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VIAJES

El lado más hedonista de República Dominicana se descubre entre las playas de Michès, Punta Cana y sus hoteles de lujo

  • Lucía Lera
  • Periodista especializada en viajes, belleza y estilo de vida. Al terminar la carrera entendí que quería convertir mi vocación en mi forma de vida, y desde entonces el periodismo se ha convertido en el lugar desde el que contar historias, descubrir lugares y conectar con personas. A lo largo de este camino he colaborado con distintas cabeceras, confirmando en cada artículo que elegí la profesión adecuada.

Etimológicamente, el hedonismo es una forma de vivir que establece el placer como fin y fundamento de la vida. Si bien esta corriente nació en la Antigua Grecia de la mano de grandes pensadores, no sería un desacierto afirmar que hoy reside en la experiencia de quien viaja a República Dominicana. Este territorio goza del don de estar bañado por el Caribe. Lejos de la superficialidad evidente de sus playas, que decodifican a la perfección la denominación de paraíso, las aguas de este mar otorgan un aura diferente a las regiones que baña. En el caso de República Dominicana, su identidad la configura la naturalidad de sus costas, la estampa detenida en el tiempo de sus calles y el lujo que da forma a sus hoteles, especialmente visible cuando vas a rincones como Michès o Punta Cana.

De igual manera, el hedonismo para los viajeros del siglo XXI exige movimiento, actividad, descubrir. Quien viaja hoy en día lo hace bajo una doble faceta de explorador y disfrutón, por eso que República Dominicana y su entorno son el lugar perfecto para dejarte llevar por la parte más activa. Para situar en el mapa este paraíso, República Dominicana es una de las islas del Caribe y comparte territorio con Haití. Su nombre era Quisqueya, que en lengua autóctona significa tierra montañosa, hasta que, tras la llegada de Cristóbal Colón en 1492, la isla pasó a denominarse La Española, dando comienzo a una etapa en la que este país se convirtió en el escenario de las grandes primacías de América. 

Vista del norte de República Dominicana. (Foto: Lucía Lera)

El primer asentamiento europeo permanente fue La Isabela, fundada por Colón en 1494 en honor a la reina Isabel la Católica, y poco a poco fueron emergiendo nuevos núcleos urbanos. De hecho, el último y más conocido data de nuestra historia reciente y es Punta Cana.

Club Med Punta Cana. (Foto: Lucía Lera)

Más allá de su enorme legado histórico, República Dominicana también destaca por su riqueza natural. La Montaña Redonda se alza sobre las estribaciones de la Cordillera Oriental, la menor de las tres grandes cordilleras que atraviesan la isla, mientras que Bahía de las Águilas, situada en el Parque Nacional Jaragua, presume de una de las playas más espectaculares y vírgenes de todo el Caribe.

Michès, la naturaleza en estado puro

Los habitantes de este pequeño pueblo de República Dominicana vivieron casi en completo desconocimiento para el turismo desde que se fundó en 1883 hasta finales del siglo XX. En el año de su fundación, este lugar se conocería como Jovero, hasta que en 1936, el gobierno le puso Michès, en honor al general Eugenio Miches. Ya en este momento, el pueblo habría comenzado a sucumbir al turismo, cuando los primeros viajeros quedaron prendidos por el encanto natural de este paisaje. 

Club Med Michès Playa Esmeralda. (Foto: Lucía Lera)

Erróneamente, a Michès se le conoce como una extensión del Bávaro Punta Cana, pero no lo es. Vamos en la costa este, dirección norte, casi entrando en la bahía de Samaná cuando la llegada al pueblo inunda la vegetación de color. Toda la gama cromática se despliega por las casas, sus murales y las calles. Michès, en su núcleo urbano, presume de la belleza del caos, donde confluyen motos sin límite de pasajeros, caballos y todo tipo de vehículos, entre carreteras techadas por cables y una decadencia armónica. Propia de una zona rural sin artificios.

Pueblo de Michès. (Foto: Lucía Lera)

Esta es una de las cualidades del pueblo que se abren paso en el Conuco Doña Ana. Es la propia doña Ana quien te abre las puertas de su vivienda y te guía alrededor de la finca para recorrer las viviendas tradicionales que denotan el estilo de vida de este lugar. Ahí plantan sus hierbas aromáticas, sus frutas y sus verduras, tuestan café, elaboran cacao y cuidan de un número incontable de animales que circula libre por la finca.

Tostado de café en el Conuco de Doña Ana. (Foto: Lucía Lera)

En el lado opuesto se despliega al cruzar las fronteras all-inclusive de Club Med Michès Playa Esmeralda. Llegar ahí te lleva a tomar unos 100 kilómetros por carretera desde el aeropuerto de Punta Cana hasta Costa Esmeralda. Un rincón conocido por sus playas salvajes, donde la línea entre la arena, el mar y la vegetación traza un dibujo intangible y desperfecto. La misma rudeza que emana de todo este territorio.

Club Med Michès Playa Esmeralda. (Foto: Lucía Lera)

Club Med fue el primer resort en abrir sus puertas en este lugar, y su estampa se mimetiza con el entorno, simulando una cabaña tradicional con techo de cana que configura el edificio principal al que llegan todas las visitas. De ahí a las habitaciones hay otra historia. Se dividen en dos categorías principales de habitaciones, distribuidas en cuatro villas o pueblos únicos, entre los que encontrar todo tipo de instalaciones deportivas, como pistas de tenis, trapecios desde los que practicar saltos propios del Cirque du Soleil, campo de fútbol, incluso tiro con arco.

Club Med Michès Playa Esmeralda. (Foto: Lucía Lera)

Por no hablar de las actividades acuáticas que pueden desempeñarse entre jornadas de vela o excursiones en kayak que te permiten disfrutar desde otra perspectiva del espectáculo natural que Michès tiene preparado. Merece la pena probar esta segunda, y salir caminando por la playa que se torna interminable para romper con la frontera del resort y descubrir unas playas y un color difícilmente comparable con el de cualquier otro rincón de la isla.

Punta Cana

Quien escucha hablar de República Dominicana, sabe de sobra lo que es Punta Cana. Nació a finales de los 60 como un proyecto inmobiliario y turístico, embriagado de naturaleza y diseño, que ha posicionado este rincón como uno de los puntos de mayor interés de la isla. Abarca aproximadamente 475.3 km², donde hay cerca de 60.000 habitaciones, y por si había dudas: efectivamente es el más grande de República Dominicana y el punto de mayor atracción de turistas.

Club Med Punta Cana. (Foto: Lucía Lera)

En experiencia, ofrece todo lo opuesto a Michès. Quienes visitan Punta Cana coinciden en que las experiencias que más compensan son Isla Saona, Hoyo Azul, una excursión en catamarán y conocer alguna playa pública como Macao, ya que permiten descubrir una cara del destino más allá del típico resort. Sin olvidar que en este rincón de la isla puedes hacer de todo: aquí hay excursiones, aventura y naturaleza, pero también ocio, lugares de shopping y sedes que albergan el nodo nocturno de la isla. 

Club Med Punta Cana. (Foto: Lucía Lera)

Aquí Club Med ha desplegado otro de sus conceptos all-inclusive, pero de una forma más personal a la tradición de este rincón de la isla. Las casas tradicionales se convierten en hospedaje para sus visitantes y la recepción principal se extiende como una imponente palapa, que fue reconstruida recientemente tras un incendio. Muchas de las actividades de su sede en Michès se ven reflejadas en este rincón, con el aliciente de que su mayor extensión permite que las actividades acuáticas se incrementen, con opciones como el acuayoga o, para los más pequeños (y no tan pequeños), el parque de agua con toboganes.

Algo a destacar de estos hoteles es que el concepto all inclusive no sólo hace referencia a las áreas gastronómicas, sino a las actividades deportivas que pueden desarrollarse en sus instalaciones, que incluyen kids club para cerciorarse de que todos los huéspedes, independientemente de la edad, disfrutan de la experiencia.