El lujo de perderse en Maldivas: villas sobre el agua, arrecifes de coral y privacidad absoluta
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Primero es la luz, teñida de un tono cálido intenso que toma fuerza en el reflejo del mar y aprovecha cualquier rincón para entrar en la habitación. Interrumpe el sueño, sin ánimo de molestar, porque así activa los sentidos y cede paso a la melodía marina, que actúa como despertador. Fuera, el océano Índico despierta a la par y empieza a organizar en su superficie el desfile de azules que reina en la panorámica. Como cada mañana, Maldivas comienza su particular ritual para dar la bienvenida a sus visitantes.
Desde el primer contacto con estas islas, uno descubre que el paraíso debe tener una acepción en su significado designada a este lugar. Las alturas te brindan una perspectiva de los lugares difícil de igualar. Por eso, que esta sea la carta de presentación de Maldivas hace que este destino ya juegue con cierta ventaja. Desde el hidroavión, el mar se organiza en un espectáculo moteado, donde las islas que conforman cada atolón de las Maldivas se desvelan con una gama cromática que cualquiera juraría no haber visto antes en ningún lugar del mundo.
Con esta visión descubres que estás llegando a un archipiélago único en el mundo. Las Maldivas están formadas por 1.192 islas organizadas en 26 atolones. Algunos de ellos son tan pequeños que ni siquiera hay resquicio de vida humana o vegetal, y es que solo una pequeña parte de este territorio está habitado. Para ser precisos, únicamente 203 islas de las Maldivas tienen habitantes, y ni eso, puesto que gran parte de este número está compuesto por hoteles de lujo.
Dormir en una isla privada
Es normal, vista la singularidad de este destino, que el flechazo con las Maldivas sea inmediato. Quizá sea este halo de romanticismo que rodea a este destino el que hace que lleve años consolidado como uno de los destinos predilectos para las lunas de miel, o para viajar en pareja. Por esto y porque las Maldivas son el lugar pionero de la máxima distinción de hoteles de lujo privado.
Aquí estos hoteles tienen una cualidad que en pocos lugares se encuentra: gozan de la privacidad y la exclusividad de estar ubicados en islas privadas, de modo que no hay más vecinos que los propios huéspedes y la rica flora y fauna de cada una de ellas. Puede que para muchos sea un viaje soñado, pero, como cualquier destino, requiere cierta preparación para conseguir elevar la experiencia.
¿Qué hacer en las Maldivas?
Este lugar tiene muy claro cómo vivir unas vacaciones en su interior: apostando por el lujo y la relajación. Solo así descubres la verdadera oportunidad de exprimir al máximo el lujo de este lugar. Eso tiene cierto reto: encontrar en el lugar que escojas una cartera de actividades o servicios que te permitan disfrutar de este lugar. Maldivas es un lugar dispuesto a ejercer como perfecto destino, a la altura de que cualquiera salga con un flechazo innegable, pero para eso hay que saber elegir bien a los anfitriones.
Hay quienes buscan relajación, quienes prefieren disfrutar de un viaje en pareja o, también, están aquellos que no son capaces de estar sentados ni aunque se recorran medio mundo para llegar a un paraíso como este. Realmente no es inconveniente el tipo de viajero que seas, porque Maldivas tiene un rincón perfecto para cada uno.
Un refugio para parejas y amantes de la desconexión
Oblu Select Sangeli es un resort situado en la isla de Sangeli, en el extremo noroeste del atolón de Malé Norte, que combina intimidad con vida marina. Esta isla toma el norte de la especie de árboles que habita en su interior. En su superficie, el hotel conformado por dos pequeñas islas unidas entre sí por hileras de water villas, esas habitaciones que parecen flotar por el agua y que se convirtieron en el buque insignia del país. Dispone de 26 de estos alojamientos, que conforman una de las seis categorías en las que se distribuyen las 137 villas que alberga este lugar.
Aquí, todo oscila en torno al océano; incluso su selección de villas para lunas de miel también adquiere esta propiedad flotante. Son solo 6 las Honeymoon Select Ocean Villa, y en ellas reside el máximo estandarte de hospitalidad. Desde el momento del recibimiento, esta isla te hace sentirte bienvenido, porque se agradece, después de un viaje tan largo, llegar al ritmo de la percusión de los tambores, esperando al momento del check-in, disfrutando de una bebida fría.
El hotel es pequeño, pero perfecto para que cualquiera encuentre algo que hacer. Dispone de tres bares y el restaurante The Courtyard, con concepto all-day dining, donde el desayuno siempre es igual, pero cada día puedes encontrarte sorpresas en los menús de comida y cena. Culmina la oferta con dos restaurantes de especialidad: Just Grill and JustWok, donde los conceptos se desarrollan a partir de la parrilla y la comida cantonesa, respectivamente.
Quienes buscan relajarse, el spa Elena dispone de siete cabinas dobles e individuales que elaboran un menú de tratamientos con su cosmética propia elaborada en la India. Entre ellos, el especial para relajarte y lidiar con la incomodidad del jet lag. Para los más pequeños, el kidsclub ofrece un refugio infantil. Este servicio es gratuito para niños de 4 a 12 años y tiene la opción de servicio de babysitting 24 horas, disponible para niños a partir de 6 meses y con una tarifa aparte. Y entre los deportistas, está la posibilidad de disfrutar de deportes como tenis, críquet, vóley, el gimnasio y, como no, los deportes acuáticos.
En el resort se pueden hacer actividades como surf, snorkel y kayak, o bien descubrir el jardín de coral que ha plantado el hotel. Se trata de una iniciativa denominada Muraka (coral en la lengua local). La mejor forma para verlo es nadando desde la playa que se encuentra frente al restaurante principal y continuar el litoral de la isla, dejando su silueta a la derecha. Aunque también se puede ver la imagen en directo desde la pantalla de las habitaciones.
Un edén para soñadores
Del encanto boutique y reducido de Sangeli, una parada capaz de enamorar a los amantes de las actividades y las posibilidades es Raaya by Atmosphere. Si la serie de Verano azul hubiese tenido un lugar paradisíaco como escenario, sin duda habría sido este rincón. El paseo que circunvala la isla se encuentra plagado de bicicletas de uso común que van utilizando los huéspedes para llegar a los diferentes rincones. «Las bicicletas no se piden; si ves una suelta, la coges y te vas con ella donde quieras», nos explica Sean Soong, director de ventas y marketing del resort.
En este resort, el ritmo es diferente. Es más grande, más natural y guarda una clara singularidad. Se encuentra en el atolón Raa y dispone de 167 villas organizadas en 8 categorías diferentes. Una de ellas, la Rayaa Residence, es el sueño costero de cualquier persona: un refugio singular donde la arquitectura se presta a reducir la separación entre el interior y el exterior de la villa. Dos habitaciones, baños que parecen galería, techos que superan los 3 metros y una apertura a la playa privada, solo interrumpida por la infinity pool que posee. Lo dicho: un sueño.
Dispone también de water villas, pero en este lugar, desde las beach villas, todo se vive de una forma diferente: abres la puerta y las caracolas discurren al libre albedrío por cualquier rincón (cuidado al andar, no vayas a pisar unas cuantas), los pájaros ponen la banda sonora y algún que otro murciélago autóctono se te cruzará en el camino. No hacen nada, pero es diez veces más grande que los murciélagos que acostumbramos a ver, por eso cruzarte con uno impone más de la cuenta.
Luego, tú eliges qué decides hacer: disfrutar del spa Elena y sus exclusivos tratamientos, pintar barcos, bucear para ver mantas raya, acercarte al sport bar para jugar al futbolín, el billar, el minigolf o el pádel… También los deportes acuáticos tienen su cabida, sobre todo porque este atolón está rodeado por una rica biodiversidad marina. Una salida en snorkel puede llevarte a vislumbrar mantas raya, tortugas o algún tiburón, aunque estos puedes verlos día a día en la orilla de las playas del resort.
Uno de los pilares más potentes de este resort es la gastronomía: dispone de cinco restaurantes (cuatro de especialidad) y cuatro bares. Su buque insignia es Seb’s Garden, el restaurante situado en medio del huerto del resort. Toda la cocina que se sirve lleva un concepto plant-based y se elabora con productos obtenidos directamente de los cultivos que rodean el espacio. Además, este espacio permite disfrutar de máster classes de mixología y gastronomía.
¿Cómo llegar?
Maldivas no es un lugar excesivamente remoto para viajar desde nuestro país. Saliendo desde Madrid, la llegada te toma 11 horas en avión si viajas con la compañía Emirates. Siete horas son para llegar a Dubái y, desde ahí, hacer una escala para tomar el último vuelo hasta Malé, la capital de Maldivas. Es su isla principal y desde ahí se despliega un abanico de posibilidades para llegar a los diferentes hoteles.
Para los más cercanos, lo suyo es tomar una lancha rápida que te llevará en torno a una hora. Este es el procedimiento para llegar a Oblu Select Sangeli. Para nuestra segunda parada en Raaya by Atmosphere, «tendrías que estar en lancha casi cinco horas», nos confiesa el piloto de la lancha. Por eso, la forma de llegar es volviendo a puerto y tomando el hidroavión, que sustituye el largo camino por solo 45 minutos de vuelo.
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