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Bajo el Liceo Cavour, uno de los centros educativos más emblemáticos de la capital italiana, un equipo de arqueólogos trabaja en la recuperación de una amplia domus de época imperial que conserva pinturas, estucos ornamentales y estructuras arquitectónicas en un estado de conservación excepcional. La intervención, desarrollada en el marco del Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia de Italia (PNRR), ha permitido recuperar y estudiar de forma sistemática unos restos que permanecieron prácticamente olvidados durante más de un siglo. La información ha sido difundida por el proyecto Cantieri Narranti y por la Superintendencia Especial de Roma, organismos responsables de las investigaciones arqueológicas.
Los restos conservados corresponden a una amplia residencia privada construida a mediados del siglo II d. C., en una de las etapas de mayor esplendor del Imperio Romano. Fue un periodo marcado por la estabilidad política y el crecimiento económico, bajo el gobierno de emperadores como Adriano o Marco Aurelio, cuando Roma dominaba un vasto territorio que se extendía desde Britania hasta las regiones orientales del Mediterráneo. La vivienda estaba situada en un enclave privilegiado de la antigua Roma, entre las Carinae y la colina del Esquilino, uno de los sectores residenciales más lujosos de la época, donde tuvieron propiedades personajes tan influyentes como Cicerón, Pompeyo u Octavio Augusto.
Hallazgo de una casa romana bajo el Liceo Cavour
Pese a la importancia histórica del barrio, los investigadores tienen pocas evidencias materiales sobre su configuración original. Las continuas transformaciones urbanísticas de Roma y las grandes intervenciones realizadas entre los siglos XIX y XX provocaron la desaparición o alteración de numerosos vestigios antiguos. En este contexto, la domus localizada bajo el Liceo Cavour constituye una oportunidad única. Las excavaciones realizadas han sacado a la luz una vivienda de gran tamaño cuyos espacios conservan una rica decoración y numerosos elementos arquitectónicos, testimonios del elevado estatus económico y social de quienes la habitaron hace casi 2.000 años.
Historia
Aunque algunos medios han presentado la noticia como un hallazgo reciente, los restos arqueológicos no eran completamente desconocidos, sino que formaban parte de un yacimiento documentado desde finales del siglo XIX y posteriormente olvidado durante décadas. Según la documentación recuperada por los investigadores, parte de la residencia ya fue identificada en 1895 durante las obras de apertura de la Via degli Annibaldi. Aquellas intervenciones permitieron localizar varios sectores de la domus, así como una fistula, una tubería de plomo empleada para el suministro de agua, que conservaba inscripciones relacionadas con los antiguos propietarios del inmueble.
Entre los nombres documentados aparecía el de un integrante de la gens Umbrius, una familia sobre la que todavía existen numerosas incógnitas. Los especialistas creen que podría haber tenido origen en la región del Samnio, aunque su vinculación exacta con la residencia continúa siendo objeto de investigación.
Tras aquellas primeras excavaciones, el yacimiento fue perdiendo protagonismo con el paso de los años. Sobre los restos se levantaron nuevas construcciones y la existencia de la antigua vivienda acabó desapareciendo casi por completo de la memoria colectiva. El edificio que actualmente ocupa el lugar fue construido inicialmente para una congregación religiosa y, décadas más tarde, adaptado para albergar el actual Liceo Cavour. Durante generaciones, los alumnos del instituto escucharon relatos sobre misteriosas salas ocultas bajo el gimnasio y los sótanos del edificio.
Para muchos no eran más que leyendas, pero la percepción cambió cuando algunos alumnos lograron acceder a zonas cerradas y en desuso del instituto. Allí comprobaron que tras algunas puertas y dependencias abandonadas se ocultaban estructuras mucho más antiguas de lo que imaginaban. La información acabó llegando a varios docentes del centro y, posteriormente, quienes se pusieron en contacto con las autoridades arqueológicas responsables de la conservación del patrimonio.
Estado de conservación
Uno de los aspectos que más ha llamado la atención de los arqueólogos es el extraordinario estado de conservación de las decoraciones interiores de la residencia. A diferencia de otros yacimientos urbanos, muchos de sus espacios permanecieron enterrados durante siglos, lo que acabó actuando como una «cápsula del tiempo». Las paredes conservan pinturas con motivos figurativos y ornamentales, mientras que varias estancias mantienen estucos decorados que aún se extienden por los muros y las bóvedas.
Los investigadores también han identificado pavimentos de mosaico realizados con teselas de gran tamaño e irregulares, una solución decorativa característica de algunas residencias aristocráticas del siglo II d. C. Estos elementos aportan información valiosa sobre las modas artísticas y el nivel económico de quienes habitaron la vivienda durante el apogeo del Imperio romano.
«Éste gran complejo residencial se ubicaba en una zona céntrica de la antigua Roma, entre las Carinas y el Esquilino, un área habitada por figuras prominentes como Cicerón, Pompeyo y Octaviano, pero que es poco conocida desde el punto de vista arqueológico debido a los graves daños sufridos durante las construcciones modernas», explicó Cantieri Narranti, iniciativa impulsada por la Superintendencia Especial de Roma, en el comunicado sobre el hallazgo.