Los expertos en ahorro energético coinciden sin dudas: a partir de los 20ºC, cada grado extra que subamos en la calefacción dispara el consumo en torno a un 7 %
Los fabricantes de calefacción lo explican: si oyes un zumbido en tu caldera, comprueba que las llaves de los radiadores estén abiertas
«Ajustar individualmente la temperatura de cada habitación puede suponer ahorrar un 20% en calefacción»
Los expertos en calefacción y consumo no dudan: «Una estufa de infrarrojos puede ahorrar hasta un... »
Subir un grado el termostato parece un gesto menor, pero en la factura de la calefacción se nota: cada grado extra incrementa el consumo de energía en torno a un 7%. Y con 20 grados ya se alcanza el confort que necesita la mayoría de las personas.
Lo recoge el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) en su información sobre instalaciones de calefacción y agua caliente. El organismo recuerda que casi la mitad de la energía que gastan las familias españolas se destina a calentar la vivienda, por lo que cualquier ajuste tiene un efecto directo en el gasto.
Los grados que de verdad hacen falta
Aunque la sensación de confort es subjetiva, el IDAE asegura que entre 19 y 21 grados son suficientes para casi todo el mundo, y que con 20 se mantiene el bienestar en una vivienda. Si el termostato marca más, cada grado adicional encarece el recibo aproximadamente un 7%.
No hace falta, además, calentar toda la casa por igual. Las estancias que se usan de día deben estar más calientes que los dormitorios, donde se puede rebajar la temperatura entre 3 y 5 grados. Por la noche, entre 15 y 17 grados resultan suficientes para estar a gusto. La cocina, que genera su propio calor, necesita aún menos.
La necesidad de calor tampoco es constante: la temperatura exterior sube desde el amanecer hasta las primeras horas de la tarde y luego vuelve a bajar, y no todos los días hace el mismo frío. Por eso el instituto subraya la importancia de contar con un sistema de regulación que adapte la temperatura de la vivienda a cada momento.
Regular en lugar de encender y apagar la calefacción
Según el instituto, en condiciones normales basta con encender la calefacción por la mañana, después de ventilar y cerrar las ventanas. La ventilación completa no requiere más de unos 10 minutos. Por la noche, salvo en zonas muy frías, conviene apagarla: el calor acumulado durante el día, sobre todo con persianas y cortinas cerradas, mantiene los dormitorios en esa horquilla.
Si la casa queda vacía unas horas, lo aconsejable es bajar el termostato a 15 grados, y en ausencias largas, entre 4 y 5 grados menos. Para quien falta de casa con frecuencia, un termostato programable permite fijar temperaturas por franjas horarias y fines de semana. No necesita obras y cuesta entre 150 y 200 euros.
Las válvulas termostáticas en los radiadores cumplen una función parecida: abren o cierran el paso del agua caliente según la temperatura elegida y aprovechan el calor que aportan cocinas, baños o cristales. Junto al termostato programable, el IDAE les atribuye ahorros de entre el 8% y el 13%.
Mantenimiento y aislamiento
Una caldera bien mantenida puede ahorrar hasta un 15% de energía. También conviene purgar los radiadores al menos una vez al año, al empezar la temporada: cuando solo sale agua, la purga ha terminado. Y es mejor no cubrirlos ni colocar objetos a su lado, porque impiden que el aire caliente se reparta.
El aislamiento decide cuánto calor se conserva. Entre el 25% y el 30% de las necesidades de calefacción se deben a las pérdidas por las ventanas, y el doble cristal reduce a la mitad, prácticamente, esa fuga frente al vidrio sencillo.
Para localizar corrientes, el instituto propone un truco: acercar una vela encendida a ventanas y puertas en un día de viento, y si la llama oscila, hay una infiltración. Se corrige con silicona, masilla o burlete, medios sencillos y baratos. Y si hay chimenea, conviene cerrar el tiro cuando no se utiliza.
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