Curiosidades
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Compra un tanque por Internet y cuando llega no da crédito a lo que encuentra: 2,4 millones dentro

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Lo que comenzó como una simple compra por Internet terminó convirtiéndose en una de las historias más insólitas de los últimos años. Nick Mead, un coleccionista británico de vehículos militares, adquirió a través de eBay un antiguo tanque del ejército iraquí para restaurarlo y añadirlo a su colección. Lo que no esperaba era que, al abrir uno de sus compartimentos, encontrara escondidos cinco lingotes de oro valorados en aproximadamente 2,5 millones de euros.

El hallazgo se produjo en 2017, y el propio Mead ha reconocido en varias entrevistas que, aunque actuó de acuerdo a la ley entregando los lingotes a las autoridades, aún se pregunta si hizo lo correcto. El vehículo en cuestión era un Tipo 69, una copia china del famoso tanque soviético T-55, el cual utilizó el ejército iraquí durante la invasión de Kuwait en 1990, en el inicio de la Primera Guerra del Golfo. Posteriormente, el carro de combate fue trasladado al Reino Unido, donde permaneció durante años prácticamente olvidado hasta que Mead lo adquirió como parte de un intercambio de material militar valorado en unas 30.000 libras esterlinas.

Un tanque con lingotes de oro escondidos en su interior

Nick Mead no es un aficionado cualquiera. Dirige Tanks-A-Lot, una empresa británica que organiza eventos y experiencias con vehículos blindados en su granja de Helmdon, en Northamptonshire. Durante los trabajos de restauración, Mead y un mecánico hallaron una serie de objetos extraños en el interior del depósito de combustible diésel.

En un primer momento pensaron que se trataba de piezas mecánicas o restos metálicos sin ningún valor. Sin embargo, al sacarlos y limpiarlos, descubrieron que eran cinco lingotes de oro macizo, de unos cinco kilos cada uno. «El silencio fue total», recordó Mead más tarde. «Nos miramos sin saber qué decir. No sabíamos si reír, gritar o salir corriendo». El valor estimado del hallazgo rondaba los dos millones de libras.

Lejos de intentar vender el oro, Mead se puso en contacto con la policía británica. Dos agentes acudieron a su propiedad, retiraron los lingotes y le entregaron un recibo oficial que todavía conserva en su caja fuerte. Las autoridades iniciaron entonces una investigación para rastrear el origen del oro y determinar si tenía propietarios legítimos. Con el paso del tiempo, Mead ha expresado públicamente su arrepentimiento por no haber recibido ninguna compensación económica. «El oro tiene huella digital», explicó en una entrevista. «Se puede saber de dónde procede, así que yo pensaba que habría algún tipo de recompensa por encontrarlo. Pero no hubo nada».

La principal hipótesis es que los lingotes fueron saqueados por soldados iraquíes durante la invasión de Kuwait en 1990 y escondidos en el tanque con la intención de recuperarlos más adelante. Durante la Guerra del Golfo, bancos, palacios y almacenes kuwaitíes fueron vaciados, y grandes cantidades de oro desaparecieron sin dejar rastro.

Comunidades contaminadas

Más allá del componente bélico, el hallazgo reabre un debate menos visible: el impacto ambiental y social del oro antes de convertirse en lingote o joya. Gran parte del oro mundial procede todavía de la minería artesanal y a pequeña escala, especialmente en regiones de África occidental, Sudamérica y el sudeste asiático.

En estos entornos, miles de mineros trabajan en condiciones precarias utilizando mercurio para separar el oro de los sedimentos. Según organismos internacionales, esta actividad es la mayor fuente de contaminación por mercurio de origen humano, con unas 1.000 toneladas liberadas cada año al medio ambiente.

El problema se agrava porque el mercurio asociado a la actividad minera del oro puede transformarse en metilmercurio en ríos y lagos, una sustancia altamente tóxica que se acumula en peces y llega a los seres humanos a través de la alimentación. Así, aunque iniciativas como el Convenio de Minamata buscan limitar su uso, el legado ambiental del oro extraído en el pasado sigue afectando a ecosistemas y comunidades. Reducir la demanda de oro recién extraído y fomentar el reciclaje se presentan como medidas clave para mitigar este impacto invisible pero duradero.

Asimismo, la minería industrial de oro genera más de 100 millones de toneladas de CO₂ cada año. En el caso de la minería artesanal, producir un solo kilo de oro puede emitir entre 10 y 30 toneladas de CO₂, debido al uso intensivo de diésel en excavadoras, bombas y generadores.

Finalmente, cabe señalar que «la minería ilegal de oro en Ghana, conocida como galamsey, representa una de las principales causas de contaminación del agua en el país. El uso de mercurio, arsénico y plomo para separar el oro de los sedimentos ha degradado ríos y acuíferos hasta niveles insalubres, dejando a amplios sectores de la población sin acceso seguro al agua potable. Se estima que alrededor del 70 % de las enfermedades registradas en el país están relacionadas con el consumo de agua contaminada y la falta de saneamiento, y que miles de niños mueren cada año por diarreas evitables», detalla WeAreWater.