Es la calle con el nombre más corto de Madrid: sólo tiene dos letras y está en este barrio
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Hace unos días hablamos de la calle más larga de Madrid, y ahora es el turno de aquella con el nombre más corto. Descubrir las calles más singulares de la capital puede llevarnos a dos nombres tan breves como fascinantes: Fe y Té.
La calle de la Fe, ubicada en el vibrante barrio de Embajadores, en el distrito Centro, enlaza la plaza de Lavapiés con la calle del Salitre. Su historia se entrelaza con una antigua sinagoga que yacía extramuros de la muralla árabe de Madrid. Y, por otro lado, la calle del Té ubicada en la apacible Aravaca.
Las huellas históricas de Madrid remontan a la construcción de su primera muralla durante el emirato de Muhammad ben Abd al Rahmman, entre 850 y 866, siendo fortalecida en el siglo X por el califa Abd al Rahmman III. La muralla abrazaba un perímetro urbano de aproximadamente 4 hectáreas, que incluía el alcázar y la almudaina. Las entradas a la ciudad se desplegaban a través de las puertas de la Vega al oeste, de Santa María al este y de la Sagra al norte.
Las calles con los nombres más curiosos de Madrid
En el vibrante barrio de Malasaña, hallamos la Calle del Pez, bautizada así por una curiosa historia que resuena en sus adoquines. Antiguamente conocida como Fuente del Cura debido a un estanque cristalino, su nombre cambió a finales del siglo XVII cuando Juan Coronel la adquirió para construir su hogar. Con el tiempo, las aguas desaparecieron junto con los peces que habitaban la fuente, quedando solo uno. La hija de Coronel, Blanca, rescató y cuidó al pez, pero eventualmente falleció, dejando a la joven profundamente afectada, lo que la llevó a tomar los hábitos. En memoria, su padre talló un pez de piedra en la fachada con la inscripción «Casa del Pez», y así, toda la calle adoptó su nombre.
También en el barrio de Malasaña, destaca la Calle del Espíritu Santo, cuyo nombre se teje con hilos divinos. En tiempos de Felipe III, varias residencias albergaban a personas de reputación cuestionable, hasta que un día, un rayo desencadenó un incendio que redujo las viviendas a cenizas, a pesar de un cielo despejado. Los habitantes interpretaron el suceso como la voluntad de Dios y erigieron una cruz de piedra con una paloma en el lugar, conocida como la Cruz del Espíritu Santo. Sin embargo, en 1820, todas las cruces de las calles madrileñas fueron retiradas por orden, incluida esta, dejando una huella de historia en cada esquina.
En Triball, la Calle de la Ballesta nos transporta al siglo XVII, cuando este enclave era solo tierras de cultivo y pequeñas viviendas. Un cazador alemán decidió establecer un corral dedicado al tiro con ballesta, donde los madrileños participaban disparando contra animales encadenados como lobos, venados o jabalíes. Tras la trágica muerte del dueño en un enfrentamiento con un jabalí, el negocio, conocido como ‘el corral de la ballesta’, dejó una marca imborrable al dar nombre a toda la calle. En épocas posteriores, la Calle de la Ballesta acogió a destacados escritores como Rosalía de Castro o Ramón Pérez de Ayala.
La Calle de la Salud, ubicada en el centro de Madrid, guarda su origen en la peste bubónica del siglo XV. Durante esta epidemia devastadora, los supervivientes encontraron refugio y aislamiento en este céntrico barrio. Mientras la peste asolaba el resto de la ciudad, quienes habitaban en esta zona lograron sobrevivir alimentándose exclusivamente de sus propias hortalizas y ganado, además de beber agua de una de las primeras fuentes de agua potable de la ciudad. La Calle de la Salud se erige como un testimonio de la resistencia y la supervivencia en tiempos difíciles.
En el corazón de Madrid, cercana a la Gran Vía, se encuentra la Calle del Desengaño, una de las más antiguas de la ciudad con una historia singular. Su nombre está entrelazado con un duelo por el amor de una mujer en el siglo XVIII. La leyenda narra que Vespasiano Gonzaga y el Caballero de Gracia se enfrentaron en combate por el afecto de una dama. En medio de la lucha, una figura velada perseguida por un zorro logró interponerse, llevando a los contendientes a detener su pelea para seguir la misteriosa sombra que aparentaba ser una mujer. No obstante, la sorpresa llegó cuando descubrieron que la figura, creída hermosa, resultó ser una momia bien preservada.
Cerca de la Puerta del Sol, se halla la calle más corta de Madrid, con apenas unos pocos metros de extensión. La calle de Rompelanzas, conectando la calle de Preciados con la del Carmen, tiene sus raíces en siglos pasados como un atajo diseñado para caballerías. La estrechez y los profundos baches de esta calle del siglo XVI se ganaron la reputación de romper lanzas de carruajes, incluyendo el del corregidor y el del presidente del Consejo de Indias.
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