Estupefacción en la comunidad arqueológica: esto es lo que encuentran enterrado al lado de la Gran Pirámide de Giza
Estas estructuras no encajan con lo que conocíamos hasta el día de hoy
Durante siglos se dio por hecho que la meseta de Giza había revelado casi todos sus misterios. Sin embargo, los avances tecnológicos vuelven a poner en duda esa certeza. En un enclave aparentemente exhaustivamente estudiado, el uso de herramientas capaces de explorar el subsuelo sin excavar ha permitido detectar anomalías inesperadas que podrían alterar la comprensión de uno de los complejos arqueológicos más emblemáticos del mundo.
Una nueva estructura junto a la Gran Pirámide de Giza
El hallazgo se produjo en las inmediaciones de la Gran Pirámide de Giza, concretamente bajo el conocido Cementerio Occidental, una zona que hasta ahora no había suscitado especial interés. Allí, un equipo internacional de arqueólogos identificó una estructura enterrada formada por dos secciones claramente diferenciadas, un descubrimiento que abre nuevas preguntas sobre la organización y el uso del espacio en el Antiguo Egipto.
Los análisis geofísicos permitieron identificar en primer lugar una estructura superficial con trazado en forma de L, de unos 10 por 15 metros, situada a una profundidad que oscila entre 50 centímetros y dos metros bajo la arena. El sector había permanecido sin alteraciones durante más de cuatro milenios, un dato especialmente relevante en un enclave tan explorado y documentado como el de Giza.
Una estructura desconocida hasta ahora
Para llegar a estas conclusiones, el equipo recurrió a la combinación de dos métodos no invasivos. Por un lado, el radar de penetración terrestre, que emite ondas electromagnéticas capaces de detectar cambios en el subsuelo al reflejarse en materiales con distinta densidad. Por otro, la tomografía de resistividad eléctrica, una técnica que mide cómo circula la electricidad bajo tierra y permite localizar muros, vacíos o construcciones ocultas.
La integración de ambos sistemas hizo posible elaborar una reconstrucción tridimensional del terreno enterrado, ofreciendo una imagen bastante precisa de lo que permanece bajo el desierto sin necesidad de excavaciones. Los detalles y primeras hipótesis sobre este descubrimiento fueron dados a conocer en la revista científica Archaeological Prospection, donde se expone el alcance del estudio y las posibles lecturas arqueológicas del hallazgo.
Una estructura difícil de interpretar para los arqueólogos
Lo más llamativo del estudio apareció bajo la primera anomalía detectada. A una profundidad de entre 3,5 y 10 metros, los escaneos geofísicos señalan la posible existencia de una estructura de unos 10 por 10 metros, cuya naturaleza resulta especialmente difícil de interpretar. Los datos indican la presencia de un material de gran resistencia, que podría corresponder tanto a arena extremadamente compactada como a un espacio vacío, lo que abre la hipótesis de una cámara subterránea. Ante la falta de certeza, los investigadores optaron por clasificarla de forma prudente como una simple «anomalía».
La disposición de esta formación profunda parece estar relacionada con la estructura más superficial, lo que sugiere que esta última pudo funcionar como entrada o acceso al elemento inferior. Ambas se localizan en un sector del Cementerio Occidental de Giza que llevaba tiempo intrigando a los arqueólogos por una razón concreta: a diferencia de las áreas colindantes, saturadas de tumbas, este espacio se mantenía sorprendentemente despejado y nivelado. Esa ausencia de restos visibles fue precisamente lo que motivó el uso de tecnologías avanzadas de prospección.
El proyecto, dirigido por Motoyuki Sato, de la Universidad de Tohoku, y desarrollado por un equipo conjunto japonés-egipcio, utilizó métodos geofísicos capaces de detectar variaciones de densidad con formas definidas, consideradas muy poco probables de origen natural. La hipótesis principal es que se trate de estructuras construidas por el ser humano, posiblemente muros de piedra caliza o pozos vinculados a un complejo funerario más amplio, aunque por ahora no existen pruebas definitivas. De momento, no se ha autorizado ninguna excavación, y los expertos coinciden en que serán necesarios nuevos estudios para confirmar qué se esconde bajo la arena, reforzando la idea de que incluso en Giza aún quedan capítulos por descubrir.
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