Las últimas palabras del poeta Miguel Hernández antes de morir: «¡Ay, Josefina! ¡Qué desgraciada eres!»
Descubre las últimas palabras de Miguel Hernández antes de morir en 1942 en la prisión de Alicante: eran para su mujer
Casi nadie lo sabe pero el inodoro tiene una función oculta para hacer más fácil su limpieza: nunca has limpiado ahí y está asqueroso
Edgar Allan Poe, poeta estadounidense, sobre la decepción: "Tengo una gran fe en los tontos; autodestrucción, lo llaman mis amigos"
La reflexión del Papa León XIV sobre la astronomía: "El cielo nocturno es un tesoro de belleza abierto a todos"

El 28 de marzo de 1942, a los 31 años, el poeta Miguel Hernández fallecía en la enfermería de la prisión de Alicante tras una larga agonía provocada por la tuberculosis; sus últimas palabras, dirigidas a su esposa, Josefina Manresa, siguen estremeciendo a generaciones:
«¡Ay, Josefina! ¡Qué desgraciada eres!»
Esta frase, cargada de dolor y amor, es un grito ante el desamparo y la penosa situación en la que quedaban su esposa y su hijo de sólo 3 años, a quien dedicó su famosa Nana de la cebolla. La frase resume la tragedia de uno de los grandes poetas españoles del siglo XX.
¿Quién era Josefina Manresa?
Josefina Manresa, nacida en Quesada (Jaén), fue la gran musa y esposa de Miguel Hernández, el mayor exponente de la Generación del 27, según Dámaso Alonso, y uno de los grandes poetas españoles del siglo XX.
Se casaron en 1937 en una ceremonia civil durante la Guerra Civil. Su relación quedó marcada por la separación forzosa: Miguel en el frente y luego en prisión, mientras Josefina criaba a su hijo Manuel Miguel con enormes dificultades. Las cartas de amor que Miguel le escribió desde la cárcel son consideradas algunas de las más bellas de la literatura española. En ellas se mezclan el amor, la ternura y la desesperación. En la última, le deja el mensaje desgarrador del futuro trágico que le espera tras una vida atormentada: «¡Ay, Josefina, hija, qué desgraciada eres!».
La muerte del poeta
Tras luchar en el bando republicano, Miguel Hernández fue detenido al finalizar la Guerra Civil. Pasó por varias cárceles hasta llegar al Reformatorio de Adultos de Alicante. Allí, enfermo y sin los cuidados médicos adecuados, su salud se deterioró rápidamente. A pesar de las gestiones de amigos y admiradores, no fue trasladado a un hospital a tiempo. Murió a las 5:32 de la mañana del 28 de marzo de 1942. Sus últimas palabras reflejan no solo el amor por su mujer, sino la conciencia del sufrimiento que su ausencia provocaría en ella y en su hijo.

Biografía de Miguel Hernández
Miguel Hernández Gilabert (Orihuela, 1910 – Alicante, 1942) es una de las voces más puras, trágicas y humanas de la poesía española del siglo XX. Nacido en el seno de una humilde familia de pastores, su infancia transcurrió entre cabras y campos de la Vega Baja del Segura. Apenas tuvo formación académica formal, pero devoró libros con pasión autodidacta.
A los dieciséis años ya escribía versos y frecuentaba el Ateneo de Orihuela, donde conoció a Ramón Sijé, figura clave en sus inicios. Su irrupción en el mundo literario fue deslumbrante. En 1933 publicó Perito en lunas, un libro de estética gongorina, barroca y culterana, que llamó la atención de la Generación del 27. Sin embargo, fue en El rayo que no cesa (1936) donde encontró su voz más personal: una poesía intensa, carnal y existencial, marcada por el amor, la muerte y el destino trágico. Ese mismo año se casó con Josefina Manresa, su gran amor y musa, con quien tuvo un hijo, Manuel Miguel.
La Guerra Civil marcó un giro decisivo en su obra y en su vida. Hernández se alineó con la República, combatió en el frente y se convirtió en poeta comprometido. De esta etapa nacen Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (escrito en prisión), libros donde el verso se vuelve arma, grito colectivo y testimonio de dolor.
Su poesía abandona el hermetismo para volverse directa, popular y cargada de emoción, sin perder profundidad lírica. Tras la derrota republicana, fue detenido y encarcelado. Pasó por varias prisiones y, enfermo de tuberculosis, murió el 28 de marzo de 1942 en la enfermería de la prisión de Alicante, con solo 31 años. Sus últimos días y su célebre frase dirigida a Josefina —»¡Ay, Josefina! ¡Qué desgraciada eres»— resumen la tragedia de un hombre que encarnó como pocos el sufrimiento de su generación.
Obras y legado
- Nanas de la cebolla: poema dedicado a su hijo mientras comían pan y cebolla
- Cartas a Josefina: testimonio vivo de su amor.
- El rayo que no cesa: con este libro alcanza su cima lírica con una poesía ardiente, carnal y trágica, donde el amor se convierte en un toro desbocado que embiste contra el destino y la muerte.»
- Viento del pueblo: Con esta obra, Miguel Hernández abraza la poesía comprometida: un canto vigoroso, directo y emocionado al hombre común, a la guerra y a la esperanza de un pueblo que lucha por su libertad.