Psicología

Los psicólogos expertos sugieren que las personas que preparan la ropa antes de irse a la cama no son sólo organizadas, en realidad valoran no tener que tomar decisiones al comenzar el día

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Mujer prepara su ropa por la noche. (Foto generada con IA)
Blanca Espada

Cada noche son muchas las personas que se van a dormir sin más, y no piensan en lo que se van a poner al día siguiente. De hecho no eligen la ropa hasta que ven como está el día, o como se sienten en el momento de vestirse. Pero luego están también las personas que sí o sí, deben tener la ropa del día siguiente preparada antes de irse a la cama ya que de alguna manera, les da la tranquilidad de saber que ya tienen esa tarea lista para el momento justo en el que toque llevarla a cabo.

Este es un comportamiento, o manera de actuar que la psicología ha querido analizar. En concreto, la psicóloga Olga Albaladejo, responsable del pódcast Bienestar sin parches, ha explicado al portal Cuerpomente que esta conducta puede responder al deseo de tomar decisiones cuando disponemos de tiempo suficiente. No significa necesariamente que seamos más previsores que los demás, sino que hemos aprendido a identificar qué momentos nos resultan más cómodos para resolver determinadas tareas.

Los psicólogos expertos sugieren que las personas que preparan la ropa antes de irse a la cama valoran adelantar tareas

La explicación no está tanto en la ropa como en el momento elegido para decidir prepararla. Alguien puede disfrutar combinando prendas y dedicarle varios minutos antes de irse a dormir, mientras que otra persona simplemente quiere evitar abrir el armario cuando a lo mejor va a estar medio dormida. Ambas comparten una misma ventaja: cuando llega la mañana, esa cuestión ya está resuelta. Albaladejo señala que anticipar pequeñas decisiones permite afrontar con mayor fluidez una jornada en la que probablemente surgirán otras obligaciones. Es una forma de organizarse que no exige grandes esfuerzos y que puede resultar especialmente útil para quienes tienen horarios ajustados.

Sin embargo, sería equivocado interpretar esta costumbre como una característica definitiva de la personalidad. Hay quienes preparan su vestimenta porque madrugan, porque comparten habitación o porque llevan haciéndolo desde pequeños. La psicóloga recuerda que un comportamiento aislado no permite establecer conclusiones sobre cómo funciona una persona. Lo importante es comprender qué utilidad encuentra cada uno en esa rutina y si realmente le facilita su vida cotidiana o le hace sentir más tranquilo, sin más.

La relación entre elegir la ropa y evitar decisiones innecesarias

Durante años se ha hablado de la fatiga de decisión para describir el supuesto desgaste que experimentamos después de pasar mucho tiempo eligiendo entre distintas opciones. Esta idea se relacionó con una teoría según la cual nuestra capacidad de autocontrol se agotaba progresivamente, como si dispusiéramos de una batería limitada. Sin embargo, investigaciones posteriores han cuestionado esa interpretación, por lo que no podemos afirmar que el hecho de que una persona prepare la ropa del día siguiente sirva para conservar una cantidad concreta de energía mental.

Lo que sí sabemos es que planificar puede ayudarnos a cumplir nuestras intenciones. Los psicólogos Peter Gollwitzer y Paschal Sheeran analizaron 94 pruebas independientes relacionadas con la planificación de conductas y comprobaron que establecer previamente cómo y cuándo actuar favorecía la consecución de objetivos. Aunque su investigación no trataba específicamente sobre la vestimenta, permite entender por qué algunas decisiones resultan más fáciles cuando las hemos resuelto con antelación y el beneficio que tiene para la tranquilidad o incluso la estabilidad emocional de esa persona.

Por qué dejar las cosas preparadas puede aportar tranquilidad

A veces, las tareas pendientes continúan rondándonos la cabeza incluso cuando estamos descansando. Recordamos que debemos buscar unos documentos, preparar una mochila o comprobar si tenemos limpia determinada prenda. Son cuestiones pequeñas, pero pueden ocupar nuestra atención hasta que encontramos una manera de resolverlas.

Los investigadores E. J. Masicampo y Roy Baumeister estudiaron precisamente cómo los objetivos pendientes podían interferir en otras actividades. Sus resultados mostraron que elaborar un plan concreto para realizarlos posteriormente contribuía a reducir esa interferencia, incluso sin haber completado todavía la tarea. Preparar la ropa puede tener una utilidad parecida: permite acostarse sabiendo que una parte de las obligaciones del día siguiente está solucionada.

Cuándo una rutina organizada puede convertirse en un problema

Repetir este gesto cada noche puede terminar convirtiéndolo en un hábito automático. Una investigación dirigida por Phillippa Lally encontró que el tiempo necesario para adquirir automaticidad variaba considerablemente entre participantes, con estimaciones de entre 18 y 254 días. También observó que saltarse una ocasión no impedía continuar desarrollando el hábito, algo importante para quienes se exigen cumplir sus rutinas sin excepciones.

Albaladejo advierte, además, de que organizarse no debería convertirse en una obligación inflexible. Si una persona deja preparada una camisa y al despertar descubre que hace demasiado frío, debería poder cambiarla sin experimentar un malestar excesivo. La diferencia entre una costumbre útil y una necesidad de control está precisamente en esa capacidad de adaptación. Preparar las cosas con antelación tiene sentido cuando nos ayuda a vivir con menos prisas, no cuando acaba imponiéndonos nuevas preocupaciones.

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