La psicología explica por qué los nacidos entre 1950 y 1970 entendían el trabajo de una forma muy diferente a las nuevas generaciones
Para muchas personas de esta generación, ganarse la vida estaba por encima de encontrar una profesión vocacional
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La psicología sugiere que las personas que nacieron en los años 1950 y 1960 no empezaron a trabajar pronto por motivación, sino porque no tenían otra opción
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Encontrar un trabajo que apasione no siempre ha sido una prioridad al alcance de todos. Las personas nacidas entre 1950 y 1970 llegaron a la edad adulta en un contexto social y económico muy diferente al actual, en el que estudiar durante muchos años o cambiar de profesión podía resultar complicado. La psicología del trabajo señala que el empleo puede tener significados muy distintos, desde una necesidad económica hasta una carrera profesional o una auténtica vocación. Y esa diferencia ayuda a entender cómo varias generaciones construyeron su relación con el trabajo.
Una generación muy distinta
Las circunstancias históricas condicionaron las posibilidades profesionales de quienes crecieron durante esas décadas. En muchas familias, especialmente en entornos rurales y negocios familiares, los jóvenes comenzaban a asumir responsabilidades laborales a edades tempranas, mientras que continuar los estudios dependía en gran medida de los recursos disponibles y de las necesidades de cada hogar. La elección profesional, por tanto, no siempre partía de una búsqueda personal de intereses o talentos.
El género también desempeñó un papel importante. Muchas mujeres encontraron mayores obstáculos para acceder a determinados estudios y empleos, al mismo tiempo que las expectativas sociales las vinculaban principalmente con el matrimonio y los cuidados familiares. Por eso, hablar de una generación que «no trabajaba por ilusión» requiere matices: las experiencias fueron muy diferentes según el sexo, la clase social, el lugar de residencia y las oportunidades educativas.
El trabajo no siempre es vocación
La psicología distingue entre diferentes maneras de relacionarse con el empleo. Un estudio explica que para algunas personas el trabajo es fundamentalmente un medio para obtener ingresos; para otras constituye una carrera y, para otras, una vocación que forma parte de su identidad y proporciona una recompensa intrínseca. Ninguna de estas relaciones con el empleo es universal, y una misma persona puede modificar su perspectiva a lo largo de su vida.
Esta diferencia resulta especialmente interesante al comparar generaciones. Para alguien que necesitaba aportar dinero a su familia, aceptar un empleo estable podía tener prioridad sobre la satisfacción personal. Eso no significa que no existiera ilusión por el oficio, ya que hubo muchas personas que sí que pudieron desarrollar orgullo, experiencia y vínculos personales alrededor de trabajos que inicialmente habían elegido por necesidad.
La conclusión no es que una generación trabajara sin ilusión y otra lo haga por vocación. La evidencia apunta a algo más sencillo, ya que muchas veces son las propias circunstancias de cada persona las que determinan qué opciones tenemos y qué esperamos del trabajo. Para quienes crecieron en un periodo con menos posibilidades de elección, ganarse la vida podía ser el primer objetivo. Y, con el paso de los años, muchos terminaron encontrando en aquel empleo algo más que un sueldo, como una profesión, una identidad y una parte importante de su historia.