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Demócrito

Demócrito, filósofo griego sobre la vida: «Muchos viven como si fueran eternos y solo al final descubren que nunca aprovecharon la vida»

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Discípulo de Leucipo, Demócrito de Abdera (c. 460 – 370 a.C.) fue uno de los principales exponentes del atomismo. Sostenía que toda la realidad estaba formada por átomos, una teoría que no pudo ser demostrada científicamente hasta varios siglos después. Aunque sus ideas defendían que todo ocurre por necesidad y que cada acontecimiento conduce de forma natural al siguiente, también consideraba que esto no liberaba al ser humano de la responsabilidad sobre sus propios actos.

Está considerado uno de los filósofos presocráticos más importantes de la historia, aunque se conocen pocos datos sobre su vida, más allá de su estrecha relación con Abdera. Allí nació, creció y recibió una sólida educación hasta la muerte de su padre. Tras recibir su herencia, decidió emprender numerosos viajes por el mundo mediterráneo y pasó varios años en Egipto. Cuando regresó, dedicó el resto de su vida al estudio, la escritura y la investigación de la naturaleza.

«Muchos viven como si fueran eternos y solo al final descubren que nunca aprovecharon la vida»

La reflexión de Demócrito se resume en una sentencia que cuestiona directamente la manera de afrontar la vida. El filósofo afirmaba que «muchos hombres viven como si nunca fueran a morir, y mueren como si nunca hubieran vivido». Con esta idea, señalaba el problema de la postergación constante, esa trampa mental que nos lleva a acumular tareas, preocupaciones y riquezas como si el futuro estuviera asegurado para siempre. Desde esta perspectiva, quien dedica su existencia únicamente a la avaricia o a actividades que no le aportan verdadera plenitud acaba, en cierto modo, «muriendo en vida», al desperdiciar el «kairos», ese tiempo de calidad que los antiguos griegos diferenciaban del simple paso cronológico del tiempo.

El filósofo sostiene que la felicidad se encuentra en una vida equilibrada, guiada por la razón y la moderación. Entre sus ideas destaca la «eutimia», un concepto que puede traducirse como «serenidad del alma», un estado que se alcanzaría mediante la auto observación, el conocimiento de uno mismo y el alejamiento de las pasiones excesivas. Para vivir bien y ser feliz  resulta fundamental tomar consciencia del tiempo y evitar malgastarlo en preocupaciones innecesarias o en deseos y pasiones desmedidas.

Demócrito no fue el único filósofo de la Antigüedad que reflexionó sobre la brevedad de la existencia. Siglos más tarde, Séneca retomaría esta cuestión para advertir que quienes viven constantemente ocupados terminan descuidando su propia vida. «No es que tengamos poco tiempo, es que perdemos mucho», escribió. Ambos pensadores señalaban así que la obsesión por el trabajo puede convertirse en una forma de escapar de uno mismo y de olvidar la propia condición mortal.

Autores más cercanos a nuestra época, como Bertrand Russell, también reivindicaron el valor del ocio como una vía hacia la libertad. Russell sostenía que la ética del trabajo podía funcionar como una trampa que mantiene a las personas permanentemente ocupadas, limitando el desarrollo del pensamiento crítico y el disfrute de la cultura. Al igual que el filósofo griego, defendía que la existencia adquiere mayor sentido cuando somos capaces de detener, aunque sea por un momento, la maquinaria productiva para observar y disfrutar el mundo que nos rodea.

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