba y el Galatasaray acuchillaba la banda de Ruggeri con Sané.
Griezmann, Baena, y Nico dieron más presencia en campo rival, aunque tampoco más clarividencia. Se volcaron los rojiblancos y descuidaron algo su espalda. Y cosas del fútbol, al final tuvieron que agradecer sacar un empate después de que Oblak sacara un misil y Llorente se adelantara a todos para despejar el la derrota, que no el problema. Los de Simeone deberán ganar -golear- al Bodo y esperar. La calculadora echará humo en medio del frío.
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