Curiosidades
Prevención

Los bomberos coinciden e instan a la población: «En caso de incendio, lo recomendable es siempre cerrar la puerta al salir de casa»

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Cuando se declara un incendio en una vivienda, los primeros segundos son los que más cuentan. La instrucción y el instinto casi siempre empujan a salir corriendo de la estancia sin mirar atrás, buscando la puerta de la calle lo antes posible. Sin embargo, los bomberos coinciden en que hay un paso intermedio que la mayoría de la gente olvida en ese momento de urgencia.

Y ese gesto no tiene nada que ver con intentar apagar el fuego ni con recoger objetos de valor, algo que los propios bomberos desaconsejan por completo. Tampoco consiste en abrir ventanas para ventilar la casa, un error que muchas personas cometen pensando que ayuda. La clave está en algo mucho más simple, relacionado con la propia física del fuego.

¿Por qué cerrar la puerta es la clave para sobrevivir a un incendio?

El fuego necesita oxígeno para crecer, y una puerta abierta es la vía más rápida para que le llegue en abundancia. Al cerrarla al salir de la habitación o de la vivienda, se limita la entrada de aire fresco y se frena la velocidad a la que se expande el incendio.

Los bomberos insisten en que este gesto retrasa el momento en el que el fuego alcanza su fase más violenta y da minutos extra para escapar.

Probablemente pocos lo sepan, pero a ese punto de no retorno se conoce técnicamente como flashover, o combustión súbita generalizada: el instante en el que todos los materiales inflamables de una habitación cerrada se prenden casi a la vez, con temperaturas que pueden superar los 500 grados en cuestión de segundos.

Y cuanto más oxígeno entra en la estancia, antes se alcanza ese punto. Una puerta cerrada no elimina el peligro, pero corta buena parte del suministro de aire y gana tiempo, que es precisamente lo que falta en un incendio.

Los datos que demuestran por qué una puerta cerrada salva vidas en un incendio

La Fire Safety Research Institute (FSRI), el principal centro de investigación sobre incendios de Estados Unidos, ha medido con detalle esta diferencia.

En sus pruebas, una habitación con la puerta cerrada durante un incendio se mantiene por debajo de los 38 grados, mientras que la estancia donde arde el fuego puede rondar los 500 grados. La diferencia, más allá de la temperatura, también radica directamente en la cantidad de gases tóxicos que se respiran.

Por otra parte, los mismos ensayos revelan que el monóxido de carbono, uno de los gases más peligrosos del humo, se queda en niveles de alrededor de 1.000 partes por millón dentro de una habitación cerrada, frente a las 10.000 partes por millón que puede alcanzar si la puerta permanece abierta.

Esa diferencia multiplica por diez el riesgo de perder el conocimiento en cuestión de minutos, mucho antes de que las llamas lleguen siquiera a tocar la piel.

¿Por qué la mayoría de las muertes por incendio no las causa el fuego, sino el humo?

Las estadísticas de las brigadas españolas van en la misma línea. Dos de cada tres muertes por incendio en una vivienda se producen por inhalación de humo, no por quemaduras directas, según recogen distintos cuerpos de bomberos autonómicos dentro de la campaña del FSRI y conocida como Close Before You Doze (Cierra la puerta al humo).

El objetivo de esa iniciativa es recordar que contener el humo dentro de una sola estancia evita que se extienda por pasillos, escaleras y el resto de la vivienda.

Si el humo ya ha empezado a invadir la vivienda, los bomberos recomiendan agacharse y desplazarse a ras de suelo, donde el aire tarda más en contaminarse, y cubrirse la boca y la nariz con un paño, a ser posible húmedo.

Además, antes de abrir cualquier puerta, conviene tocarla: si está caliente, no debe abrirse bajo ningún concepto, porque puede indicar que al otro lado hay fuego a punto de entrar en contacto con oxígeno de golpe, con el riesgo de que se produzca una explosión de humo.

Un matiz importante: cerrar la puerta, sí, pero nunca con llave

Hay un matiz que los bomberos remarcan siempre: la puerta se cierra, pero jamás se echa la llave.

Un acceso bloqueado puede complicar la entrada de los equipos de emergencia y retrasar el rescate de otras personas que sigan dentro de la vivienda. Al salir, conviene también cerrar el paso del gas si es posible y evitar abrir ventanas, ya que la corriente de aire que se genera alimenta las llamas en lugar de frenarlas.

El protocolo se resume en pocos pasos, pero requiere entrenarlo mentalmente antes de que ocurra: salir sin perder tiempo en recoger pertenencias, cerrar cada puerta a medida que se avanza y llamar al 112 en cuanto se esté a salvo.

Por último, en edificios de varios pisos, si el fuego está en una planta inferior y el humo invade la escalera, los propios bomberos aconsejan quedarse dentro de la vivienda con puertas y ventanas selladas antes que arriesgarse a cruzarlo.