¿Por qué los peces se comen el plástico?
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La contaminación puede definirse como uno de los problemas más importantes de la actualidad. Los seres humanos maltratamos a nuestro planeta por medio de los residuos tóxicos, los gases de efecto invernadero, el arrojo de basuras, la tala de árboles… La lista es, lamentablemente, interminable. Por eso surgen estudios como el que vamos a tratar hoy con el que intentar concienciar a la población de que la contaminación es un mal que nos afecta todos. En este caso hablamos de los peces y de por qué se alimentan de los plásticos que circulan por el mar.
Un trampantojo mortal
Nuestros océanos incluyen cada vez más toneladas de basura en sus aguas. Restos médicos, vertidos petroleros, colillas… Las posibilidades son infinitas. Aunque, sin duda, uno de los elementos contaminantes más perjudiciales que circula por los océanos son los envoltorios. Unos materiales hechos de plástico se decía que los peces ingerían de forma accidental. Sin embargo, un estudio realizado por la US Government’s National Oceanic and Atmospheric Administration ha demostrado que no es así.
Los seres vivos de los mares ingieren estos materiales a propósito, y la razón está muy clara: olor a comida. Este estudio ha desmostado que la reacción de esta basura con el agua salada genera un aroma similar al krill (crustáceos malacostráceos de 3 a 5 centímetros similares a los camarones). El problema radica en que el plástico al entrar en contacto con el agua salada se cubre de microorganismo que conforma sulfuro de dimetilo, el gas responsable de este aroma tan apetitoso para los peces.
Demostrado científicamente
Para demostrar de forma veraz esta afirmación, los investigadores introdujeron unas pequeñas dosis de plástico en un tanque lleno de peces. En un principio, los organismos no prestaban atención a los materiales pero la situación cambiaba cuando se incrementaba la dosis. El mayor número de residuos conseguía que la reacción tuviera una mayor presencia y por lo tanto el aroma fuera más fuerte, consiguiendo así que los peces se ingirieran instantáneamente los fragmentos de plástico del tanque.
Pero los peces no son los únicos que sufren este trampantojo. Un estudio similar realizado en 2015 demostró que las aves comían residuos plásticos por el mismo hecho que lo hacen los peces: el olor. Está claro, la contaminación de los océanos debe reducirse al mínimo, no solo por el daño medioambiental que supone sino porque estamos acabando con la vida de cientos de miles de seres vivos.
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