Descubre si existe el gen de la infidelidad
La infidelidad puede ser cosa de tus genes
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¿Podemos tener un gen de la infidelidad en nuestro cuerpo humano? Esto explicaría muchas cosas sobre la infidelidad que no entendemos. Una investigación de la Universidad de Binghamton, en Nueva York, Estados unidos, revela que la tendencia a la infidelidad y la promiscuidad podría ser genética.
Esto se explica porque los responsables analizaron a personas para saber cuál era su conducta sexual a la vez que se comprobaban las bases genéticas. Se estableció que las relaciones con otra persona que no es nuestra pareja se debe a la mutación del gen DRD4, vinculado con el receptor de dopamina D4.
Este receptor influye en los procesos bioquímicos del cerebro y, en consecuencia, en la conducta. Y esto está condicionado a la vida de cada persona pues las conductas sexuales son distintas en cada uno. Como resultado de la investigación también se determinó que las variedades individuales de la conducta sexual podrían ser influenciada por variaciones individuales genéticas.
Así aquellas personas con cierta modificación en el gen DRD4 eran más propensas a las relaciones promiscuas y a la infidelidad que las otras analizadas. Y esto se ve que está asociado a la dopamina, hormona del placer que encontramos en el cerebro.
Pero el estudio también determinó que no todos los que tienen este genotipo son infieles, pues otros que no lo tienen o no está desarrollado también realizan esta misma conducta. De todas maneras se necesitan más estudios para confirmar estas teorías y los investigadores quieren realizar estudios más amplios para encontrar nuevos marcadores genéticos que estén vinculados a este tipo de conducta.
No son los únicos estudios que se han realizado para tratar este tema. Otros han establecido que no solamente los humanos son infieles, pues en los animales la norma es realmente la promiscuidad. De hecho, únicamente entre el 3 y el 5% de las especies practican la monogamia.
Para los investigadores de tales estudios la monogamia es difícil de mantener para muchas especies. Y establecieron que si bien no podemos controlar nuestros genes, porque nos vienen impuestos, los humanos sí podemos controlar las emociones y los impulsos para frenar según qué situaciones cotidianas. ¿O realmente tendemos todos a la infidelidad?
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