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Isabel Preysler tiene su restaurante secreto en Puerta de Hierro: donde comen el Rey Juan Carlos y la élite madrileña

Isabel Presyler y el restaurante Vespok. (Foto: COOL/IA)
Isabel Presyler y el restaurante Vespok. (Foto: COOL/IA)
Marta Menéndez
  • Marta Menéndez
  • Jefa de Corazón y Crónica Social en COOL. Periodista especializada en celebrities, televisión, moda y realeza, llevo años siguiendo de cerca la actualidad social y los personajes que marcan la conversación pública. A lo largo de mi trayectoria he trabajado en medios como Cadena SER, El Independiente, Revista Capital y Diez Minutos, combinando información, análisis y contenido digital. Hoy cuento las historias que hay detrás de los grandes nombres de la crónica social, con especial atención a la actualidad del corazón, las casas reales y el universo televisivo.

Hay lugares que pasan desapercibidos para el gran público precisamente porque nunca han querido dejar de ser un secreto. El Rincón de Vespok es uno de ellos. Escondido entre las tranquilas calles de Puerta de Hierro, una de las urbanizaciones más exclusivas y discretas de Madrid, este restaurante lleva años conquistando a una clientela que busca algo más que una buena comida: privacidad, calma y una cocina donde el producto es el auténtico protagonista. Situado a apenas cinco minutos a pie de la residencia de Isabel Preysler, su privilegiada ubicación lo ha convertido en uno de los refugios gastronómicos de referencia para los vecinos de la zona. No es casualidad que entre quienes han cruzado sus puertas se encuentren la socialité, el Rey Juan Carlos I o el ministro Luis Planas, nombres que reflejan el perfil de un barrio acostumbrado a convivir con empresarios, deportistas y algunas de las mayores fortunas del país.

Con ese telón de fondo, COOL se desplazó hasta este rincón gastronómico para asistir a un exclusivo showcooking organizado junto a Molino Roca, una de las firmas arroceras más prestigiosas de España. Más allá de una simple demostración culinaria, la cita sirvió para descubrir por qué este restaurante se ha convertido en uno de los destinos imprescindibles para quienes buscan comer bien sin renunciar a la discreción que caracteriza al barrio.

Exterior de El Rincón de Vespok. (Foto: Cortesía)
Exterior de El Rincón de Vespok. (Foto: Cortesía)

Nada más cruzar la entrada se entiende el atractivo del lugar. A pesar de encontrarse a apenas veinte minutos del centro de Madrid y a escasos metros de la M-30, el ritmo cambia por completo. El sonido del tráfico desaparece, la vegetación envuelve la terraza y el ambiente invita a alargar el aperitivo mucho antes de sentarse a la mesa. No hay estridencias ni pretensiones. Todo transmite la sensación de estar en una finca alejada de la ciudad, una atmósfera que explica por qué tantos vecinos de Puerta de Hierro han convertido este restaurante en uno de sus refugios habituales.

El encuentro giró en torno a uno de los productos más emblemáticos de la gastronomía mediterránea: el arroz. Bajo la dirección del maestro arrocero Edu Torres, representante de Molino Roca, los asistentes pudieron descubrir que detrás de un gran plato hay mucho más que una receta. La explicación comenzó lejos de los fogones, hablando del origen del grano, de las variedades más adecuadas para cada elaboración y de la importancia que tiene la materia prima en el resultado final. «Un buen arroz empieza mucho antes de llegar al fuego», fue una de las ideas que marcó una demostración donde quedó claro que la paciencia, el fondo y la elección del producto son tan importantes como la técnica.

Edu Torres en El Rincón de Vespok. (Foto: Cortesía)
Edu Torres en El Rincón de Vespok. (Foto: Cortesía)

La colaboración entre El Rincón de Vespok y Molino Roca no es fruto de la casualidad. La histórica empresa valenciana, fundada en 1903 y referente para algunos de los mejores cocineros del país, comparte con el restaurante una misma filosofía: respeto absoluto por el producto, precisión en la cocina y búsqueda constante de la excelencia. No en vano, sus arroces también forman parte de las despensas de chefs como Dabiz Muñoz, Martín Berasategui, Dani García, Nacho Manzano, Francis Paniego o Rodrigo de la Calle, nombres que avalan una materia prima elegida por su capacidad para absorber los fondos sin perder textura ni personalidad.

Tras las explicaciones llegó el momento más esperado: la degustación. El primero en llegar a la mesa fue el arroz seco de carabinero, una elaboración que concentra toda la intensidad del mar gracias a un fondo trabajado durante horas y a un grano capaz de absorber cada matiz sin perder su textura. Profundo, elegante y con un sabor que perdura, fue una magnífica carta de presentación de la filosofía culinaria del restaurante. A continuación, llegó el arroz de campo de Javi, elaborado con pato y ajo tierno, una receta que reivindica la cocina mediterránea más tradicional con una combinación de sabores contundentes, un sofrito lleno de personalidad y un equilibrio que demuestra que, «cuando el producto y la técnica van de la mano, no hacen falta artificios para conquistar al comensal». Dos propuestas muy diferentes entre sí, pero unidas por un mismo denominador común: el respeto absoluto por la materia prima.

La paella de carabineros de Edu Torres. (Foto: Cortesía)
La paella de carabineros de Edu Torres. (Foto: Cortesía)

Sin embargo, limitar la experiencia gastronómica de El Rincón de Vespok a sus arroces sería quedarse corto. Su carta recorre la cocina de temporada con una selección de verduras, pescados y carnes que cambia en función del mercado. Platos como las verdinas con carabinero, las colmenillas con salsa de foie, la lubina a la sal, el rodaballo a la bilbaína o el lomo bajo de vaca Retinta conviven con una extensa bodega y una propuesta de coctelería pensada para prolongar una sobremesa que aquí parece no tener prisa.

Quizá esa sea la verdadera esencia de este restaurante. En una ciudad donde cada vez resulta más difícil desconectar, El Rincón de Vespok ofrece exactamente lo contrario: silencio, privacidad y una cocina que huye de las modas pasajeras para centrarse en el sabor. Un concepto que ha seducido tanto a los vecinos del barrio como a algunas de las personalidades más conocidas de nuestro país.

Exterior de El Rincón de Vespok. (Foto: Cortesía)
Exterior de El Rincón de Vespok. (Foto: Cortesía)

No es extraño, por tanto, que Isabel Preysler haya elegido este establecimiento para algunas de sus comidas más discretas, que el Rey Juan Carlos I se encuentre entre los rostros ilustres que han disfrutado de su propuesta gastronómica o que el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, también haya pasado por sus mesas. Personalidades de ámbitos muy diferentes, pero con un denominador común: encontrar en El Rincón de Vespok un refugio donde disfrutar de una excelente cocina lejos del foco mediático. En un entorno donde la privacidad es casi un lujo, la discreción forma parte del servicio tanto como la calidad del producto, convirtiendo este rincón de Puerta de Hierro en uno de los destinos gastronómicos más exclusivos y reservados de la capital.

Después de varias horas entre fogones, conversaciones y degustaciones, la sensación con la que uno abandona El Rincón de Vespok es que su éxito va mucho más allá de los nombres famosos que ocupan sus mesas. Su verdadero lujo reside en haber conseguido algo cada vez más difícil en Madrid: crear un espacio donde el tiempo parece detenerse, donde el protagonismo recae únicamente en la cocina y donde cada detalle está pensado para que el comensal quiera quedarse un poco más. Quizá ahí resida el secreto por el que, desde hace años, este rincón escondido de Puerta de Hierro se ha ganado un lugar privilegiado entre los restaurantes favoritos de la alta sociedad madrileña.