Psicología

La psicología dice que las personas que solo hablan de sí mismas no siempre lo hacen por egoísmo, sino que buscan ser escuchadas

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Laura Mesonero
  • Laura Mesonero
  • Laura Mesonero Ortiz (Madrid, 2002) Periodista especializada en SEO editorial y desarrollo de audiencias digitales, con experiencia en medios nacionales de referencia como La Razón (Grupo Planeta), The Objective media y ahora en OkDiario. Experta en estrategia de contenidos orientada a Google Discover y Google Search. Perfil híbrido entre redacción, análisis de datos y visión estratégica.

En ocasiones, hablamos con alguien de nuestro entorno y notamos que, cuando le contamos algo, enseguida responde con una vivencia o una experiencia propia. Da igual que estemos explicando un problema del trabajo, una anécdota graciosa o algo que nos preocupa. La conversación siempre termina girando a su alrededor y nuestra historia en un segundo plano.

A priori, podríamos pensar que se trata de personas egocéntricas, incapaces de centrar su atención en algo que no sean ellas mismas. Sin embargo, la psicología ha estudiado este comportamiento y ha encontrado una realidad más compleja de lo que podemos imaginar. Detrás de esa necesidad de hablar constantemente de uno mismo puede haber una búsqueda de reconocimiento, dificultades para escuchar al otro o incluso experiencias vividas durante la infancia.

Por qué hay personas que siempre terminan hablando de sí mismas, según la psicología

Mantener una conversación implica mucho más que intercambiar palabras. También requiere escuchar, mostrar interés por lo que cuenta la otra persona y saber cuándo ha llegado el momento de intervenir. Sin embargo, hay personas que parecen tener dificultades para mantener ese equilibrio y terminan convirtiendo cualquier tema en una oportunidad para hablar de su propia vida.

La psicóloga francesa Valentine Hervé, en declaraciones recogidas por el medio Le Journal des Femmes, ha abordado este comportamiento y ha advertido de que quienes monopolizan las conversaciones pueden no ser plenamente conscientes de lo que hacen. En estos casos, no siempre existe una intención deliberada de ignorar al interlocutor, sino una forma de relacionarse en la que las propias experiencias adquieren demasiado protagonismo.

En ocasiones, contar una anécdota personal es una manera de demostrar que comprendemos lo que nos están explicando. Si alguien nos habla de un problema, podemos recordar una situación parecida que vivimos y compartirla para transmitirle que sabemos cómo se siente. El problema aparece cuando esa respuesta deja de ser una forma de conectar y se convierte en una costumbre que impide al otro terminar de expresarse.

Según la especialista, detrás de esta actitud también puede existir una necesidad de reconocimiento y atención. La persona busca sentirse escuchada, comprendida o valorada, aunque no siempre se dé cuenta de que, al hacerlo, está dejando poco espacio para las necesidades de quienes la rodean.

El origen puede estar en la infancia

Una de las explicaciones que plantea Valentine Hervé es que esta forma de comunicarse puede estar relacionada con las experiencias vividas durante la infancia. En determinados entornos familiares, algunos niños crecen con pocas oportunidades para expresar sus emociones, contar sus preocupaciones o sentir que sus palabras reciben atención.

Con el paso del tiempo, esa falta de escucha puede influir en la manera en que se relacionan con los demás. Algunas personas pueden desarrollar una necesidad especial de compartir sus experiencias para sentirse reconocidas, especialmente cuando encuentran a alguien dispuesto a escucharlas.

En este sentido, también conviene distinguir entre alguien que disfruta compartiendo sus vivencias y quien necesita ocupar constantemente el centro de la conversación. La diferencia está, en buena medida, en su capacidad para escuchar, mostrar curiosidad por los demás y reconocer cuándo es el momento de ceder la palabra.

Cuando hablar de uno mismo se convierte en un problema

El problema aparece cuando las conversaciones dejan de ser un intercambio y se convierten en un monólogo. Si cada experiencia que compartimos recibe como respuesta otra historia del interlocutor, podemos terminar sintiendo que no nos escucha o que nuestros problemas tienen menos importancia.

Hervé describe el efecto de este comportamiento señalando que la persona que monopoliza la charla puede llegar a abrumar a quienes la rodean. El interlocutor deja de sentirse parte de una conversación y pasa a ocupar el papel de oyente, sin apenas oportunidades para expresar sus propias ideas o emociones.

Con el tiempo, esta dinámica puede generar cansancio y frustración. Es posible que quienes la sufren dejen de compartir determinadas experiencias porque anticipan que la conversación volverá a centrarse en la otra persona.

Cómo actuar ante una persona que siempre habla de sí misma

Cuando esta conducta se repite en una amistad, una relación familiar o el entorno laboral, la psicóloga recomienda abordar la situación con calma, expresando cómo nos sentimos en lugar de recurrir directamente a las acusaciones.

Por ejemplo, podemos explicar que, cuando compartimos algo importante y la conversación cambia inmediatamente hacia una experiencia de la otra persona, sentimos que no se presta suficiente atención a lo que estamos contando. De esta manera, ponemos el foco en el efecto que tiene esa dinámica sobre nosotros y abrimos la puerta a que el otro reflexione sobre su comportamiento.

También es importante establecer límites. Podemos terminar de contar nuestra experiencia antes de escuchar otra historia, retomar el tema si la conversación cambia demasiado rápido o expresar de forma natural que necesitamos hablar de algo que nos preocupa.

Al mismo tiempo, conviene recordar que comprender las posibles causas de esta actitud no significa justificarla ni aceptar que nuestras necesidades queden siempre en un segundo plano. Una relación sana necesita espacio para ambas partes.

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