El chef Edu Torres desvela el arroz que prepararía para la Reina Letizia por su 54 cumpleaños: paella de chuletón trinchado y romero quemado
Edu Torres comparte con COOL sus secretos para conseguir un buen arroz
El chef desvela cuál es su favorito: el de carabinero
Además, confiesa qué receta prepararía si tuviera que cocinar para la Reina Letizia
Este martes, 15 de septiembre, la Reina Letizia cumple 54 años y, con motivo de esta fecha, COOL se ha preguntado qué le prepararía un experto en arroces si tuviera que cocinar para ella. Si al otro lado del teléfono estuviera la Casa Real con un encargo muy concreto —preparar un arroz para la Reina Letizia—, Edu Torres tendría bastante claro qué serviría en la mesa. Nada de una receta excesivamente sofisticada ni de una combinación imposible concebida únicamente para sorprender. Si el encuentro fuese en Madrid, apostaría por algo mucho más reconocible, contundente y ligado al producto: una paella seca de chuletón, con la carne trinchada sobre el arroz y un toque final de romero quemado. «Si fuese en Madrid le haría una paella de chuletón», cuenta Torres a COOL cuando le planteamos qué cocinaría para la Reina Letizia. Y no tarda en completar mentalmente el plato: «Una paella seca con un chuletón encima, puesto trinchado, con un poquito de romero». Ese romero tendría, además, un último golpe de fuego para liberar su aroma justo antes de llevar el arroz a la mesa. Una propuesta que probablemente se aleja de lo que uno imaginaría en un menú real, pero que resume perfectamente una manera de entender la cocina mediterránea en la que mandan el sabor, el producto y la técnica. Porque para Torres no hace falta disfrazar un buen arroz para convertirlo en un plato digno de una reina.
Hablar con Edu de arroces es entrar en un terreno que conoce especialmente bien. Molino Roca, la firma familiar fundada en 1903 y actualmente dirigida por la cuarta y quinta generación de la familia Torres, lleva más de un siglo trabajando alrededor de un ingrediente aparentemente sencillo, pero tremendamente complejo cuando se busca la excelencia: el grano de arroz. La compañía se ha convertido en uno de los productores de referencia para la alta gastronomía española y sus arroces han llegado a las cocinas de algunos de los nombres más reconocidos del panorama nacional, entre ellos Dabiz Muñoz, Martín Berasategui, Nacho Manzano, Marcos Granda, Francis Paniego, Dani García o Rodrigo de la Calle. Una lista que ayuda a comprender hasta qué punto la elección del grano deja de ser un detalle cuando hablamos de un gran arroz. Su capacidad para absorber un fondo, conservar la textura durante la cocción y llegar al punto exacto puede marcar la diferencia entre un plato simplemente correcto y uno de esos que permanecen en la memoria. El arroz, en definitiva, empieza mucho antes de echarlo a la paella, y en esa idea coinciden tanto Molino Roca como las cocinas que trabajan con sus variedades.
Edu Torres tampoco necesita demasiadas palabras para dejar claras sus preferencias cuando COOL le somete a un particular cuestionario arrocero. Entre «¿paella o arroz meloso?», responde inmediatamente: «Paella». Si la pregunta es cuál es el ingrediente que jamás puede faltar en un buen arroz, vuelve a tenerlo claro: el aceite de oliva. Dos respuestas sencillas que esconden bastante más de lo que parece, porque hacer un arroz memorable no consiste necesariamente en acumular ingredientes ni en buscar combinaciones extravagantes. El resultado depende del grano, por supuesto, pero también del aceite, del fondo, del tiempo, de la intensidad del fuego y de esa capacidad del cocinero para saber cuándo intervenir y cuándo dejar que el arroz haga su trabajo. También existen errores capaces de estropear el resultado y, para Torres, uno de los más habituales tiene que ver con el colorante, ese recurso utilizado muchas veces para conseguir rápidamente el tono amarillo que parte del público continúa asociando con una buena paella. Una costumbre que choca frontalmente con una cocina en la que el sabor y la calidad del producto deberían estar siempre por encima de la apariencia.
La conversación se vuelve todavía más personal cuando le proponemos escoger con quién compartiría uno de esos arroces. Si tuviera que sentarse a la mesa con Dabiz Muñoz o Martín Berasategui, Torres se decanta por el primero. «Con Dabiz Muñoz», responde sin demasiadas dudas. Pero cuando dejamos a un lado los grandes nombres de la gastronomía y le preguntamos por personajes conocidos para los que ha cocinado o con los que disfruta compartiendo mesa, aparece Antonio Carmona, amigo del chef y uno de esos compañeros con los que la gastronomía va mucho más allá del trabajo. También surge el nombre de David Guapo, otro apasionado del universo del arroz que, según cuenta Torres entre risas, vive esta afición con especial intensidad. Y es que alrededor de una paella se borran muchas etiquetas: cocineros, músicos, humoristas o miembros de la realeza terminan enfrentándose al mismo ritual, el de sentarse alrededor de un arroz recién hecho y compartirlo antes de que pierda su punto.
Si existe, además, un arroz que, a juicio de Edu Torres todo el mundo debería probar al menos una vez en la vida, ese es el arroz de carabinero. Tampoco aquí necesita demasiado tiempo para responder. La potencia del crustáceo, su marcado carácter marino y la capacidad del grano para absorber toda la profundidad de un buen fondo convierten esta combinación en una de las grandes expresiones del recetario arrocero. Y precisamente el carabinero es uno de los protagonistas de la propuesta de El Rincón de Vespok, el restaurante situado en Puerta de Hierro que refuerza su apuesta por la cocina mediterránea de producto y temporada trabajando con Molino Roca como aliado. A apenas 20 minutos del centro de Madrid y rodeado de vegetación, el espacio ha encontrado en el arroz una de las mejores maneras de explicar su personalidad gastronómica: elaboraciones reconocibles, fondos trabajados con paciencia, ingredientes seleccionados y una técnica precisa que busca potenciar el sabor sin recurrir a artificios innecesarios.
En la carta de El Rincón de Vespok encontramos actualmente tres interpretaciones diferentes de este producto. Por un lado está el arroz de campo de Javi, con pato y ajo tierno, una receta que recupera el lado más tradicional y reconocible de la cocina mediterránea, con sabores profundos y una marcada conexión con la tierra. Frente a él aparece el arroz seco de carabinero, donde la intensidad del mar y la potencia del crustáceo se concentran en un grano que debe absorber el fondo sin perder su textura. La trilogía se completa con el arroz negro de chipirón, una elaboración marcada por los sabores yodados, la profundidad del fondo y la búsqueda de ese punto preciso en el que el arroz conserva personalidad propia mientras recoge todo lo que sucede a su alrededor. Tres recetas muy distintas que comparten, sin embargo, una misma filosofía: un buen arroz comienza mucho antes de llegar al fuego. La selección de la materia prima es tan importante como el caldo que después deberá absorber y como los tiempos que determinarán el resultado final.
«Para nosotros, un buen arroz empieza mucho antes de llegar al fuego. Empieza en el grano, en el fondo, en el tiempo y en la confianza con quienes trabajan el producto desde el origen. Por eso Molino Roca encaja tan bien con nuestra forma de cocinar: porque compartimos esa manera de entender la calidad desde el respeto y el oficio», explican desde El Rincón de Vespok. Una declaración que resume también por qué la colaboración entre el restaurante y el productor tiene sentido más allá de incorporar un determinado arroz a la carta. Molino Roca trabaja el grano buscando regularidad, textura y capacidad de absorción, características especialmente importantes en una cocina en la que cada minuto cuenta. Detrás de una paella que llega aparentemente sencilla a la mesa existen muchas decisiones: desde la variedad de arroz hasta la proporción de fondo, el recipiente elegido, la intensidad del fuego o el reposo final. Y son precisamente esos pequeños detalles, invisibles para el comensal, los que terminan definiendo el plato.
En El Rincón de Vespok, esa atención por el arroz forma parte de una propuesta gastronómica más amplia. Su cocina recorre otros productos de temporada a través de guisos de cuchara, verduras, pescados y carnes, mientras que una amplia bodega permite encontrar referencias pensadas para acompañar los diferentes platos de la carta. La experiencia continúa después del último bocado con una propuesta de coctelería que invita a prolongar la sobremesa. Todo ello en un espacio ubicado en Puerta de Hierro cuya terraza y entorno vegetal permiten desconectar durante unas horas del ritmo de Madrid sin necesidad de alejarse realmente de la capital. Un refugio gastronómico muy próximo a la M-30 donde el producto y la temporada marcan una carta que encuentra en los arroces uno de sus argumentos más reconocibles.
Pero entre todos esos platos hay algo especial en el arroz. Quizá porque pocos alimentos reflejan de una manera tan evidente la mano de quien cocina: unos minutos de más, un fondo desequilibrado, una proporción incorrecta de líquido o una mala elección del grano pueden cambiarlo todo. Y, al contrario, cuando producto, técnica y tiempo se encuentran, un ingrediente tan cotidiano puede transformarse en uno de los grandes platos de una mesa. Por eso, cuando COOL le propone a Edu Torres un escenario tan improbable como irresistible —»Mañana te llama la Reina Letizia para que le prepares un arroz, ¿qué receta le harías?»—, su elección resulta especialmente reveladora. No intenta imaginar el plato más lujoso del mundo ni recurre a caviar, bogavantes o ingredientes tradicionalmente asociados con una mesa real. Se queda con Madrid, un buen chuletón, arroz seco y romero. Una paella con la carne trinchada por encima y ese último aroma de romero quemado que llegaría a la mesa unos segundos antes del primer bocado.
Quizá ahí esté la verdadera clave de todo. El arroz puede formar parte de las cartas de algunos de los mejores restaurantes del país y ser tratado como un producto de alta gastronomía, pero sigue conservando ese componente social, mediterráneo y casi ceremonial que lo convierte en una comida alrededor de la cual reunirse. Da igual que al otro lado de la mesa esté Dabiz Muñoz, Antonio Carmona, David Guapo o la propia Reina Letizia: para Edu Torres todo empieza en el mismo sitio, con un buen grano, un fondo trabajado, aceite de oliva, tiempo y fuego. Y si algún día llega realmente esa llamada de Zarzuela y la cita se celebra en Madrid, ya sabemos qué podría encontrarse Su Majestad sobre la mesa: una paella seca de chuletón, con la carne trinchada y coronada por el aroma del romero quemado. Porque, al menos en cuestión de arroces, comer como una reina puede tener mucho más que ver con respetar lo esencial que con complicar el plato.
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