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'Las Berrocal'

Vicky Martín Berrocal: «Hasta en las vidas más alucinantes hay miserias»

La diseñadora habla con COOL de la pérdida de sensibilidad en el trato humano y de moda, entre otros temas

No son 'las Kardashian españolas': la autenticidad de 'Las Berrocal' se desata con la colisión generacional

Vicky Martín Berrocal ha abierto de par en par las puertas de su vida para mostrar una realidad sin edulcorar, en televisión y en una entrevista con COOL. Lejos del lujo inalcanzable de otros realities internacionales, lo que se expone en Las Berrocal, que ha vuelto a Movistar Plus con su segunda temporada, es la verdad de cuatro mujeres con sus discusiones, desacuerdos y vulnerabilidades. Por eso, frente a quienes puedan tachar este tipo de formatos de frívolos, la diseñadora defiende con contundencia la honestidad de su propuesta.

A lo largo de la entrevista con OKDIARIO, Vicky Martín Berrocal aborda desde las vivencias del propio docureality hasta profundas reflexiones sobre la madurez y la sociedad actual. La diseñadora repasa cómo el paso del tiempo y la independencia económica le han otorgado una auténtica libertad de decisión, lo que le ha permitido alcanzar la «calma». Sin embargo, no duda en enfrentarse a sus propias sombras al reconocer el nivel de perfeccionismo y autoexigencia que su familia le echa en cara, razón por la que Las Berrocal 2 ha funcionado también como un ejercicio de autoconocimiento.

La conversación, en el FesTVal, deriva también en una crítica lúcida sobre el ritmo acelerado del mundo contemporáneo, marcado por el aumento del número de personas que se encuentran solas y el miedo a estarlo, el uso compulsivo de las redes sociales o la pérdida paulatina de sensibilidad en el trato humano.

La empresaria aboga por aprender a frenar, buscar el silencio y cultivar las relaciones auténticas frente a la cultura de la inmediatez. Finalmente, Vicky Martín Berrocal también se refiere al ámbito de su profesión como diseñadora, y defiende con naturalidad el valor de la moda y la cobertura mediática de sus creaciones para impulsar la industria y el trabajo, independientemente del perfil público o político de quien las vista. En este sentido, se refiere, por ejemplo, a Isabel Díaz Ayuso, una de las figuras a las que ha vestido Vicky Martín Berrocal y cuyas contrincantes políticas han criticado en alguna ocasión por protagonizar titulares que destacaban el modelo en cuestión vestido por la presidenta de la Comunidad de Madrid.

Vicky, muchas veces contenidos como Las Berrocal se califican como frívolos. Desde tu experiencia, ¿cómo podrías rebatir esa opinión?

Nosotras no lo somos. Recuerdo que me llamaron para ir a un programa de televisión del corazón hace tiempo. No tenía mucho sentido que yo estuviera allí, pero yo decidí ir y mis amigos me dijeron que tuviera cuidado, que me podía perjudicar. Después de ver la entrevista, esos mismos que me habían dicho ‘cuidado’ entendieron que era inviable que me perjudicara, porque somos lo que ves y todas las mujeres se pueden sentir reconocidas en Las Berrocal.

«Hasta en las vidas más alucinantes hay miserias»

O sea, los ricos también lloran, ¿no?

Claro, por supuesto que los ricos también lloran.

Y, aunque las comparaciones son odiosas, tampoco mostráis un estilo de vida tan ostentoso como el que pueda tener, por ejemplo, Georgina, ¿no?

Claro. Y tampoco cuando nos comparan con las Kardashian. Nuestra vida no es esa vida, ni se acerca. Probablemente, tampoco significa que la de ellas sea  más o menos extraordinaria que la nuestra.

¿Qué sería una vida extraordinaria?

De un tiempo a esta parte he entendido que serían las pequeñas cositas que me hacen feliz las que te dan una vida extraordinaria. El espectador que nos ve muchas veces puede pensar «¡guay!», pero para nosotras es nuestra realidad, nuestra verdad y nuestra vida, no sé si mejor o peor que otras.

¿En algún momento, al estar frente a las cámaras, has forzado algo para que pudiera resultar más extraordinario?

No hemos falseado nada para tener contenido ni hemos provocado nada porque hubiera que hacer más. Es inviable que a nosotras cuatro nos lleven de un sitio a otro, porque lo tenemos muy claro. Yo siempre he tenido muy claro lo que no, y no tanto lo que sí. Lo que ha pasado en Las Berrocal, en estos seis meses, ha sido nuestra propia vida, en la que me he mudado, en la que Alba [su hija] se ha ido y ha sido dolorosísimo. Eso nos pasa a todas las madres; no sabemos cómo va a ser la vida después de que se quede el nido vacío, el dolor de abrir la puerta de su habitación y no verla. Habla de nosotras, pero también de millones de mujeres que se van a sentir identificadas. Hay de todo, hay veces que yo tengo miedos y ellas se ríen de mis miedos y otras que yo tengo que entender los de ellas.

Sobre eso, tu hija ha comentado que «no hay que entender las inseguridades para respetarlas y no hay que infravalorar lo que siente ninguna persona».

Claro. Además, este docureality también te hace ver otra parte de ti. He visto cosas de mí que no me gustan, y que me las han contado ellas, cuando me han dicho que soy chocante con mi perfeccionismo, con que todo esté ordenado y cuando me han dicho ‘es que eres muy pesada, y estás todo el día hablando de tu trabajo’. Es verdad. Me he enfrentado a una parte de mí que no me gusta tanto y me he dicho ‘suelta, relaja’.

Y cuando dices que antes tenías muy claro lo que no, pero que ahora también tienes claro lo que sí, ¿a qué te refieres?

Siempre he tenido muy claro qué no quería en mi vida, pero ahora sé también qué es lo que sí quiero. Y lo primero que quiero en mi vida es estar en calma. La calma y la paz para mí están unidas a la felicidad. Yo no he vivido en calma.

¿Cómo defines entonces la calma?

Pues mira, yo no era libre cuando pensaba que lo era. Hoy soy más libre que hace 20 años, cuando pensaba que era más libre que hoy. Es muy loco.

«Es triste, pero a una mujer, la libertad para decidir, se la da la independencia económica»

¿Y qué te ha dado esa libertad?

La capacidad de decisión, el ser consciente en cada momento de lo que haces. Ahora mismo estoy aquí, contigo, porque es lo que me toca por haber hecho un docureality, pero lo estoy haciendo gustosamente. Es triste, pero a una mujer, la libertad para decidir, se la da la independencia económica. Para irte o quedarte, para no tener miedos, para muchas cosas. Yo hoy tengo el privilegio de poder elegir, pero también llevo muchas mochilas y también tengo días en los que no me aguanto ni yo. La vida no siempre me sonríe, aunque tú creas que mi vida es alucinante. Pero hasta en las vidas más alucinantes hay miserias. Lo único maravilloso que yo tengo es una familia unida, imperfecta como todas, en la que nos matamos, pero con la capacidad de perdonar.

¿Has aprendido ahora a perdonar, o siempre has sabido hacerlo?

He ido aprendiendo. Ojalá hubiese perdonado siempre. Es una de las cosas más maravillosas que tengo, y hace también que no me sienta sola. Además, soy muy empática, me meto en el pellejo del otro fácilmente. Por desgracia, hay mucha gente sola, que no tiene a nadie a quien recurrir. Eso es muy duro.

Bueno, hay quien llama a la soledad la enfermedad del siglo XXI.

Y lo que viene. Todo ha cambiado mucho. Vamos muy acelerados y no tenemos tiempo para nada, ni nos paramos con nadie. No escuchamos. Somos individualistas y estamos perdiendo la sensibilidad.

«No escuchamos, somos individualistas y estamos perdiendo la sensibilidad. El móvil es un veneno»

¿Dirías que, hoy en día, todo el mundo opina de todo, como si fuera obligatorio hacerlo, pero con discursos vacíos?

Claro, es que estamos vacíos. Esto [coge el teléfono móvil] es un bicho. El bicho de los bichos, un veneno. Es uno de los mayores peligros que hay, y yo formo parte de este mundo. Hay que saber cómo usarlo, porque está haciendo mucho daño. Vemos una vida detrás de otra, aún no has mirado una noticia cuando ya estás buscando otra. Es que no te paras para nada. Vivimos a un ritmo acelerado y no nos paramos en lo realmente importante.

¿Y cómo se combate?

Hay mucho ruido y no buscamos el silencio por el miedo a estar solo. Cada vez escucho a más gente que te cuenta que viaja sola, que empieza a apreciarlo y lo disfruta. Es diferente estar solo a sentirse solo. Sentirte solo es muy jodido; estarlo es una decisión, y hay que perder ese miedo. Vas a encontrarte y vas a ser mucho más feliz. Yo empecé en esa búsqueda hace tres años, desde los 50, y ha sido apasionante. Cada vez necesito menos cosas. Quiero pasear por el campo, encender la chimenea. Una charla me parece valiosísima. Todo lo que te hace feliz no se compra. Al escribir el libro, a los 50, empecé a entender muchas cosas de mí y a necesitar menos, a querer estar más tranquila y sola, quedarme un fin de semana sin nadie y no pensar por ello que me estaba perdiendo algo. Si me quedo en casa, es porque lo decido. ¿Cuánta gente hay sin plan, sin casa o con una situación tremenda? Tengo lo que mucha gente no tiene.

«Sentirse solo es muy jodido; estarlo es una decisión. Hay que perder ese miedo»

Para terminar, como diseñadora, has vestido a muchas personalidades, entre ellas a Isabel Díaz Ayuso. Su contrincante del PSOE, Mar Espinar, criticó que se le dedicaran titulares a sus estilismos. ¿Qué opinas, como profesional?

Los diseñadores hacemos esto con todo el mundo. O sea, no tiene que ver con la política, hay que tratar las cosas con naturalidad. Lo hacemos con la Reina, con cualquier celebrity, influencer, una novia en una boda… Como diseñadora, hay veces que he tenido menos repercusión y otras más. Que cause interés no está en nuestras manos. Es la prensa la que entiende que debe dedicarle tiempo, y principalmente, la prensa especializada en moda o corazón.

«Como diseñadores, nos viene muy bien que la prensa se fije en cómo va vestida Ayuso»

¿Sientes que es también una forma de apoyar a la industria?

Claro, pero es que eso nos pasa a todas. Todo el mundo quiere saber qué llevas puesto. Es un interés general y está muy bien porque hay compañeros que también tienen que trabajar. A los diseñadores nos viene muy bien, también, que mujeres de todo tipo lleven nuestros diseños. Cuando me preguntan a qué mujer me ha gustado más vestir, digo que a todas. Todas son importantes, todas suman y todas se tienen que vestir. Y claro, nos viene muy bien como diseñadores que la prensa se fije en eso. Al final, es publicidad para todos.