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Odette Álvarez sobre Eugenia Osborne: «Creo que el vestido lencero le estiliza todavía aún más»

Hay colecciones que buscan conquistar la mirada y otras que, antes de nada, invitan a detenerla. Nimba Spring 2027, la nueva propuesta de Odette Álvarez, nace precisamente de esa pausa: de mirar hacia arriba, respirar y recuperar un ritmo más sereno en medio de una vida cada vez más acelerada. La diseñadora presenta mañana, 17 de septiembre, su nueva colección en la Universidad de Nebrija de Madrid, en el marco de Mercedes-Benz Fashion Week Madrid y con el apoyo de Cantabria Infinita.

El propio nombre de la colección contiene su esencia. Nimba procede de nimbus, la palabra latina que hace referencia a la nube, y representa ese estado suspendido y casi intangible que experimentamos cuando todo parece estar en equilibrio. Una sensación de felicidad, enamoramiento o plenitud que Odette transforma en siluetas, tejidos y color.

Pero detrás de esa nube hay también una reflexión personal. «El ritmo de vida que llevamos es frenético y te paras un poco a pensar que hay que serenarse, tranquilizarse», explica la diseñadora durante la entrevista. Para ella, mirar al cielo se convierte en una manera de imaginar otra forma de vivir: «Me planteo otro tipo de ritmo de vida, de tranquilidad y serenidad, que creo que es lo que he reflejado mediante también una inspiración japonesa».

La referencia japonesa no pretende reproducir literalmente una estética nipona, sino trasladar a la colección una determinada actitud. «No es en sí de Japón como tal, sino el estado de ánimo de esa cultura de tranquilidad, de serenidad, de estado zen», matiza Odette. Esa filosofía se traduce en una propuesta donde el equilibrio, la proporción y la calma conviven con una construcción sofisticada.

El diálogo entre volúmenes etéreos y líneas limpias es uno de los ejes visuales de Nimba. En los primeros looks, los volúmenes adquieren una dimensión casi atmosférica. «Ese volumen y esos tejidos en el primer pase ya veis que es como una nube”, señala la diseñadora. La ligereza continúa después en los vestidos de seda: “Las líneas más limpias se ven en esos vestidos de seda que flotan cuando esas modelos están en pasarela».

Esa sensación de flotación no depende únicamente de la silueta. Los detalles inspirados en la indumentaria japonesa aparecen en forma de alamares, cordones y bordados, integrados en una construcción que busca movimiento. «Lo podemos ver en los diseños, en los detalles, en esos alamares, en ese cordón que va con todas las piezas, bordado en los cortes, en esa fluidez, en esa ligereza de los tejidos, como que flotan los diseños en la pasarela».

El color sigue también el recorrido de un cielo cambiante. El blanco y los azules evocan las nubes y la luz; los tonos pastel: rosa, amarillo y malva, introducen matices delicados, mientras que el rojo escarlata y el negro conducen la colección hacia el atardecer y la noche. «Empiezan con los tonos blancos, azules de las nubes. Luego van cogiendo un poco más de azul y luego ya van viéndose presentes los rojos del atardecer. Y luego ya la noche, el negro», explica Odette.

La artesanía mantiene, entretanto, uno de los códigos más reconocibles de la firma: los bordados florales realizados con cristales y lentejuelas. Frente a la ligereza de los tejidos, estas aplicaciones aportan textura y brillo, pero también una dimensión humana al proceso creativo. «Se ha trabajado la artesanía como siempre, con estas manos maravillosas, con las artesanas que trabajo, que te lo hacen mano a mano», cuenta. Y detrás del resultado existe una enorme dedicación: «Coser esas piezas hay que hacerlo a mano […] todos los bordados que se hacen […] llevan muchísimas horas de trabajo y al final se ve ese resultado».

La colección está construida, por tanto, alrededor de una contradicción aparente: piezas preciosistas y elaboradas que, sin embargo, aspiran a transmitir ligereza. Para Odette, la verdadera prueba llega cuando la mujer se mueve con ellas. «Cuando llevan las prendas de Odette Álvarez, en este caso, con esa fluidez, lo que se siente es distinta, diferente. Es una mujer muy segura de sí misma para llevar esas prendas».

Nimba llega además en un momento significativo para la creadora, después de quince años al frente de su firma. El paso del tiempo, lejos de diluir su identidad, parece haber introducido una nueva dimensión en su lenguaje. «Ha evolucionado muchísimo después de estos años la marca, debido a que creo que hay más serenidad», reflexiona. Y añade: «Mi paso de los años también nos influye en todo y en las colecciones […] un poco más de sobriedad, de tranquilidad y eso se ve reflejado».

Esa madurez se percibe en una colección que no necesita renunciar al impacto para hablar de calma. Seda, bambula, lino, algodón, popelín y denim conviven con cristales y lentejuelas, mientras los volúmenes se expanden y las líneas se depuran.

Entre las colaboraciones de esta edición se encuentran Minor, firma de eyewear nacida en Santander en 2025, y la joyería española Coolook, fundada en 2011 por Mar Aldeguer y sus hijas. Ambas completan un universo en el que moda, accesorios y artesanía comparten protagonismo.