El pasado español de Nápoles se derrumba
El faro inerte de Nápoles, el primer elemento afable para el navegante peninsular, el sobrenombre a una toma de tierra común para cualquier español que ponía pie en la ciudad virreinal. El síncope marítimo se desvanecía tras el avistamiento inicial de un edificio que lució esplendoroso durante el siglo XVI, XVII y XVIII. Un ascenso hacia la Ínsula Spagnola, a la espalda de un concurrido puerto tras el protocolario vistazo al Castel Nuovo y allí estaba: la basílica de Santiago de los Españoles.
La inexorabilidad del tiempo no ha pasado laxamente por el templo histórico español, . La belleza interior y exterior del edificio se derrumba en un estado abandono preocupante. Se revienta su memoria a cada segundo que pasa entre humedades, desprendimientos silenciosos, deterioro constante, ante la impasividad de una guerra de responsabilidades donde solo hay un perdedor: su recuerdo histórico.
Fundada por el virrey don Pedro de Toledo en 1540, la Iglesia de Santiago de los Españoles guarda en su interior obras de Lucas Jordán, Marco Pino da Siena y más artistas en un estado cada vez más estropeado. Los restos de aquella nobleza española, como por ejemplo, el monumental sepulcro del propio virrey, mueren lentamente, en un templo que se cae a pedazos, cerrado ya por motivos de seguridad.
La situación se agrava ante su invisibilidad: está integrada en el que ahora es la sede del Ayuntamiento de Nápoles y, en su momento, el lateral diestro del Palacio de Santiago, construido por los Borbones para sus ministerios en el siglo XVIII. Una imagen de la hegemonía española que, paradójicamente, por eso de ser levantado junto a un hospital, no encuentra cura. El borrado continúa en un lavatorio de manos persistente.
Nadie se pone de acuerdo
La solución es una incógnita devenida entre un cruce de competencias: España, Nápoles y la orden de Santiago. Las conversaciones entre italianos y españoles no prosperan: unos dicen que no tienen dinero, los otros dicen que no es competencia suya. Porque el principal obstáculo es la Real Hermandad de Nobles Españoles de Santiago. Tienen la propiedad del templo… pero aluden una incapacidad para financiar su restauración. O eso dicen.
Así las cosas, entre cruces de deberes morales, de exención geografía, de pequeñas medidas que no resuelven del todo la situación, el plan de reconstrucción no avanza: está todo parado. La realidad económica para llevar a cabo la tarea es la siguiente: 3 millones de euros. Tan sólo 20.000 se necesitan para que un arquitecto evalúe el estado de la Iglesia. Cantidades de las que nadie se quiere hacer responsable… de momento. Un tuya-mía que sólo perjudica a un patrimonio que, aunque todavía lejos, coquetea con una extinción silenciosa.
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