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Los expertos en ahorro energético lo tienen claro: una caldera de condensación puede ahorrar hasta un 25 % en la factura de gas, aunque cueste el doble que una convencional

Sustituir una caldera de gas de más de 15 años por una de condensación puede rebajar en torno a un 25% la factura del gas, un ahorro que se nota cada invierno en la calefacción. La inversión inicial es considerable, pero el análisis de OCU tiene en cuenta el coste total a lo largo de 15 años.

El cálculo procede de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), que difundió en 2022 un análisis de 15 calderas murales mixtas de condensación, de entre 18 y 25 kW. La organización calculó que las mejores salen por menos de 800 euros al año, sumando la compra y el coste de funcionamiento durante 15 años.

Por qué gasta menos una caldera de condensación

Su secreto es que produce agua caliente a baja temperatura y aprovecha toda la energía calorífica del combustible. Por eso su rendimiento, medido en condiciones tradicionales, supera el 100%, frente al 0,95 de una caldera de gas convencional.

Como consecuencia, el ahorro en la factura del gas se sitúa, según otros datos del sector, entre el 15% y el 30%. A ello se suman un mantenimiento sencillo, un ventilador modulante que la hace mucho más silenciosa y la menor emisión de dióxido de carbono dentro de las calderas de gas. OCU añade que el consumo eléctrico de la caldera puede bajar hasta un 40%.

Hay un matiz: al trabajar a baja temperatura, necesita radiadores más grandes o sistemas pensados para ese rango, como el suelo radiante.

Lo que mostró la prueba de OCU

Los tres modelos mejor valorados costaban entre unos 770 y 1.440 euros. El más eficiente alcanzaba un rendimiento en calefacción superior al 110% y apenas consumía electricidad, aunque tardaba casi dos minutos en dar agua caliente; otros tardaban solo uno. Entre los puntos débiles figuraban el ruido y el consumo eléctrico en espera.

En conjunto, las calderas actuales destacan por su eficacia en calefacción y agua caliente, por unas emisiones normalmente bajas y por un nivel de ruido reducido.

En seguridad, las calderas actuales respondieron bien o muy bien en las cuatro situaciones de riesgo evaluadas, como el bloqueo del conducto de evacuación de gases o de la entrada de aire. Además, si la presión baja demasiado, el sistema se desconecta solo.

Cuándo cambiar la caldera y qué otras opciones existen en el mercado

OCU considera que, si la caldera empieza a fallar o tiene muchos años, puede ser buen momento para sustituirla. En aquel momento recomendaba, ante el encarecimiento del gas, pasar de tarifa libre a la Tarifa de Último Recurso: un hogar medio pagaba 723 euros anuales frente a 1.526, unos 800 euros menos.

El IDAE recuerda que la calefacción supone el 41% del consumo energético de los hogares, así que los hábitos también cuentan: mantener una temperatura constante de 20 grados con un termostato, no calentar habitaciones vacías, apagar la calefacción por la noche, usar alfombras para reducir la pérdida de calor por el suelo y purgar los radiadores al menos una vez al año.

Si se busca ir más allá, hay alternativas eficientes. Las bombas de calor no generan energía térmica, sino que la transportan: aprovechan el calor del aire, y su COP, entre 2 y 5, supera con creces el 0,95 de una caldera convencional. Además, gracias a su mecanismo de inversión, pueden producir también frío, por lo que resultan útiles en verano.

El suelo radiante, por su parte, emplea el suelo como emisor a baja temperatura y no necesita calentar el aire de la estancia, lo que mejora la calidad del ambiente, y existe en versión de agua caliente y eléctrica.