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La psicología explica por qué algunas personas se quedan dormidas en el sofá: no siempre es solo cansancio, puede revelar estrés acumulado

  • Aitana Pascual
  • Aitana Pascual Cuesta (2001) es estudiante de Periodismo en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid desde el 2023. Escogió esta profesión por su gran vocación con la comunicación y la escritura. Hoy en día, tiene mucho interés por la historia, deportes y actualidad. Su principal objetivo es seguir formándose y aprender a contar los sucesos de forma clara y rigurosa.

Quedarse dormido en el sofá mientras se ve una película o después de cenar es una escena habitual en muchos hogares. Aunque a menudo se atribuye simplemente al cansancio, la psicología y la medicina del sueño señalan que este comportamiento puede esconder otros factores. El estrés acumulado, la sobrecarga mental, la dificultad para desconectar o incluso un descanso inadecuado son algunas de las explicaciones que manejan los expertos. Eso sí, los especialistas recuerdan que este hábito, por sí solo, no permite sacar conclusiones sobre la salud psicológica de una persona.

El estrés puede pasar factura al final del día

Después de una jornada repleta de responsabilidades laborales, familiares o académicas, muchas personas llegan a casa con un elevado nivel de agotamiento físico y mental. Según los especialistas, ese desgaste puede hacer que el cerebro entre rápidamente en un estado de relajación al sentarse en un lugar cómodo, como el sofá, favoreciendo que el sueño aparezca antes incluso de llegar a la cama.

La literatura científica también relaciona el estrés prolongado con alteraciones del descanso y una mayor fatiga emocional. Sin embargo, los investigadores subrayan que la relación entre ambos factores es compleja y depende de múltiples variables, como el estilo de vida, la calidad del sueño o la salud general de cada individuo.

Un refugio para desconectar

Algunos psicólogos consideran que el sofá puede convertirse en un espacio asociado al descanso y a la desconexión emocional. Al terminar las obligaciones del día, el cerebro identifica ese entorno como un lugar seguro donde disminuir el nivel de alerta, lo que facilita quedarse dormido sin apenas darse cuenta.

No obstante, los expertos insisten en que esta conducta no debe interpretarse automáticamente como un problema psicológico. Dormirse ocasionalmente en el sofá puede ser una consecuencia normal del cansancio diario y no implica necesariamente la existencia de estrés crónico, ansiedad o dificultades emocionales.