Curiosidades
Carnavales

Entierro de la Sardina: qué es, en qué consiste y por qué se celebra en carnavales

El entierro de la sardina continúa siendo uno de los actos más representativos del final del Carnaval en España. La ceremonia, presente en numerosas localidades, mantiene su estructura tradicional en la que podemos encontrar un cortejo paródico y la posterior quema o entierro de la sardina como colofón de las fiestas. En 2025, el Miércoles de Ceniza se celebra el 18 de febrero, fecha en la que muchas ciudades recuperarán esta costumbre para dar inicio a la Cuaresma. Pese a las diferencias entre territorios, el sentido del acto es común dado que implica cerrar el periodo carnavalesco mediante una representación simbólica que se ha transmitido de generación en generación.

La gracia del entierro de la sardina es que no pretende ser serio, aunque imite un funeral. Es más bien una despedida teatral, una burla amable a los excesos de los días anteriores. Por eso la ceremonia termina casi siempre igual,  quemando o enterrando una figura que representa a la sardina. Ese gesto simboliza que el desenfreno se queda atrás y que, a partir de ahí, toca cambiar de ritmo. Y aunque cada ciudad lo adapta a su estilo, el espíritu general se mantiene gracias al humor, música y una manera muy peculiar de dar por cerrada la celebración.

Qué es el entierro de la sardina

La pregunta aparece todos los años: ¿por qué una sardina? No es que haya una única respuesta, pero sí dos explicaciones que se repiten. La más conocida se sitúa en el siglo XVIII. Se cuenta que Carlos III quiso repartir sardinas entre los madrileños para celebrar el inicio de la Cuaresma. La intención era buena, pero el pescado llegó en mal estado. La solución fue enterrarlo, y aquel gesto acabó dando lugar, con el tiempo, a la tradición que conocemos hoy. Otra teoría señala que algunos estudiantes madrileños, ya en el siglo XIX, organizaron una marcha fúnebre en tono satírico para burlarse del ayuno de Cuaresma. Y, si vamos todavía más atrás, hay quien relaciona esta ceremonia con antiguos ritos de final de invierno.

Sea cual sea el origen exacto, lo que permanece es la idea de simbolizar un cambio, cerrar una etapa festiva y abrir otra. Por eso cada año, cuando termina el Carnaval, vuelve a aparecer la sardina.

Dónde se vive con más intensidad

Aunque el entierro de la sardina está presente en buena parte de España, hay lugares donde se ha convertido casi en una marca propia. En Murcia, por ejemplo, se celebra dentro de las Fiestas de Primavera, una semana después de Semana Santa. Es un acto enorme, declarado de Interés Turístico Internacional, con carrozas, comparsas y una sardina gigantesca que se quema entre aplausos.

Madrid mantiene una tradición muy particular. La Alegre Cofradía del Entierro de la Sardina recorre las calles cada Miércoles de Ceniza con sus trajes negros y su humor entre teatral y castizo. La quema final en la Casa de Campo es uno de los momentos más esperados.

En Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, el entierro es casi un espectáculo aparte dentro de sus carnavales. Todo es más exagerado: los disfraces, las coreografías y la puesta en escena antes de quemar la sardina frente al mar.

En Galicia, el Entroido incorpora la tradición a su manera. Algunas localidades optan por un desfile más sencillo; otras mezclan la sardina con comparsas tradicionales y fuegos de despedida.

Ciudades como Alicante, Villena, Soria o Portugalete también lo celebran con características propias, siempre con el objetivo final de poner el broche al Carnaval.

Cómo es el acto hoy y por qué sigue gustando tanto

Quien nunca ha asistido suele pensar que será un desfile serio o demasiado folclórico. Pero lo cierto es que el tono cambia constantemente. El entierro está envuelto de humor, improvisación, llantos fingidos, y hasta música. Y  ahí está precisamente su encanto. El cortejo fúnebre es una parodia y el público lo sabe. Todo gira alrededor de esa sardina que, al final, será quemada o enterrada como símbolo de renovación.

En algunos pueblos, antes de consumar el rito, un personaje conocido, a veces un actor local, otras una figura municipal, lee el famoso testamento de la sardina, un texto lleno de ironía en el que se repasan situaciones del año. Es una manera de cerrar la fiesta riéndose un poco de todo y de todos.

La quema final suele ser un momento muy visual. No importa si se hace en la plaza, cerca del río o en la playa: el ambiente cambia cuando se enciende el fuego. Es una mezcla de despedida y celebración que deja claro que el Carnaval ha terminado oficialmente.

Una tradición que sigue viva

Aunque su origen no esté del todo definido, el entierro de la sardina se mantiene porque consigue algo poco habitual: unir humor, tradición, crítica y ritual en un mismo acto. No es una ceremonia solemne, pero tampoco es un simple desfile. Es una forma de cerrar un capítulo colectivo y dar paso a otro. Y, año tras año, sigue siendo uno de los momentos más esperados del final del Carnaval en muchas ciudades.